Make your own free website on Tripod.com

·        7 de Junio día de las Glorias de Arica

 

En el campamento transitorio del 3º de  Línea la noche había pasado sin novedad, a las 4:00 A.M. del día 7 de junio de 1880 el coronel Pedro Lagos ordenó al su ayudante capitán Belisario Campos incorporarse al regimiento 3º de Línea y acompañar a esa unidad en el ataque que debía iniciar esa madrugada.

El comandante Castro a las 4:30 A.M.; comienza los movimientos para organizar el ataque como el mayor sigilo posible, cuando los relojes marcaban  las 5:00 A.M. se pone en marcha el regimiento, la noche era oscura y la pampa por donde cruzaba el regimiento era cubierta por una suave camanchaca (neblina) que hacia más difícil la orientación de los batallones, el desplazamiento se hace en dos grandes bloque formados en guerrilla,  el más pequeño compuesto por 2 compañías avanzaba por el flanco más al norte del fuerte algo adelantado, la intención de este movimiento era atraer los fuegos hacia ese sector  mientras el grueso de regimiento atacaba más a la izquierda, el ataque por ese flanco lo efectuaron cuatro compañías al mando del segundo comandante,  sargento mayor José A. Gutiérrez, quedando algo mas rezagadas dos compañías como reserva protegida por un pequeño otero que da frente al fuerte;  la distancia entre compañías de ambos bloque se mantuvo aproximadamente en 50 metros, en constante avance.

Cuando el 3º de Línea remontaba las pequeñas lomas próximas a los primeros parapetos, más o menos, a unos 1.200 mts. comienza a despejar la suave neblina que mojaba los rostros de los infantes, la concentración de siluetas  desplazándose fue percibida por los centinelas del fuerte, los nerviosos custodios del “Ciudadela” dan la alarma y de inmediato los peruanos hicieron fuego de artillería sobre la masa móvil que algo lograban distinguir entre las últimas tinieblas de la noche, el resplandor de las explosiones puso a ojos vistas de los defensores que el ataque era masivo; el comandante Arias Aragüez ordena inmediatamente los movimientos de los dispositivos para la defensa del fuerte; el 3º de Línea sigue sin detener el avance, cuando faltaban unos 1.000 mts. Se siente el sonar del clarín dando la orden a los defensores de los parapetos hacer fuego de fusilería sobre los atacantes, un nutrido fuego cae sobre los infantes del 3º de Línea, estos no detienen su avance, siguen disciplinadamente las instrucciones de sus oficiales sin disparar. Los primeros disparos de artillería atrajeron la atención de los fuertes del norte y del Morro, que también hicieron fuego sobre los atacantes, los tiros de la artillería costera no fueron muy certeros por la escasa visibilidad que a esa hora había, además de las débiles luces de la madrugada había  algo de “camanchaca” típica del amanecer de invierno en la zona, esas condiciones ambientales hacían más difícil los disparos sin correr el riesgo de dañar a los propios defensores. Rápidamente los soldados del 3º de Línea bajo una lluvia de fuego graneado llegan en forma escalonada hasta los parapetos, comienzan a disparar en avance cuando se hizo una distancia conveniente, los primeros soldados tercerinos haciendo uso de sus corvos[1]  rompen los sacos de arena de la base de los parapetos, con esta acción derrumbaban con facilidad los sacos de mas  arriba que formaban los parapetos y con eso abrían  brechas que les permitían ingresar a los recintos del fuerte; una vez dentro de los patios de este se traba una cruenta lucha cuerpo a cuerpo, en la aproximación de los atacantes, los defensores del fuerte habían hecho estallar  unas minas, las que provocaron algunas bajas en las filas chilenas, acción  que enardeció a los infantes chilenos declarando a partir de ese momento un combate sin cuartel, juramentándose que esa mañana no habrían prisioneros.

Flanco Norte de los empotramientos de los cañones del Fuerte "Ciudadela"

Los primeros soldados chilenos en llegar a la cúspide del promontorio  fortificado fueron los soldados de la compañía del capitán  Tristán Chacón, este oficial había sido herido en la ascensión de la empinada ladera del cerro “Chuño” donde estaba emplazado el fuerte “Ciudadela”, a pesar de ello siguió a sus hombres en el empeño por conquistar el corazón del fuerte,  el subteniente José Miguel Poblete en medio de una granizada de balas  llega hasta el lugar donde flameaba la bandera peruana, hace el intento de arriarla cuando el comandante del fuerte coronel Justo Arias y Aragüez, lo derriba de un certero balazo en la cabeza, el capitán Chacón con algunos  oficiales que habían llegado al corazón del “Ciudadela”, entre ellos el teniente  Ramón Arriagada y el teniente Lorenzo 2º Yoffroy,  conmina a la rendición del veterano coronel y a algunos de sus ayudantes que le acompañaban entre ellos los mayores Zela y Tomás Chocano,  pero este se niega persistentemente a rendir su espada, uno de los soldados termina por derribarlo de un balazo cuando el coronel tacneño iba a dispara sobre el capitán Chacón, a los segundo de este incidente se escucha una horrenda explosión que hace volar por los aires una mezcla de piedras, fierros, fragmentos humanos, era la tan temida forma de hacer la guerra y que de tanto se hablaba en el campamento chileno antes de iniciar el asalto, la explosión fue provocada por el  niño soldado Alfredo Maldonado que ostentaba el grado de cabo, al hacer estallar las minas dispuestas, el niño héroe también inmolo su vida, la reacción de los chilenos fue tremenda al ver destrozado al valiente capitán y sus más cercanos soldados, en forma milagrosa salvaron los tenientes Yoffroy que resulto con algunas heridas y contusiones en la cabeza y parte del cuerpo y el teniente Arriagada que voló por los aires cayendo aturdido  entre un montón de cadáveres, donde fue encontrado más tarde semi desnudo a causa de la onda expansiva de la explosión, milagrosamente sólo estaba contuso, salvaron con algunas  heridas 4 soldados y  se dieron por desaparecidos a tres. Desde  ese momento la batalla se hace cruenta en todos los rincones del fuerte, el teniente José Ignacio López fue el oficial que  en definitiva  arrió la bandera peruana e izó la bandera chilena, seguido por los tenientes  Francisco Cotapos y Lorenzo Yoffroy, el capitán ayudante señor  Gregorio Silva se encargó de inutilizar provisionalmente   los cañones y desactivar las minas desconectándolas de las pilas eléctricas.

 

Tte. José Ignacio López

El  asalto al fuerte “Ciudadela” duró una hora aproximadamente, desde que sonó el primer disparo hasta que se apagaron los últimos fuegos, los peruanos perecieron prácticamente todos, salvaron prisioneros sólo un oficial y nueve soldados, por parte del regimiento 3º de Línea hubo 2 oficiales muertos y 51 muerto de tropa además de 6 desaparecidos. Una vez reorganizado el regimiento se ordenó al 1er batallón al mando del sargento mayo don Federico Castro continuar el ataque al Morro por el flanco de la ciudad para tomar por dos fuegos a los defensores de ese reducto.

                                      

                  Tte. Crl. Juan J. San Martín                                                              Sgto. Mayor Luis Solo Zaldívar 

A la misma hora de la madrugada del 7 de junio en que se ponía en marcha el 3º de Línea, el comandante Juan José San Martín dispone que el 1er batallón del 4º de Línea avanzase sobre el objetivo fijado para el asalto, este batallón iba al mando del teniente coronel  don Luis Solo de Zaldívar, eran las 4:00 A.M. cuando se dio comienzo a la marcha, el avance del regimiento se hace lento por la oscuridad de la noche y la neblina (Camanchaca) que cubría la pampa, el regimiento avanza lentamente en espera del  capitán ayudante don Enrique Munizaga, oficial enviado por el coronel Pedro Lagos con el fin de indicar el lugar preciso donde se iniciaría el ataque, este oficial tenía órdenes de acompañar a este regimiento durante todo el asalto, el capitán Munizaga se incorpora al regimiento a las 5:00 A.M., el 2º batallón comandado por el propio comandante San Martín siguió la marcha por la pampa salitrosa, separándose un poco mas a la izquierda  de la ruta seguida por el 1er batallón,  algo mas rezagado. Cuando aun faltaba unos 1.500 mts. para alcanzar los primeros parapetos del fuerte del “Este” vino la claridad del día, poco antes ya se habían 

Zanja de empotramiento de cañon Fuerte del "Este"

escuchado los disparo que comprometían la batalla en el fuerte “Ciudadela”,  los defensores del fuerte del “Este” comienzan a hacer un recio fuego de artillería y de fusilería sobre los atacantes, los infantes del 1er batallón del 4º de Línea apuran el paso por orden del comandante Solo de Zaldívar, no detienen su marcha a pesar de las explosiones de minas, de bombas de artillería y del fuego de fusil hecho por los soldados peruanos protegidos en los parapetos del fuerte, los infantes chilenos a distancia conveniente comienzan hacer fuego sobre la marcha, a pesar de la protección en parapetos de sacos de arena que tenían sus adversarios, cuando faltaba una cuadra para alcanzar las primeras defensas se ordena por toque de trompeta, calacuerda, sonido que electriza los espíritus de los atacantes, iniciando los soldados cuartinos el asalto al fuerte a la carrera, enfrentan una fuerte descarga de metralla sobre sus cabezas, más  nutrida que la que  habían soportado en la  larga caminata a pecho descubierto que habían hecho desde que fueron vistos al clarear la mañana,   el batallón cargaba con sus oficiales  a la cabeza, nadie quería ser menos que su compañero, el ataque fue tan recio y arrollador que el fuerte cayó en tan sólo diez minutos, los peruanos dejaron en el reducto unos 70 muertos, aquí cae muerto el coronel José Joaquín Inclán, el resto unos 300 individuos huyeron a refugiarse en los parapetos y trincheras que se habían construido en forma escalonada hasta el “Morro Gordo”. En tanto el 2º batallón que iba de protección del 1er batallón, al percatarse de la fuga de los defensores del “Este”, su comandante ordena cargar sobre ellos, al ejecutar este movimiento alguien grita “¡Al Morro muchachos!”, grito de guerra que se repitió a viva voz  por todos los protagonistas de la gloriosa acción, el empuje se  hizo incontenible, ante el ímpetu de San Martín y su gente el 1er batallón lo sigue; unido ambos batallones no se detendrían hasta conquistar la plaza de los fuertes del Morro, no hubo tiempo de esperar al 3º de Línea o al “Buín” tal como había sido planificado por el coronel Lagos, los soldados del 4º de Línea avanzaban desalojando de cada trinchera, de cada reducto, de cada parapeto,  a los soldados peruanos que se batían heroicamente en retirada en este sector del Morro cae herido el comandante peruano Marcelino Várela.

 

En las defensas del “Morro Gordo” se hizo alguna resistencia algo más recia por parte de las tropas peruanas, en ese lugar muere el jefe del batallón “Cazadores de Piérola” teniente coronel Francisco Cornejo y el capitán Adolfo King. Al iniciarse la batalla el capitán Moore había ordenado que concurriera la primera compañía  de las baterías del Morro al mando del  capitán de fragata don Cleto Martínez a proteger ese frente, este jefe también muere en ese lugar, el que se encontraba totalmente desguarnecido al comienzo de las acciones, el resto de la gente de esa unidad táctica a cargo de los fuertes del Morro fue distribuida en las tres piezas de artillería que permitía hacer fuegos a retaguardia, es decir por el área que era amagada, el resto de la gente se distribuyó en las trincheras del sector que va desde la explanada al Morro Gordo, en las baterías que daban a la bahía sólo se dejó un cabo de  cañón por pieza  por estimar los mandos del reducto que la escuadra chilena estaba fuera de tiro de cañón lo que hacia en esos momentos inoficioso ocupar gente en esas posiciones. Al aclara después de sentir las primeras explosiones en los fuertes del “Este”, las baterías del Morro rompieron fuego contra los atacantes que se abalanzaban sobre esos reductos utilizando bombas sobre las tropas que se percibían más lejanas, cuando los chilenos ya desalojaban  a los peruanos de las trincheras de “Morro Gordo” se hizo fuego de ametralladora desde las trincheras del Morro.

En el frente norte, al sentirse  las detonaciones de los fuertes del Este y los disparos de fusil, sus defensores se dispusieron para enfrentar un ataque por ese flanco, sin embargo  llegó a “mata caballo” un ayudante del coronel Bolognesi  con la orden para el coronel Ugarte de concurrir con toda la 8ª División al Morro con el fin de cortar el avance de los chilenos,  comienza una frenética marcha  de los batallones “Tarapacá” e “Iquique” por los arenales de la pampa que separaba esos reductos de la ciudad, las tropas de Ugarte  cruzan el pueblo por la calle “de la Matriz” y “del Colegio” en busca del ascenso al Morro. El coronel Bolognesi había caído engañado por la estrategia del coronel Lagos, el jefe peruano comete el error táctico de desguarnecer el frente norte en los momentos que el regimiento “Lautaro” avanzaba al asalto de esas defensas, los tiempos calculado por el Estado Mayor chileno se cumplían con gran precisión siendo un factor importante dentro de la estrategia diseñada,  Bolognesi dejó confiada esa ala  norte  sólo al sistema de minas y a lo que pudiese hacer la artillería de los  fuertes del sector y la del “Manco Cápac”, al momento de iniciarse las acciones Bolognesi se da cuenta del error de haber creído que el ataque principal vendría por el norte, pero eso mismo lo llevó a cometer segundo el error de apreciación al confiar en demasía en el sistema de minas instalado, creyendo que con ello detendría el  asalto de las tropas chilenas por ese sector,  desalojando totalmente  de fuerzas de infantería el sector norte, quizás no vio desde su Cuartel general el avance en guerrilla del “Lautaro” que a esa hora ya estaba a unos 600 metros de su objetivo.

Batalla del Morro de Arica

Cuando la 8ª División peruana comenzaba a remontar los faldeos del Morro, el 4º de Línea  ya dominaba absolutamente el “Morro  Gordo” y comenzaba a estrechar a los defensores en las últimas trincheras que defendían las baterías, el coronel Zavala y el teniente coronel Ricardo O’Donovan logran  llegar a la cima con medio batallón del “Tarapacá”, estos dos jefes caen muerto en la defensa de esas trincheras, el teniente coronel Roque Sáenz Peña logra también llegar a la cima con medio batallón del “Iquique”, incorporándose estas fuerzas de inmediato a la lucha; estas tropas subieron por el angosto e inclinado sendero de acceso de la ladera norte del Morro; el resto de las tropas de la 8ª División no lograron su objetivo por el cansancio que les produjo la travesía que tuvieron que hacer desde sus posiciones originales en la línea defensiva del norte hasta el escarpado promontorio tutelar de Arica, los infantes del 4º de Línea hicieron un nutrido fuego sobre las tropas peruanas que pretendía alcanzar la cima, en este trance resultó herido el comandante Roque Sáenz Peña, la lucha en los últimos reductos peruanos se hace cruenta, el avance chileno es encabezado por el comandante Juan José San Martín. En una hondonada que  se produce entre el Morro Gordo y  la explanada de la cima del Morro, cuando faltaba unas tres a cuatro   cuadras para que el heroico comandante alcanzara la plazoleta del fuerte cae herido de muerte, el comandante San Martín había sido alcanzado por 

     Crol. Roque Sáenz Peña

una bala que le destrozó el bajó vientre, este hecho más la explosión de varias minas en el  recorrido del regimiento y la explosión que en ese momento se produce en el fuerte “San José” y  “Santa Rosa”, que hizo pensar a los atacantes del Morro que el regimiento Lautaro había sido volado por los aires, enervó el ánimo de  los soldados chilenos dando un ataque final sin cuartel en contra de sus enemigos.

Lugar donde cae herido de muerte el Cmdte. Juan josé San Martín (al fondo se aprecia el Cristo de la Paz)

El coronel Francisco Bolognesi, su Estado Mayor, y la mayoría de los jefes peruanos que aun estaban vivos lograron llegar a la plazoleta del Morro, entre los que se contaban los coroneles Manuel Carmen La Torre y Alfonso Ugarte, el teniente coronel Roque Sáenz Peña, el capitán de navío Juan Guillermo Moore, el capitán de fragata Manuel Ignacio Espinosa, el grupo de jefes se había concentrado en el recinto de la comandancia del fuerte,   al ver el Coronel Jefe de la Plaza  la inutilidad de la resistencia de los últimos defensores que se cobijaban entre las  mismas baterías, en  pequeñas zanjas y que en número comenzaban a ser sobre pasados con crece por las tropas chilenas que invadían el recinto,  ordena el alto al fuego, orden que no fue escuchada por el ruido de las detonaciones y de los tiros de fusil y metralla, el coronel Ugarte toma la decisión de ir personalmente a impartir la orden de Bolognesi, cumpliendo este cometido el jefe de la 8ª División es alcanzado por una bala que lo mata en el acto en medio de la plazoleta del fuerte, paralelo a estos acontecimiento el comandante Moore ordenó al capitán Daniel Nieto reventar los cañones del fuerte, acción que no pudo cumplir por que ya no había personal para efectuar dicha faena, el 

Lugar de la Explanada del Morro donde Caen muerto Bolognesi y Moore

oficial peruano logran sólo hacer reventar personalmente un cañón “Vavaseur”, el capitán Nieto era protegido en su labor  por  un piquete de soldados comandados por el sargento mayor Armando Blondel, ante la presencia de las tropas chilenas estos se repliegan al sector del  asta de la bandera lugar en que muere  Blondel.  Un grupo de soldados chilenos llegaba disparando al recinto donde se encontraban los altos jefes peruanos; al sentir la explosión ocasionada por el capitán Nieto y la explosión de una santabárbara de una de las piezas de artillería, los soldados chilenos disparan sobre los jefes peruanos que ya estaban en actitud de rendición ante los oficiales chilenos capitán José Miguel de la Barrera y subteniente  Carlos Aldunate Bascuñan, segundos antes del dramático momento el subteniente  Aldunate había recibido de manos del Coronel Jefe de la Plaza su espada, “Tizona” que con tanta dignidad había  levantado en defensa del honor de su patria el glorioso coronel Bolognesi, en este incidente muere el coronel Francisco Bolognesi y el capitán  de navío Juan G. Moore, salvándose los demás oficiales por la enérgica presencia de los capitanes del 4º de Línea Ricardo Silva Arraigada, José Miguel De la Barrera y subteniente  Carlos Aldunate Bascuñan, el capitán De la Barrera con la cooperación del sargento 2°, don Vicente 2° Briones de la 2ª compañía del 2° batallón, arrían la bandera peruana e izan una banderola del 4º de Línea que el sargento llevaba colocada en su fusil.  Desde ese momento comienzan a apagarse los disparos hasta producirse en breves minutos un silencio extraño que se hace sentir en todos los rincones de la explanada de la cima del Morro sólo haciendo presencia el hedor a la amalgama de sangre y pólvora vertida por los héroes de ambas naciones en el suelo salitroso del glorioso peñón, invadiendo la atmósfera el humo y polvo de las explosiones y que cubría el cuerpo y el alma de esos valiente como si fuese el mato de Marte queriendo llevarse a tan egregios soldados al Olimpo. La sangre vertida, el polvo de la tierra salitrosa y del sudor heroico de los soldados, era un hálito ya conocido por los veteranos del 4° de Línea que lo habían vivido en los campos de batalla de Calama, Pisagua, San Francisco (Dolores), Moquegua y Tacna; pasado ese momento que para los protagonista fue una como una suspensión del tiempo, los oficiales chilenos con revólver  en mano obligan a los oficiales peruanos hechos prisioneros  a señalar los sitios donde se encontraban las minas que estaban destinadas a hacer volar todo el reducto y el lugar donde estaban las baterías eléctricas que daban energía a los detonadores,  acto que dio su frutos logrando los soldados chilenos desactivar las minas, había transcurrido 55 minutos desde que el 4º de Línea iniciara el asalto al fuerte del “Este”.

 

Izamiento de la Bandera nacional de Chile el 7 de junio de 1880.

El comandante Juan José San Martín que se había visto impedido de avanzar junto a sus hombres para alcanzar la explanada a acusa de la herida recibida, es trasladado en una  camilla de campaña al sector del edificio de la comandancia  de las baterías del Morro, esta dependencia estaba situada al costado Este  del  lugar donde estaba el asta de la bandera, el capitán Silva Arriagada es el encargado de izar el pabellón  nacional de Chile, en una breve ceremonia cargada de gloria, llena de emoción patriótica y llena de dramatismo, momento captado fotográficamente por los señores Díaz y Spencer, en esos instantes al comandante San Martín se le escapaba la vida a pesar de las diligentes  atenciones del cirujano 2º del regimiento don  Juan A. Llausas y del   practicante de la misma unidad don Moisés Zúñiga Bermúdez,    rodeado de sus soldados fallece tres horas mas tarde. Al concluir el izamiento del pabellón nacional el comandante San Martín ordena al capitán ayudante Loredano Fuenzalida concurrir  donde el coronel Lagos y trasmitir el siguiente mensaje oral: “Comunique a mi coronel Lagos que el regimiento cumplió con su deber, ha tomado al asalto todos los objetivos encomendado por US.; la bandera de Chile ya flamea en el fuerte del “Este” y en la cima del Morro, los infantes del 4º de Línea son dignos hijos de Chile...”. En el cuartel del Morro se encontró el  estandarte del Batallón “Iquique” Nº1,  el que fue remitido días después a al municipalidad de Chillán como digno homenaje al comandante Juan José San Martín, él había nacido en ese lugar, además por el honor a que la mayor parte del contingente del 4º de Línea procedía de la misma zona.

 

Don, Moisés Zúñiga Bermúdez

En el frente norte las acciones se desarrollaban esa madrugada del 7 de junio tal cual habían sido planificada por el Alto Mando chileno, el “Lautaro” avanzaba desplegado en guerrilla, el regimiento acomete en cuatro escalones de dos compañías cada uno, separado cada escalón por unos 50 metros uno de otro; cuando ya se aproximaba a unos trescientos metro del objetivo se sintieron las primeras detonaciones de los fuertes del Este, y los primeros fogonazos de  fusil que en la oscuridad de la madrugada semejaban un enjambre de luciérnagas,  el resplandor de las explosiones hacía ver a los atacantes en silueta lo imponente de los fuertes que debían atacar al asalto, el comandante Roble ordena apurar la marcha, como también lo hace el Estado Mayor de la 4ª División al mando del mayor Dublé Almeyda, la orden era “que se acelere la marcha lo más posible, pero sin perder la formación, procurando no ser  vistos, estar alerta para el asalto”, comenzaba a clarear y a lo lejos se veía que la batalla tenía pleno  desarrollo en todo el sector del Morro, se ordenó apurar más  la marcha, el fervor de los soldados  llevo a iniciar un avance al trote, cuando el  primer escalón se encontraba a unos 50 mts. de su objetivo se produjo una gran detonación, que a los atacantes les hizo parecer el disparo de “mil cañones al unísono”, seguido casi al instante  de un segundo de similar magnitud, la tierra se estremeció bajo los pies de los   soldados como si se tratase de un gran terremoto,  el sonido fue tan fuerte que dejo sordos y algo aturdidos por un buen momento tiempo a todos los atacantes alcanzados por la onda expansiva, tumbando al suelo a prácticamente todo el regimiento, los caballos de la oficialidad escaparon despavoridos al caer sus  jinetes a tierra, pareció que nacían dos grandes cerros enfrente de los  soldados del “Lautaro”, era el gran desplazamiento de tierra que provocaban las explosiones. Repuesto  y reorganizadas las filas sigue el “Lautaro”, no encontrando ninguna resistencia por parte de soldados peruanos, los pocos defensores que habían quedado  en los fuertes escapaban en distintas direcciones, al desplazarse la 8ª División peruana al frente del Morro en los primeros momentos de la batalla sólo habían dejado en los fuertes del norte a los servidores de los cañones y a los encargados de hacer estallar las minas, una vez que los  fuertes fuesen ocupado por los chilenos, el temor y los nervios, el atolondramiento de los encargados de provocar las explosiones salvaron a los soldados del “Lautaro” de una muerte segura,  se destino a medio regimiento para capturar a los fugitivos y a ocupar los resto que quedaban de los fuertes “San José” y “Santa Rosa”,  los cráteres de la  explosión eran tan grande que la otra parte del regimiento que seguía avanzando para ocupar la ciudad tuvo que rodearlos para seguir avanzando, con indignación veían los soldados los estragos provocado por las detonaciones, veían como los rieles de fierro se habían retorcido como si hubiesen sido de viruta de madera, unos cañones de grueso calibre habían sido destrozados  como si hubiesen sido de masa de cartón,  grandes piedras habían sido partidas en mil  pedazos, los soldados pensaban  que habría ocurrido si la detonación de las minas se hubiese atrasado tan sólo unos minutos después, todos habrían estados muertos, el fuerte 2 de Mayo no alcanzó ha ser destruido, en la labor de captura de prisioneros y desactivar las minas coopero activamente el Estado Mayor de la 4ª División, el resto del regimiento toma dirección a la ciudad, el avance se hacía  con mucha precaución, para evitar ser sorprendidos por nuevas minas, en ese momento el “Manco Cápac”,  comienza ha hacer fuegos en contra de los soldados del “Lautaro”, sin causar mayor estrago en las filas ni impedir su avance a la ciudad, cuando cruzaban el arenal próximo al cementerio vieron que se izaba la bandera chilena en el Morro y que con eso se daba por concluida la batalla. La labor del “Lautaro”  se concentró en dominar el sector norte del pueblo capturando a los fugitivos, el  regimiento había tenido sólo seis heridos en toda la acción.

Fuerte "San Jose" después de la batalla del 7 de junio de 1880

El 1er batallón del 3º de Línea al mando del sargento mayor don Federico Castro, que había recibido la orden de continuar el ataque al Morro por el flanco de la ciudad con el fin de  tomar por dos fuegos a los defensores de ese reducto, entraba a la ciudad  a paso redoblado desde el cerro “La Cruz” por la calle “28 de Julio”, al enfrentaban las primeras casas se escucha la fuerte detonación del fuerte “San José”, en ese mismo momento los del 3º de Línea comenzaban a capturar a los primeros desertores de los restos de los medios batallones de la 8ª División de Ugarte, eran los sobrevivientes que no habían logrado subir hasta la cima del Morro, los infantes del 3º de Línea siguen su avance hacia la plaza de armas de la ciudad capturando a los fugitivos, al llegar el primer pelotón de soldados chilenos a la plaza se encuentran con un grupo de unos 60 soldados peruanos que buscaban refugio en el interior del templo de San Marcos, no logrando su objetivo  de refugio por encontrarse cerradas las puertas, los chilenos captura a este grupo en las gradas de la Iglesia, en esos momentos llega a oído de los atacantes que el  regimiento “Lautaro” había sido volado por  los aires con las minas instaladas en el fuerte “San José”, habiendo sido esas las fuertes explosiones que se habían sentido cuando el batallón ingresaban a la ciudad; causó tal indignación en los soldados del 3º de Línea  que en un modo de lavar la afrenta, fusilan a los peruanos en el acto, en las mismas gradas de la iglesia.

Iglesia "San Marcos de Arica",  foto tomada a los días siguiente de la Batalla

Cuando ocurrían esos hechos en la plaza de armas de Arica, en la cima del Morro concluía el izamiento del pabellón nacional de Chile, se toca retreta, pasadas las listas y dada cuenta por los capitanes se pudo establecer que el regimiento 4º de Línea había dejado en las arenas salitrosas del Morro de Arica en su gloriosa marcha por la conquista del pétreo peñón, a 63 soldados de tropa muertos,  11 oficiales heridos, el teniente coronel don Juan José San Martín falleció a las  once horas de esa mañana del 7 de junio de 1880, y  habían resultado 190 soldados de tropa heridos.

Los destacamentos chilenos recorren el campo recogiendo a los heridos, concluida  esta labor, se toma la determinación de arrojar al mar los cuerpos de aproximadamente unos 300 muertos peruanos que por el excesivo número hacía imposible  cavar sus tumbas en el rocoso suelo del Morro, los muertos chilenos fueron sepultados en una fosa común en los arenales de los faldeos del Morro, los restos de los jefes peruanos  fueron trasladados a una sepultura transitoria en la iglesia de San Marcos.[2] El caso del  coronel Alfonso Ugarte, es muy particular,  como su muerte ocurrió en la explanada, su cuerpo no   fue identificado de inmediato siendo arrojado por el acantilado al mar junto con los otros soldados peruanos caídos en la cima. Según el capitán del 4º de Línea Ricardo Silva Arraigada inmediatamente terminada las acciones pudo ver los cadáveres de Bolognesi, Moore y Ugarte, con relación al  cadáver de Alfonso Ugarte, el capitán Silva Arraigada, dice, que el cadáver del coronel peruano se encontraba en una casucha ubicada cerca del mástil, al lado del mar (oficinas de la comandancia del fuerte del Morro), mirando hacia el pueblo; en ese lugar las “rabonas” del Morro cocinaban el rancho; esas pobres mujeres tenían oculto el cadáver de Alfonso Ugarte; era un hombre chico, moreno, el rostro picado de viruelas, los dientes muy orificados, de bigote negro. Aquellas mujeres tenían profundo cariño por Ugarte, y para guardar su cadáver, lo habían vestido con un uniforme quitado a un muerto chileno (los oficiales peruanos usaban uniformes similares a los chilenos de guerrera azul y pantalón rojo). Continua el capitán Silva, pude saber que era el coronel Ugarte, porque el doctor boliviano Juan Kid cuando lo vio exclamó: ¡Pobre Coronel Ugarte; no hace mucho lo he visto vivo!. Mas tarde se dio la orden de arrojar al mar todos los cadáveres; sin duda que botaron también el de Alfonso Ugarte.

Como en el recuento no se pudo encontrar el cadáver del malogrado coronel, su  familia ofreció mil pesos de recompensa  al que encontrase el cadáver, se presentaron 12 cuerpos que tenían alguna semejanza con el coronel, hasta que el día 14 de junio se le encuentra en los roqueríos de  los píes del Morro los restos del malogrado coronel, son sepultados en el panteón  de Arica al día siguiente, la partida funeraria reza así: 

 

Crol. Alfonso Ugarte Vernal

“Año del señor de mil ochocientos ochenta. En quince de junio. Yo el cura y Vicario de esta ciudad de San Marcos de Arica, Sepulte de Exus Alta en el panteón esta ciudad el cuerpo mayor del  coronel Alfonso Ugarte, que fue encontrado al píe del Morro, y desde allí se deposito en su respectivo nicho, hijo legitimo de don Narciso Ugarte y de doña Rosa Vernal; y para que conste lo firmé.-

 

                                                                                                                                  Pbto. Diego Chávez

 

Muerto el comandante San Martín en el cuartel del fuerte del Morro su cuerpo fue sepultado en la fosa cavada en los faldeos del Morro, según el corresponsal del periódico chileno “El Ferrocarril”, dos días después, es decir el 9 de junio, se enterraban los restos del malogrado comandante del 4º de Línea, envuelto en una bandera chilena, en el Panteón de la ciudad. Todo el regimiento con su estandarte y banda de músicos a la cabeza seguía el cortejo tras la urna.  Lo cierto es que la tumba del héroe de Arica se perdió en el tiempo, borrada por el polvo del olvido, solo cubierta por la tierra que él hizo chilena, sin más señas que el  sol calcinante que quema sus arenas, su cuerpo se fundió eternamente en las arenas que gracias a su esfuerzo y  valentía y al de sus compañeros hicieron de “San Marcos de Arica” chileno.

El coronel Pedro Lagos desde su posición en la retaguardia observaba el desarrollo de las acciones del asalto; junto a él y su Estado Mayor y cuerpo de ayudantes que con la precisión de  verdadera piezas de reloj iban y venían desde el puesto de mando al frente de batalla, llevando las ordenes del lúcido jefe de la operación, ahí mismo estaba la reserva integrada por el “Buín” y el regimiento de “Cazadores a Caballo” alerta para actuar según las circunstancias lo requirieran, estas fuerzas recibieron algunos disparos de artillería hechos desde los fuertes, estos proyectiles sólo causaron cuatro heridos, uno de ellos fue el cabo José Vicente Caris del “Cazadores” y del “Buín” resultaron heridos un subteniente, un sargento 2º y un soldado. Cuando  aun no se apagaban los fuegos del Morro, el coronel Lagos ordenó al subteniente Ricardo  Walker, que concurriera hasta el hospital “San Juan de Dios”  con el fin de descubrir y desconectar las baterías eléctricas y el sistema eléctrico destinado a hacer detonar las minas de la ciudad y de los fuertes desde ese recinto que era amparado por la Cruz Roja. Al llegar al hospital el piquete del subteniente Walker es recibido por el fuego de fusil y pistola que  le hacen un grupo de individuos vestidos de civil desde unas tapias que separaban el recinto principal del lazareto,  en esos momentos llega una patrulla del 3º de Línea que se une a la patrulla enviada por el coronel Lagos, la patrulla del 3º de Línea era encabezada por el capitán  Leandro  Frédes, el oficial ordena al cabo 1º  Emiliano Palma concurrir con tres soldados al

 

Edificio del "Lazareto" donde estaba el centro de contro electrico de las minas

 recinto del lazareto y desactivar todo el sistema, misión que cumple el cabo Palma sacando las piezas vitales del sistema, los individuos que habían disparado sobre los chilenos huyeron dejando en los jardines interiores del establecimiento hospitalario sus uniformes, encontrándose entre ellos el de un oficial, estos individuos no fueron apresados por ser la primera preocupación de las patrullas chilenas la desactivación del sistema de minas.

El comandante del “Manco Cápac”  al ver el izamiento de la bandera Chilena en la cima del Morro y percibir la perdida de los fuertes del norte, sale de su fondeadero separando la cadena de botes torpedos que le protegía enfilando en dirección a la flota chilena a media marcha se detiene, los tripulantes  abandonan el buque, previamente habían abierto las válvulas y provocan la explosión de la santabárbara, con lo que la nave se hunde en breves minutos, la tripulación buscó asilo en los buques de naciones neutrales no consiguiéndolo, fueron recogido y hechos prisioneros por los buques chilenos, en tanto ocurría esto la lancha torpedera “Alianza”, logra romper el bloqueo escapando al norte, siendo perseguida por el “Cochrane” y el “Loa”, a la cuadra del Cabo  Picata los tripulantes de esta embarcación deciden vararla, y escapar por tierra, objetivo que logran a medias, la lancha fue destruida pero la tripulación logro ser arrestada horas más tarde por la tripulación del “Loa”, el destacamento de la 1ª División de Torpedista fue hecho prisionero en su base sin ninguna resistencia, esta división no tomó parte en las acciones del 7 de junio.

La caballería que había permanecido en la reserva se encargó de capturar los fugitivos que intentaban escapar al interior cordillerano de Arica a través de los valles de Azapa y de Lluta, misión que cumplieron a cabalidad.

El  coronel Pedro Lagos ingresó a al ciudad haciendo el mismo recorrido efectuado por el 3º de Línea hasta el cerro “La Cruz”, con la diferencias que en vez de entrar por “28 de Julio”,  entró por calle “San   Marcos” en dirección a la plaza de armas, El coronel Lagos iba escoltado por su Estado Mayor y por el regimiento “Buín”. Cuando ingresaba a la ciudad aun se escuchaban los disparos que provenían de los distintos puntos de la población, eran disparos que hacían los soldados chilenos capturando a los soldados fugitivos de las vencidas fuerzas peruanas y que se refugiaban en las vacías casas de la ciudad. El coronel  Lagos toma posesión de la casa de la Subprefectura y del edificio de la  Aduana donde establece el Cuartel General.

 Comenzaba el encuentro  de los soldados de los distintos regimientos  chilenos que habían participado en la acción, los que convergían en la plaza  y en las calles aledañas, el encuentro de los soldados de los distintos cuerpos fue motivo de jolgorio y  de grandes muestra de afecto y compañerismo, los primeros  en llegar al sector habían sido los del 1er batallón del 3º de Línea, luego lo hicieron los de la compañía  del 4º de Línea que encabezaba  el capitán Avelino Villagrán, este pelotón se  había desprendido  de la cima del Morro en persecución de los soldados peruanos que escapaban por la empinada ladera norte del peñón, siendo estrechados por ambas fuerzas, las muestras de mayor alegría fue cuando llegaban los soldados del “Lautaro”, pues sus compañeros les suponían muertos por las explosiones de los fuertes “San José” y “Santa Rosa”.

La primera labor del Cuartel General fue la de tomar conocimiento de toda la documentación dejada por los peruanos en los distintos   cuarteles de la plaza fuerte, en la documentación encontrada en el edificio de la Aduana, allí funcionaba la oficina del Detalle de la Guarnición (Estado Mayor General), se descubrió el mapa con la ubicación de las 84 minas distribuidas en la ciudad, lo que permitió comenzar de inmediato la tarea de desactivación,  el  resto de ese día 7 se ocupó en hacer un verdadero inventario de la ciudad,  se encontró gran cantidad de víveres en varios almacenes, lo que venía confirmar la capacidad de la plaza de soportar un largo sitio, también se encontró una gran cantidad de munición de la artillería pesada, munición de fusil en grandes  cantidades, un considerable número de fusiles de distintos sistemas y cantidad,  gran cantidad de dinamita, y elementos para la instalación de las minas eléctricas, se pudo establecer que el total de cañones distribuidos en los distintos fuerte ascendía a al cantidad de 23 piezas, de las cuales 5 alcanzaron a ser inutilizadas por sus servidores antes de rendirse.

Los prisioneros de tropa fueron confinados en el cuartel de la Recova y en el cuartel de Celadores ubicado en la calle “de la Matriz”, los jefes y oficiales prisioneros de mas alto rango fueron detenidos en los recintos de la Aduana; días más tarde serían trasladados al transporte “Limarí” que los conduciría a Valparaíso, desde donde serían enviados a las ciudades del interior de Chile a cumplir  prisión; los de menor grados fueron confinados en algunas casas de la ciudad, hay que recordar que la ciudad prácticamente había sido abandonada por el elemento civil. Los heridos de ambas nacionalidades fueron trasladados al hospital “San Juan de Dios” y a las 4 ambulancias que habían armado en carpas de campaña los peruanos en las pampas aledañas al nosocomio, también se estableció un  hospital de sangre en el recinto del colegio, en la atención de los heridos además de los cirujanos y practicantes de los regimientos chilenos, colaboraron los cirujanos de los buques neutrales que estaban surtos en la bahía, como también los de la escuadra chilena, es digno destacar la labor desarrollada por el doctor don  Juan Kid. El doctor  Kid  era un medico  de nacionalidad boliviana que había sido  hecho prisionero por tropas del 3º de Línea, este medico prestó tan diligentes  servicios al regimiento como a heridos de otros regimientos sin importar nacionalidad que dejo recuerdo y amistad imperecederos en los rudos soldados tercerinos como reconocimiento a su bondadoso  carácter.

El general Manuel Baquedano González, toma posesión  de la Plaza  al las 10 A.M. aproximadamente, en el edificio de las oficinas de la Aduana donde se había establecido el Cuartel General, hizo entrega en breve pero emotiva ceremonia el coronel Lagos. El General en Jefe había entrado a la ciudad por el Camino Real que viene del norte, acompañado por el Estado Mayor General que comandaba el coronel José Velásquez Bohórquez, al pasar por el fuerte “San José” pudieron ver los  efecto de la gran explosión provocada por los peruano en ese reducto,  percibiendo la gran tragedia que habría afectado al regimiento “Lautaro” de haberse encontrado algo más adelantado al momento del ataque a ese fuerte.

1. Fuerte del "Este"     2. Tumba de los "Caidos"      3. Fuerte " Ciudadela"

Los héroes de ambas naciones en conflicto caídos en los fuertes del “Este” y “Ciudadela”, fueron sepultados en una fosa común cavada  en la depresión que se forma entre los dos cerros donde se habían ubicado los fuertes “Ciudadela” y del “Este”, los caídos en los fuertes del norte fueron sepultados en el panteón.

El Asalto y Toma de Arica le costo al Ejército de Chile, 114 soldados de tropa muertos,  3 oficiales muertos, 18 oficiales heridos y 337 soldados de tropa heridos, por parte del Perú, se registraron 118 jefes y oficiales prisioneros, aproximadamente seiscientos prisioneros de tropa, del total de prisioneros incluido jefes y oficiales los heridos ascendían a 322, se calcula en 1.300 los muertos.

La noche del 7 de junio para el día 8, fue prácticamente de vigilia para las fuerzas triunfadoras, los soldados vencedores se refugiaron para pasar la noche en distintas casas abandonadas del pueblo, el “Buín” y el “Bulnes” tuvieron que sofocar varios incendios que comenzaron a producirse en medio de la oscuridad, fuera de la destrucción lógica que provocarían estos incendios en la ciudad se sumaba el temor a que reventaran las minas que aun no habían sido retiradas, en consecuencia se estableció un riguroso “toque de queda” para evitar saqueos y destrucción, en la madrugada  del día 8 la jefatura del  Ejército  Expedicionario, determino el traslado a Tacna de los regimientos que habían participado en la acción del día anterior, estos cuerpos marcharon en las primeras horas del alba por la pampa del “Chinchorro” hasta la estación de Chacalluta donde embarcaron en tren hasta Tacna,  quedando de guarnición en la ciudad los batallones de caballería “Granaderos” y “Carabineros de Yungay” además un regimiento de artillería,  el batallón Bulnes y  una sección de Zapadores encargado de la limpieza de las minas de la ciudad. El día nueve el general Manuel Baquedano nombró  Jefe Político y Militar de la plaza al coronel, don Samuel Valdivieso.

A partir de ese momento las autoridades comienzan una labor de normalización de la vida de Arica, el coronel Valdivieso organiza el saneamiento del pueblo, para ello contrata a cuadrillas de negros para estas labores, estos afroariqueños  que habían permanecido en la ciudad y habían sido utilizados como peones de servicios del ejército peruano, el coronel Valdivieso dispuso que a estas personas se les cancelara 1,25 pesos diarios, así la autoridad ordena  desarmar la ranchería existente en callejón “Junín” formado por las puertas falsa de las propiedades que daban a calle “San Marcos” y estas precarias viviendas, estaba ubicado en medio de la manzana  formada por la calles “Ayacucho”, “de la Matriz”, “San Marcos” y “del Colegio”, esta ranchería era muy insalubre, sus moradores lo habían construido con los restos de las casa que habían sido destruidas en el terremoto de 1868. El jefe político y militar de Arica, regulariza algunos servicios municipales básicos, como la limpiezas de los pozos de agua dulce y  el control de la distribución de este liquido, también ordena el aseo de las calles, todas medidas para evitar el brote de enfermedades.

1. Calle del "Colegio"                2. Calle "San Marcos"                3.  Calle "28 de Julio"

4. Fuerte "San José"                    5. Cementerio

Foto tomada desde la "Casa de la Respuesta",  hoy "Casa Bolognesi"

A consecuencia de haber arrojado al mar los cadáveres de los soldados muertos en la cima del Morro empezaron a ser devueltos por las corrientes y  las mareas comenzando a apilarse en los arrecifes del píe del Morro y en las pequeñas playas que se formaban entre sus grietas, el peligro de contaminación  de propagación de enfermedades fue mayúsculo, por lo que el coronel Valdivieso optó por incinerarlos, esta labor la cumplió con una compañía del batallón “Bulnes” y con las cuadrillas de negros que había contratado para el saneamiento de la ciudad; oponiendo alguna resistencia estos semi forzados trabajadores, se negaban efectuar la macabra pero necesaria tarea, pero con algunos métodos de persuasión por parte de los soldados del “Bulnes” se incineraron 367 cuerpos, y sus cenizas se sepultaron en los arenales de los faldeos del Morro próximos a la playa, allí encontraron gran número de momias de origen precolombino, cestería y muchas piezas de cerámica.

En el mes de octubre de 1880, cuando se realizaba la “Conferencia de Arica”[3] uno de los diplomáticos estadounidense hace mención en una de las notas a su gobierno  que aun en ese mes de octubre era posible ver en el acantilado del Morro desde el buque “Lackawanna” soldados peruanos muertos en la batalla del 7 de junio, estos cadáveres habían quedado atrapados en las grietas del acantilado del Morro siendo muy difícil sacarlos de ahí.

En los días inmediatamente siguientes a la toma de Arica las autoridades militares de Chile regularizan el tránsito del ferrocarril desde el terminal muelle de Arica a Tacna, esto permitió el traslado  entre ambas ciudades de pertrechos militares, víveres, traslado de tropas, el transporte de los heridos chilenos de las batallas de Tacna  y de Arica a los buques que los regresaban a Valparaíso, etc.

 Por expresa orden del General en Jefe de las Fuerzas Expedicionarias, General Baquedano, se dispone la creación de la Gobernación Marítima del Puerto de Arica, nombrando para tal efecto, a Don Marcial Rodríguez V. como Gobernador Marítimo del Puerto Mayor de Arica. Don Marcial Rodríguez V.[4] era  un empleado civil de mucho prestigio y con conocimiento sobre el manejo de carga y operación de puertos, se desempeña sin mayores problemas en un galpón ubicado al lado del antiguo muelle (según los lugareños en 1880), cumpliendo sus misiones como empleado de Hacienda dependiente de la Armada. La primera dotación de esta Gobernación Marítima, estaba conformada por un Cabo de Matrícula, un Patrón de Bote, cuatro marineros, más un práctico que fue enviado desde Valparaíso, con mucha experiencia en maniobrar con velas, pues un alto porcentaje de las naves que recalaban en Arica, venían con sus máquinas en muy mal estado y la maniobra de fondeo o amarre a boyas se efectuaba generalmente a vela. La actividad del puerto se irá incrementando con rapidez en lo siguientes meses ante la inminente campaña a Lima.

Los primeros días del mes de julio llega a la bahía de Arica el vapor “Limeña”; este buque peruano venía en una misión humanitaria, por intermediación de la legación del Brasil en Lima  la nave venía a cumplir con la misión de recoger a unos mil heridos peruanos de las batallas de Arica y de Tacna para trasladarlos al Callao y a Lima, el buque también transportaría al norte a algunas familias ariqueñas y a 5 monjas de un convento de Tacna, también, cumplió la honrosa  misión del traslado de los féretros que transportaban los cuerpos del coronel Francisco Bolognesi y del capitán de navío Juan Guillermo Moore, ambos héroes fueron sacados de sus tumbas ubicadas en la misma iglesia de “San Marcos” y puestos en catafalcos de riquísima madera. Para la despedida de los héroes peruanos se ordenó por parte de las autoridades chilenas una ceremonia  que incluyo una misa celebrada por el vicario de “San Marcos”,  párroco José Diego Chávez, se ordenó una formación de honor de tropas chilenas con sus uniformes de parada, los féretros se trasladaron desde la iglesia al muelle donde fueron embarcados, los ataúdes fueron llevados en hombros por una escolta de soldados chilenos, acompañando el cortejo una banda de músicos de uno de los regimientos que cumplía guarnición en el puerto, la banda interpretaba himnos fúnebres, al embarcar se les rindió los honores de reglamento con salvas de  rigor y toque de silencio. Los soldados chilenos reconocían en ambos jefes peruanos a dignos adversarios que habían sucumbido con valentía y honor en la defensa de su patria.

Desde el glorioso 7 de junio de 1880 paso a paso Arica se va incorporando a la administración  y soberanía de la República de Chile, el 28 de junio  de 1880 el general  Manuel Baquedano en su calidad de General en Jefe del Ejército Expedicionario dicta un decreto  ordenando la creación de una oficina de Aduana  y Tesorería de Arica, tal dictamen es aprobado por Decreto del Ministerio de Hacienda de Chile del 15 de julio de 1880 lleva la firma del Presidente de la República  don Aníbal Pinto G, y del ministro de Hacienda don José Alfonso, la planta administrativa de la Aduana y Tesorería de Arica contemplaba un departamento de  Contaduría con 10 funcionarios; un departamento de  Alcaidía con  seis funcionarios; un departamento de  Vistas dos funcionarios; un departamento de Resguardo con veintinueve funcionarios.

Edificio de la Aduana de Arica (Eiffel, 1873)

Hay otros dos actos de administración del Estado de Chile en el departamento de Arica que afianzarían aun más la condición de chilena de “San Marcos de Arica” uno de ellos es la creación de la Gobernación de Arica por  decreto del Ministerio del Interior de fecha 21 de octubre de 1880 y que nombra como gobernador del Departamento a don Darío Zañartu. El otro acto administrativo fue la creación de la Junta de Alcaldes conforme a la ley del 31 de octubre de 1884;  por Decreto Nº 4.107 del Ministerio del Interior el 27 de diciembre de ese año se  nombrar para el departamento de Arica una Junta de Alcalde compuesta por los señores: don Francisco Javier Zelayo, don Rodolfo Castro H. y don Jenaro F. Cáces.

Tal Junta de Alcaldes funcionaría hasta la siguiente  elección ordinaria de municipalidades. Sus atribuciones y obligaciones eran las que expresaba la Ley del 24 de agosto de 1846 y el artículo 8º de la Ley del 31 de octubre de 1884.

 El decreto esta firmado por el presidente de la República don Domingo Santa María y por el Ministro del Interior don  José Manuel Balmaceda  

Vista de Arica desde la explanada del Morro


 


[1] El corvo, es un cuchillo de hoja semi curva que era muy usado en la época de la guerra del Pacífico por los chilenos en especial por los mineros de las regiones de Atacama y de Coquimbo.

[2] Diez años   mas tarde el gobierno chileno en un gesto de fraternidad al  pueblo del Perú envía a Lima los restos de algunos héroes peruanos fallecidos en las batallas de Tacna y Arica, el día  8 de julio de 1890 son embarcados desde Arica los féretros que transportan los restos de los héroes peruanos en el vapor “Lima”, encabezaba la delegación peruana de recepción el Vicealmirante don Manuel Melitón Carvajal, héroe de “Angamos”, uno de los sobrevivientes del “Huáscar”, los restos enviado a Lima para ser sepultados en la  cripta de los héroes del 1879 correspondían entre otros a: Alberto Télles, Alfredo Maldonado, Gregorio Albarracín, José María Vázquez, Carlos María Vidal, Enrique Chocano,  Nicolás Ortíz,  Samuel del Alcázar, Alfonso Ugarte, Adolfo King, Francisco Álvarez, José A.  Beláunde, Carlos Escobar, Guillermo Santana.

 

[3] La conferencia de Arica, fue parte de una iniciativa diplomática del gobierno de Estados Unidos para poner fin a la guerra, por medio de un arbitraje de su parte, tuvo como sede el buque de esa nacionalidad “Lackawanna” surto en la bahía de Arica, la conferencia se inicio el 19 de octubre de 1880, y no tuvo éxito.

[4] En el año 1887 y después de haber servido a la Armada por siete años Don Marcial Rodríguez V., deja su cargo para entregarlo al que sería el primer gobernador marítimo de Arica con el rango de oficial naval, el Capitán de Corbeta Sr. Carlos Krug J.