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·        Combates y Bombardeos de Arica 

 

Vista de la Bahía de Arica, foto tomada en 1880.

 

Con la captura del “Huáscar”, el mar quedó  bajo el dominio de la Armada de Chile, en consecuencia el siguiente paso lógico en el desarrollo de la guerra era la invasión de las tropas chilenas al litoral tarapaqueño,  esto lo sabía perfectamente el comando aliado así lo expresa en su diario de campaña el miembro del Estado Mayor boliviano coronel José  Vicente Ochoa; “Octubre 31: Debemos perder definitivamente la esperanza de adquisición de nuevos blindados, idea que con tanta ilusión tienen nuestros directores de la guerra. Por pruebas dadas, la situación fiscal y el crédito del Perú y Bolivia no sé prestan una operación de tal género. Además de que es muy difícil comprar buques de guerra y todavía más difícil traerlos a tiempo para impedir los progresos bélicos de Chile. El dominio de los mares es pues de nuestro enemigo y de ello se desprenden consecuencias desastrosas”.

Al comando aliado sólo le faltaba saber cual sería la determinación del mando militar chileno sobre el lugar de invasión del territorio de Tarapacá. Por esto el General Prado adopta un plan estratégico para enfrentar la invasión chilena a territorio peruano, el que consistía en defender los posibles puntos de desembarco  al sur como al norte del puerto de Iquique, ya que se consideraba que este puerto estaba lo suficientemente protegido y que cualquier intento de desembarco de tropas enemigas en sus costas simplemente seria un acto en extremo temerario. El  posible lugar de desembarco al sur de Iquique fue fijado en la caleta de Patillos, dada la facilidad de  acceso a pozos de agua y ferrocarril al interior del Departamento que poseía esta caleta, se responsabilizó la defensa de este punto a la división comandada por el general boliviano Carlos Villegas, por otro lado, el lugar más seguro al norte de Iquique  en que las tropas chilenas desembarcarían se presumió  el puerto de Pisagua, esta plaza quedó a cargo del general boliviano Pedro Villamil con el refuerzos de tropas peruanas de infantería y de artillería bajo el mando del coronel Isaac Recavarren, por último previniendo un posible ataque terrestre  por el sur de las fuerzas chilenas a través del desierto, por parte del batallón al mando del coronel Pedro Lagos que se encontraba de guarnición en Quillagua, se destinó en la

Bahía de Pisagua( foto tomada 2 de noviembre de 1879)

 localidad de Monte Soledad a la división bajo el mando del coronel Mori Ortíz, el comando en jefe de Tarapacá estaba en las manos del viejo general Juan Buendía, siendo su jefe de Estado Mayor el coronel Belisario Suárez, el grueso de las fuerzas aliadas se concentraron  en “La Noria” y “Pozo Almonte”, dejando sólo una guarnición de 900 hombres en Iquique a cargo del coronel José Miguel Ríos, como medida precautoria con el objetivo de mantener abiertas las líneas de comunicación y logísticas con el puerto, por último  el Supremo Conductor de la Guerra, el general Prado, dispuso el avance hacia el sur de las tropas bolivianas acantonadas en Tacna y que estaban bajo el mando del general Daza, el objetivo era conjuncionar con  las tropas del general Buendía  en Dolores o Jazpampa y de este punto devolver al mar a los chilenos, así quedó completo el plan defensivo aliado.

Las acciones bélicas en el Departamento de Tarapacá se desarrollan a partir del desembarco de las tropas chilenas en Pisagua el  2 de noviembre de 1879, teniendo como hitos más importantes de la campaña en este territorio además del desembarco de Pisagua; las batalla de pampa Germania el 5 de noviembre, la ignominiosa  retirada sin combatir hacia Arica del presidente de Bolivia general Hilarión Daza con su ejército desde la cuesta de Camarones el día 18 de ese mes, la batalla de Dolores  o de San Francisco ocurrida el 19 de noviembre, la rendición de Iquique el día 23, y concluyendo las operaciones militares con la batalla de Tarapacá el  27 de ese mes de 1879, esta última acción de guerra que fue favorable a las armas peruanas pero que no tuvo ninguna importancia desde el punto de vista    militar,  las tropas de Buendía siguieron su retirada hacia Arica por los caminos de la precordillera, abandonando el Departamento de Tarapacá; el que quedará definitivamente bajo la soberanía chilena.

Fuerte Sur (Punta Pichalo), Pisagua 2 de noviembre 1979

La noticia  en Arica del desembarco chileno en Pisagua el 2 de noviembre, produjo una inmensa desazón, estado de ánimo en los ariqueños que permanecía desde la perdida del “Huáscar” ocurrida a poco menos de un mes,  una vez pasado los primeros momento de pánico de la población y desconcierto en los mandos militares ante la poca resistencia presentada por los defensores de Pisagua, el Supremo Director de la Guerra convoca a un Consejo de Guerra para el día 4 de noviembre en el que participan los dos presidentes de las naciones aliadas y los más altos jefes militares, en este Consejo se acuerda efectuar la concentración de 9.000 hombres el la quebrada de Camiña, para de ahí bajar a Jazpampa y hacer frente a los chilenos hasta expulsarlos de Pisagua, las fuerzas bajo el mando de Buendía debían marchar al norte desde La Noria pasando por Agua Santa y Dolores para converger en Camiña,   una vez reunidas las fuerzas aliadas en este poblado  el Comando en Jefe de las fuerzas lo asumiría el general Daza.

Puesto en ejecución el plan, el día 9 de noviembre a partir de las 9 de la mañana los batallones “Pichincha”,  “Puno”, “Lanceros de Torata”, el “Guías” y “Arica”, y demás que hacían guarnición en el puerto formaron con sus respectivas bandas en la explanada que iba desde la Aduana al Ferrocarril,  el pueblo se congregaba en el área, el gran alboroto era por la llegada desde Tacna vía ferrocarril de las tropas bolivianas que irían a combatir a los chilenos a Tarapacá.

A las 11 de la mañana, el Presidente Prado, a caballo en compañía del almirante Montero,  con todo el cuerpo de edecanes y ayudantes, todos ataviados con sus uniformes y entorchados de parada recorren en revista toda la línea de formación, era una gran fiesta militar, a la que eran tan adicto los mandos aliados, a las 11:15 A.M. hizo su aparición el primer tren en el que venía el general Hilarión Daza con el batallón de los “Colorados” y parte del batallón de los “Amarillos”, la máquina que arrastraba al convoy venía engalanada con las banderas de Bolivia y de Perú, detenido en el anden el tren, irrumpe la banda peruana con el himno de Bolivia,  gesto que contó con la respuesta inmediata de la banda boliviana una vez descendida de los vagones ferroviarios y formada para rendir honores, interpreta el himno del Perú, con efusivos abrazos y golpeteos de espalda se saludan los presidentes y sus respectivos séquitos de edecanes y ayudantes, los que no eran pocos en número, exultante la multitud lanzaba vivas al Perú, vivas a Bolivia y  vivas a la Alianza, la

Estación de Arica del ferrocarril Arica-Tacna

 muchedumbre lanzaba también efusivos gritos de alabanzas para los generales Prado y Daza,  el segundo tren hace su arribo a la estación minutos mas tarde, trayendo  al resto del batallón de los “Amarillos” y a la totalidad del batallón de los “Verdes”, la denominación de estos batallones era por el color de sus uniformes y que correspondían a los colores de la bandera boliviana. Una vez formados los batallones bolivianos se dio inicio al desfile, tomando ubicación los altos dignatarios en las gradas de acceso del edificio de la Aduana, abría el desfile el batallón de los “Colorados” que era el predilecto del  general Daza, estaba formado por soldados escogidos todos veteranos de cuanto cuartelazo había ocurrido en  la última década en el país altiplánico,  comandaba este batallón el general Murgia, en segundo término iban los “Amarillos” encabezados por su banda, cerrando el desfile de las tropas boliviana el batallón de los “Verdes”, a continuación desfilan las tropas peruanas encabezadas por el batallón “Pichincha” cerrando el desfile una compañía de “Celadores”.

Concluido el desfile las autoridades celebran un banquete en los salones de la casa de la Subprefectura,  a las tropas se les dio un rancho de celebración en los cuarteles que les fueron asignados, la tarde fue ocupada por la tropa boliviana y sus jefes en visitar los buques “Unión” y “Manco Cápac” surtos en la bahía; a las 6:00 P.M. llegan dos trenes procedentes de Tacna con cinco batallones, estos eran: el “Viedma”, “Padilla”,  el “Murillo”, “Libres del Sur” y el “Vanguardia de Cochabamba”;  con lo que se completaba el traslado del ejército boliviano acantonado  en la ciudad del Caplina, estas tropas estaban vestidas con uniformes de lana tejidos y teñidos en Bolivia, no calzaban zapatos sino hojotas, las cuales les eran mucho más cómodas para las largas caminatas, por ser la hojota el calzado habitual de estos soldados en su vida civil, el armamento que usaban las tropas bolivianas era “Remintong”,  Daza al recibir sus últimos contingente, rayaba en el frenesí señalaba a sus interlocutores que sus fuerzas “Eran tropas de metérselas al diablo”. El pueblo de Arica vivió un verdadero día de fiesta, parecía que celebraban anticipadamente la victoria, ante tanta exaltación de patriotismo y adulaciones mutuas de los máximos jefes militares aliados.

El día 11 de noviembre Daza emprende la marcha al sur remontando la cuesta Acha  llegando a Chaca al medio día del 12 donde se da un descanso para continuar la marcha a Camarones en la madrugada del día 13, a esta última localidad llega el día 14 cubriendo la distancia entre Arica y el valle de Camarones en cuatro jornadas de 22 Km. cada una aproximadamente. El general boliviano hace un alto para esperar la rezagada artillería  y los bagajes que también venían retrasados enviando una avanzada a Tana compuesta por un piquete de caballería integrado por el escuadrón  del coronel peruano Gregorio Albarracín  más unos cuarenta jinetes de su guardia personal  completando la patrulla de exploración un pelotón de unos 200 infantes.

Oficial de la "Guardia de Daza"

El 18 de noviembre, Daza da vuelta la espalda y regresa a Arica, habiendo pasado la noche anterior en la quebrada de Tana, donde se habían producido en las cercanías algunos contactos con avanzadas de exploración chilenas, el coronel Eliodoro Camacho a pesar de estar de acuerdo con la retirada desde Camarones representó al presidente boliviano la necesidad de proseguir la marcha, a lo menos por decoro, pero no fue escuchado.

Por esos días de noviembre llegaban a Arica familias procedentes de Pisagua y de Iquique a refugiarse al amparo de la plaza que se suponía la más fortificada del Pacifico sur oriental, a decir de un corresponsal de un diario limeño destacado en Arica “era desgarrador ver el espectáculo que presentaban estas personas en la explanada del muelle... ” estas familias se habían embarcado rumbo al norte  en buques de nacionalidad inglesa o italiana, llevando escasamente lo indispensable para su subsistencia, muchos de ellos se cobijaron en terrenos baldíos existentes entre las casas de la ciudad, los que habían quedado así después del terremoto de 1877, se protegían bajo precarias carpas proporcionadas por el ejército, o ramadas que en forma solidaria habían construidos soldados en sus ratos de franco, Iquique quedaba desolado todos luchaban por emigrar, el último embarque de personas se produjo el mismo día 23, día de la rendición de ese puerto, se calculó en unas 1.300 almas que se embarcaron rumbo a Arica y el Callao.

El general Mariano Ignacio Prado, Supremo Conductor de la Guerra, recibe como un verdadero mazazo en la cabeza la derrota de Dolores y la rendición de Iquique, el presidente peruano se da cuenta que tenía perdido el Departamento de Tarapacá, su estado de animo no debe haber sido peor ya que en conjunto con los estrepitosos fracasos en la guerra, se sumaba la inestabilidad política que ya se hacia sentir por todos los rincones de Lima, con el escenario de desmoralización generalizado decide partir a la ciudad de los Virreyes el 25 de noviembre, lo que ya parecía casi una fuga, al momento de embarcar el mandatario rumbo al Callao ve como llegaban al puerto los refugiados de Iquique, que en forma dramática se presentaban antes sus ojos como el corolario del drama en que se había visto envuelto por los predicadores de la guerra, en especial los mas radicalizados, los miembros del la dirigencia del partido civilistas.

Batalla de "Dolores" (Cerro de San Francisco)

 

El triunfo aliado de Tarapacá,  sólo fue un efímero alivio psicológico para la atribulada población civil de Arica, y para los desconcertados mandos aliados, se sabía que las mesnadas aliadas marchaban en éxodo rumbo al puerto, recorre el desmoralizado ejército del general Buendía 360 Km. en inclemente caminata, esta penosa travesía duró 20 días, el día 18 de diciembre de 1879 llegan a las proximidades de Arica por la quebrada de Acha, el almirante Montero jefe militar de la plaza había enviado en días anteriores algunos socorro para el malogrado ejército, por lo que estaba ya en conocimiento  de la proximidad de la llegada a Arica del general Buendía y sus malogradas huestes;  ese día de diciembre de 1879 el almirante con una formación de unos 500 hombre de infantería un escudaron de caballería de 200 individuos y con todos sus edecanes y ayudante se ubica en la pascana de Saucahe  donde se bifurcaba el camino al valle de Azapa y el camino a la quebrada de Chaca. El general Buendía al divisar tan numerosa comitiva que le esperaba para su recibimiento hizo un pequeño alto para ordenar las filas y para que los soldados y jefes pudiesen presentar sus ajados uniformes de la forma mas digna posible, ante lo que suponían una afable recepción, al faltar unos 500 mt. para que llegase la cabecera de la columna precedida  por el general Buendía y su Estado Mayor, el almirante Montero ordena al corneta de órdenes tocar el alto, la sorpresa para el derrotado general no fue menor, enseguida el marino da  orden  a la infantería de hacer formación  cerrando el camino de acceso a la ciudad, acto seguido acompañado de sus edecanes y de los 200 jinetes se aproxima hacia el conmovido general, el coronel Suárez jefe del Estado Mayor del ejército de Tarapacá le observa al oído a su jefe el porque obedecía la orden de alto a un oficial de menor rango, el anciano jefe no tenía explicación, no pudo sacar palabra, Montero ya a unos metros de Buendía, le dice: “General entregue el mando de sus fuerzas, para permitir entrada honrosa del ejército de Tarapacá a la ciudad de Arica... usted esta arrestado” a continuación da orden  al coronel Manuel C. De la Torre para que reciba la espada del humillado general, Montero ordena lo mismo para el jefe del Estado Mayor el coronel Suárez, ambos altos oficiales son conducidos en calidad de detenidos por el camino que bajaba a la ciudad por el sector del Cerro de la Cruz hasta el hotel “Colón” donde cumplirían el arresto hasta que se les sometiera a juicio, los restos del ejército de Tarapacá entra a la ciudad por el camino real que pasaba por el Lazareto ante la expectación de los ariqueños.

        

El mismo día de la entrada de las tropas de Buendía a Arica el presidente peruano, general Prado, sale en viaje a Europa con la supuesta misión de conseguir créditos para financiar la guerra y la compra de una Armada, deja como  vicepresidente al anciano general La Puerta, el día 23 de diciembre don Nicolás de Piérola  da un golpe de estado, proclamándose “Jefe Supremo de la República” Piérola informa de esta situación al almirante Montero.

   

 Sr. Contralmirante don Lizardo Montero - Arica.

 

Por el voto espontáneo de los pueblos de Lima y Callao, y con la adhesión completa del ejército, he sido proclamado Jefe Supremo de la República. Me congratulo en comunicarlo a Ud. y le estrecha la mano su afectísimo.

 

Piérola

El Jefe de armas de la Plaza fuerte de Arica responde al nuevo mandatario en un escueto telegrama.

 

 

Arica, diciembre 1879.

 

Montero a S.E.

   

Este Departamento y el Ejército seguirán llenando su deber y aceptan el hecho a que refiere V.E.

                                                           

Montero.

 

 

Don, Nicolás de Piérola

De esta forma quedo consumado el cambio de gobierno en Perú, sólo faltaba el derrumbe del gobierno boliviano el que se produciría el 1º de enero de 1880, para ese día en complicidad con el coronel Eliodoro Camacho el almirante Lizardo Montero invitó a Arica al presidente boliviano. Una vez en el puerto el general Hilarión Daza, el coronel Camacho que se había quedado en Tacna con mucha argucia logró sacar fuera del cuartel a los “Colorados” argumentando la necesidad de ejercicio, reparación y aseo del armamento, por lo que este iba sin munición, en tanto con los otros cuerpos del Ejército boliviano controlaba a la “guardia pretoriana” del dictador formada por un escuadrón de los “Inmortales”,  guardia que no  había acompañado al general en su viaje a Arica quedándose en  Tacna, así se consumaba el golpe de estado boliviano, en Arica Daza sólo se entera al atardecer de ese día cuando ya se encontraba a bordo del tren para regresar a Tacna, en ese momento fue informado por Montero a través del coronel Julio Mac Lean Portocarrero, el oficial peruano le informa al destituido presidente de los acontecimientos ocurridos en Tacna durante su ausencia, señalándole que en esa ciudad se le esperaba para fusilarlo, la reacción del general Daza fue de relativa pasividad sólo manifestó a su informante “me han fregado”, Montero facilitó el viaje del depuesto mandatario por  caminos interiores hasta Arequipa,  desde esta ciudad viajó hasta Mollendo donde embarco rumbo a Europa, los revolucionarios bolivianos nombraron como nuevo presidente de Bolivia al general  Narciso Campero.  

Gral. Narciso Campero, Presidente de Bolivia

El nuevo presidente de Bolivia  en compañía del general Camacho, a la sazón Comandante en Jefe del Ejército boliviano estacionado en Tacna,  recibe al teniente coronel Mac Lean  en calidad de plenipotenciario de la máxima autoridad política y militar de los Departamentos del sur del Perú, el contralmirante Montero,  Campero en su primer acto confirma la lealtad de Bolivia al Perú entregando al plenipotenciario enviando una nota para el almirante que en parte decía “... La alianza, Exmo. Señor, es el aire que hoy respira Bolivia y ella se mantendrá a través de los desastres que nuestras armas han sufrido en el teatro de la guerra y a pesar de los maquiavélicos manejos del gobierno de Chile...”  en otra parte la nota expresaba “... Tenga Us. mis más cálidas buenaventurazas para el año que se inicia, trasmita estos deseos  al ejército de su mando y al pueblo del Perú, que son los sentimientos de todo buen boliviano que me honro en representar...”; el almirante Montero respondió al flamante presidente en un telegrama que decía: “Le correspondo su felicitación por el nuevo año. Ojalá que principiemos sellando la alianza con nuestra sangre en el campo de batalla. Felicite Us. a mi nombre, al ejército”.

      Gral. Eleodoro Camacho

El día 28 de noviembre de 1879 la Armada chilena había establecido el bloqueo del puerto de Arica, el que quedó a cargo del jefe de la división naval capitán de navío don  Oscar Viel que hace su buque insignia la corbeta “Chacabuco”, el jefe naval chileno comunica con la siguiente nota el establecimiento del bloqueo:

 

DIVISIÓN CHILENA BLOQUEADORÁ DE ARICA

                        COMANDANCIA

 

 

A bordo de la corbeta Chacabuco frente a

 

                                                                                                Arica, noviembre  28 de 1879

 

Tengo el honor de comunicar a US. que el supremo gobierno de Chile, ha ordenado establecer el bloqueo de este puerto y sus caletas vecinas, el que queda desde hoy establecido.

Lo notifico a US., previniéndole que tengo instrucciones para conceder un plazo  de diez días a los buques neutrales surtos en esta bahía,  a fin de que efectúen su carga y descarga y zarpen del puerto.

Debo también hacer presente a US. que cualquier agresión a los buques de mi mando ya con torpedos, ya sea con cualquier otro medio de ataque intentado desde tierra, provocara el bombardeo de la población por la Escuadra de Chile, y demás actos de hostilidades que se crean necesarios.

En tan dolorosa necesidad, será US. el solo responsable de los daños que se ocasionen a neutrales y demás habitantes.

 

Dios guarde a US.

 

                                                                                                            Oscar Viel

 

Al señor prefecto, jefe militar de la plaza de Arica

 

 

La respuesta del almirante Montero fue del siguiente tenor:

 

JEFE SUPERIOR POLÍTICO Y MILITAR DE LOS DEPARTAMENTOS DEL SUR DE LA REPÚBLICA.

 

                                                                                                Arica, noviembre 28 de 1879

 

Al comandante en Jefe de la División Naval  Chilena:

 

En contestación al oficio de US. fecha de hoy, debo decirle: que quedo enterado de su contenido; y que en cuanto al uso de otro genero de hostilidades que los buques de su mando pudieran ejercitar contra este puerto, estoy sumamente resuelto no solo a contestar a la iniciativa de la provocación, sino también a emplearlas por cuanto medio este a mi alcance; pues esta plaza militar no teme en manera alguna a la Escuadra de la nación que representa las fuerzas del mando de US.

 

Dios guarde a US.

 

                                                                                                Lizardo Montero

Vista de la Bahía de Arica, año 1879

 

El día 2 de diciembre llega a Arica el transporte chileno “Lamar” enarbolando la bandera de la Cruz Roja, llevaba a bordo  heridos del ejército Perú Boliviano caídos en la reciente campaña a territorio del Departamento de Tarapacá, además de  personal de una ambulancia peruana completa que había sido encontrada en la localidad de Huara, el total de individuos transportados sumaban  107, la entrega se hacia conforme con la convención de Ginebra, en particular en sus artículos 3º y 6º, convenio internacional que ya en esa época había sido firmado por los gobiernos chileno y peruano. El comandante Viel efectúa todo los tramites para permitir la entrega de los heridos sin alterar el bloqueo que sostenía sobre Arica.

El mes de enero de 1880 se caracterizo por la baja actividad bélica entre las naciones en conflicto, hubo razones en ambos bandos para que se produjese esta especie de tregua;  por la parte chilena fue principalmente la falta de definición del gobierno y de los mandos militares chilenos sobre la continuidad de la guerra, existiendo tres criterios diferentes sobre el trascendental hecho, uno de ellos era la idea de concluir la guerra buscando un arreglo diplomático con los aliados, la otra alternativa que se barajó y de la cual era partidario el ministro en campaña de la guerra don Rafael Sotomayor, la de hacer sin más dilación la campaña sobre Lima, y la tercera hipótesis de guerra planteada era  realizar la campaña Tacna Arica,  hipótesis que finalmente se adopto.

El comando militar chileno comienza en la segunda mitad de diciembre de 1879 hacer un estudio y exploración de los posibles escenarios para iniciar la campaña Tacna Arica, en ese contexto se  produjo la curiosa “aventura” del comandante Arístides Martínez que comandaba una compañía del regimiento “Lautaro” de 500 hombres  más 12 granaderos,  y un grupo de pontoneros, cuya misión era explorar la zona de Ilo, recabando la mayor información posible sobre la zona Ilo Tacna, el puerto de  Ilo estaba totalmente desguarnecido, el ferrocarril Ilo Moquegua, quedo a disposición de los chilenos que en un acto de audacia que rayaba en lo intrépido decidieron llegar hasta Moquegua por medio de esta vía, en las estaciones que jalonaban la vía la gente creía que eran tropas provenientes de Lima, por lo que los saludaban con gran jolgorio, al llegar a la estación de Moquegua fueron recibidos con gran entusiasmo por la población que también pensó que eran tropas enviadas por Lima, era la víspera del año nuevo es decir 31 de diciembre, al conocer la realidad los moqueguanos se produce una histeria colectiva, Martínez y su gente se retiran sin no antes con alguna dificultad, la vía férrea en varios tramos había sido dañada para provocar el descarrilamiento del convoy que conducía  a los chilenos de retorno a Ilo,  concluye esta aventura sin mas contratiempos, regresando los exploradores sanos y salvo a Pisagua, esta presencia de tropas chilenas curiosamente no puso en alerta ni dio luces al mando aliado ante la evidencia que ese puerto podría llegar ha ser un posible punto de desembarco del grueso del Ejército de Chile en un futuro cercano, pues, cuando se produjo efectivamente el desembarco no existía ni la mas mínima medida de defensa en ese lugar.

Por otro lado en el bando aliado, las cosas no mejoraban, los primeros días del año 1880 se caracterizó por el afianzamiento de las nuevas autoridades gubernamentales de ambas naciones aliadas, la crisis económica no mejoraba,  sin embargo el nuevo gobierno peruano logro hacer algunos envíos de pertrechos militares a los Departamentos del sur de esa república a través del puerto de Mollendo, el  comando aliado no lograba discernir ni era capaz de desarrollar un plan defensivo de envergadura, todas las actividades relacionadas con el conflicto bélico mas bien eran iniciativas individuales de algunos jefes, pero no existía una coordinación general, al parecer los gobernantes y los más altos jefes aliados estaban más preocupados de la política interna de sus respectivos países que del conflicto internacional que enfrentaban, en este escenario los mandos militares aliados barajaban algunas hipótesis sobre cual sería el nuevo paso de Chile en el desarrollo del conflicto, dejando en absoluto la iniciativa al país del sur, los mandos militares Perú boliviano  manejaron sólo dos hipótesis de guerra muy elementales, una de esta hipótesis era el desembarco en Lima, y la segunda hipótesis era  el desembarco frontal en Arica, ambas sin mucha elaboración táctica ni estratégica.

A comienzos de 1880 en Arica se vio un cambio en la importancia que el comando  naval del Perú otorgaba a la condición estratégica de las instalaciones de la base de la 1ª División de Torpedistas  de la isla del Alacrán que estaba bajo el mando del comandante de artillería don Leoncio Prado. Los mandos navales del Perú ante la falta de buques que pudiesen hacer contrapeso a la Armada chilena, tomaron  la decisión de reforzar la 1ª División de Torpedista radicada ahí,  de esta forma transforman la isla en una poderosa arma disuasiva ante un intento de desembarco por la bahía de Arica, de ahí la decisión de cambiarla de un propósito meramente defensivo  a un reducto de vocación   más ofensiva, para ese objetivo táctico   el mando naval dispuso el  aumento de la dotación de la División con tres expertos torpedistas, estos eran: Jhon Lind, Rolph Smtih y Karl Müller; los dos primeros de nacionalidad inglesa y el último de nacionalidad danesa (quizás su nacionalidad verdadera era alemana), además de un número no determinado de carpinteros de mar; el armamento fue destinado a la isla del Alacrán eran  torpedos del sistema “Lay” y  “Herresshoff”, se dispuso una mayor acumulación  de material de guerra  relacionados con esta arma, en particular explosivo, se formó un complejo de armaduría, arreglo y ensayo de torpedos.

Por ese mes de enero de 1880 las fuerzas chilenas terminaban de limpiar de montoneros las tierras precordilleranas del Departamento de Tarapacá, misión que estuvo a cargo del coronel  Jefe del Estado Mayor  don Pedro Lagos. El 29 de enero de ese año, el coronel Lagos dispone que un destacamento desaloje a una milicia peruana detectada por exploradores adelantados, el efectivo peruano se estimó en  unos trescientos efectivos que se mantenía en guarnición en la hacienda de Camarones,    la patrulla chilena que se le asignó la misión estuvo  al mando del capitán de granaderos señor José Luis Contreras, esta fuerza estaba compuesta por 80 soldados de caballería, y una compañía del regimiento Santiago al mando del teniente Marcelino Dinator integrada por 80 soldados, esta compañía se dividía en una sección de 50 hombres al mando de los subtenientes José Domingo Terán y José Ramón Amor y una guerrilla de 30 soldados bajo las órdenes del subteniente Emiliano Gómez, a los infantes se les proporciono mulas con el fin de hacer más ligera el piquete,  a las 9Hrs.  de la noche  se reunieron en el caserío de Chiza las fuerzas de granaderos y los infantes del Santiago, marchando desde este punto toda la noche para encontrarse en las proximidades de la hacienda de Camarones a eso de las 6Hrs. de la mañana, cuando ya comenzaba a despuntar el alba el destacamento chileno  divisa  a cuatro individuos en torno a una ranchería del fondo del valle, estos en actitud de buscar leña y alimento  elementos que presumiblemente serían parte del desayuno del contingente de la guarnición peruana, ante la presencia de los soldados peruanos el capitán Contreras ordena que la guerrilla  comandada por el subteniente Gómez diera alcance a los  cuatro individuos que fueron vistos en las lomas cercanas, el joven oficial chileno y sus hombres descienden  avanzando a paso de trote, llegan al bajo valle donde se topan casi de bruces con parte del destacamento adversario, el que recién salía de la modorra del sueño, aletargamiento interrumpido por los gritos de sus compatriotas y la poca prolija operación de los chilenos, ante  el inesperado desarrollo de los acontecimientos el teniente Dinator ordena formación de guerrilla  con doble espacio a la sección  que estaba bajo su mando e irrumpe los fuegos por la derecha de los peruanos y de esta forma proteger al subteniente Gómez y sus hombres, que podía verse comprometido en la posición en que estaba, sorprendidos los peruanos comienzan a subir en completo desorden, transformada la retirada en una buchangería  por la ladera norte de la quebrada donde el oficial a cargo del destacamento peruano logra organizar la resistencia, haciendo trinchera en rocas, desniveles y pequeñas hondonadas de la empinada ladera, los infantes chilenos hacen fuego en avance, sin desarmar la guerrilla hasta donde la pronunciada pendiente de la ladera norte de la quebrada se los permitió, en tanto  un piquete de granaderos bajó al valle con el objeto de tomar el telégrafo y destruirlo, este se encontraba en un caserón ubicado en los primeros lomajes de la ladera norte de la quebrada y que hacia las veces de cuartel, esta fuerza de granaderos  recibió un nutrido fuego desde las trincheras enemigas que hizo temer por momentos que fuesen totalmente diezmadas, en esa posición hubo que lamentarse la muerte del soldado  Miguel Seda (o Cerda), los granaderos perdieron cuatro caballos, el capitán Contreras envía de refuerzos  el segundo piquete de granaderos, acto que provocó la retirada de las fuerzas peruanas, las que fueron pasadas a sable en el empuje de los granaderos en un desfiladero cercano al cuartel que daba salida del valle hacia el norte, a la retirada los peruanos lograron incendiar el parque de municiones y víveres que tenían, El capitán Contreras ordena un reconocimiento a lo largo del valle, ya viendo cumplida su misión y viendo la posibilidad de que los fugitivos dieran aviso algún destacamento con mayor número de fuerzas  que pudiesen comprometer  a los expedicionarios ordena toque de retirada como a las 8:00 Hrs. P.M., la que se efectúo en completo orden, el destacamento sufrió una sola baja con la muerte del soldado granadero Miguel Seda, además de la perdida de cuatro caballos, los peruanos tuvieron un número no determinado soldados  muertos y heridos, entre los heridos se pudo apreciar se contó al oficial peruano que tenía al mando la guarnición ya que en su retirada se le  divisó  muy maltrecho, después de  esta acción las tropas peruanas abandonaron definitivamente el valle de Camarones.

Cumpliendo con el plan de operaciones trazado por el comando chileno para lo que se denominó la “Campaña Tacna Arica”, al medio día del 25 de febrero de 1880,  una fuerza del Ejército de Chile de 9.500  hombres desembarca en Ilo y Pachocha, sin la más mínima presencia ni resistencia de  fuerzas peruanas, esta acción tuvo un efecto tremendo en la población civil de Arica, la que había sido incrementada  fuertemente con las inmigraciones generadas desde  Iquique y Pisagua.  Al conocerse la presencia del Ejército chileno en Ilo,  las familias ariqueñas comenzaron un éxodo al interior de la provincia con el fin de escapar de los rigores de la guerra, quedando en el puerto  sólo aquellos que  prestaban servicios anexos a las fuerzas militares estacionas en la ciudad, además de algunos comerciantes extranjeros que abastecían al ejército peruano, abusando de su condición de “neutrales” para romper el bloqueo al puerto impuesto por los buques de la Armada de Chile, Arica comenzaba a tomar un aspecto de un gran cuartel militar, ante la ausencia de la población civil  en particular de mujeres, niños y ancianos.

Desde el punto de vista militar como es obvio también obligó a un cambio en los objetivos y planes del alto mando aliado, Piérola ordena la formación de una comisión para el estudio y reforzamiento de las defensas de Arica incorporando también en el trabajo de la comisión las defensas de Tacna, esta comisión quedó integrada por los coroneles Teobaldo Elespurú,  Arnaldo Panizo y capitán de fragata José Sánchez L., fue conocida como “Comisión Elespurú”.

El mismo día que desembarcaba en Ilo la  primera parte del Ejército de Chile que expedicionaria sobre Tacna y Arica,  el monitor “Huáscar”, ahora bajo bandera chilena, relevaba en el bloqueo de Arica al blindado “Cochrane”, este último buque se le comisionó para escoltar  el segundo convoy que transportaría tropa y pertrechos desde Pisagua a Ilo.

Capitán de Fragata Manuel Thomson

 El 27 de febrero  mantenían el bloque de Arica las naves chilenas “Huáscar” y “Magallanes”, Cuando los relojes marcaban  las 8:30 Hrs. A.M. el comandante del “Huáscar” capitán de fragata don Manuel Thomson Porto Mariño, dispone una operación de reconocimiento de los fuertes de la Plaza de Arica, la inesperada reacción del comandante a cargo del bloqueo del puerto de Arica nunca tuvo una explicación exacta, las razones tácticas o estratégicas que el capitán Thomson tuvo en mente para realizar tal acción no quedaron nunca muy nítidas con respecto a que  objetivo táctico o estratégico buscó, sólo el se llevó la respuesta a la tumba, el hecho concreto es que al aproximarse a tiro de cañón de las baterías del Morro el monitor, ahora con bandera chilena, reaccionan ante la afrenta  abriendo fuego en contra del antes invencible buque de su armada,  iniciando de esta forma un intercambio de artillería que duro aproximadamente 50 minutos. Al romper los fuegos las baterías del Morro y ver la arriesgada maniobra del monitor, provoca la inmediata incorporación de la cañonera “Magallanes” al combate, era comandante de la cañonera el capitán de navío don Carlos Condell, el “Héroe de Punta Gruesa”, el sorprendido héroe  rápidamente toma la decisión de secundar al “Huáscar. El mítico monitor “Huáscar” fue alcanzado por un proyectil disparado por las baterías del Morro que le arranco una plancha de su blindaje, acto que de seguro debe haber provocado sentimientos encontrados en los artilleros del Morro, ya que en su mayoría habían combatido en la fragata “Independencia” buque compañero del “Huascar” el glorioso 21 de mayo de 1879; la “Magallanes” había hecho algunos tiros sobre la población,  a las 11:00 Hrs. A.M las naves chilenas se retiran fuera del alcance de los cañones de tierra  como también  de los cañones del monitor “Manco Cápac”,.; al las 12:00 Hrs.  Los buques chilenos  tienen a la vista el tren que se aproximaba al puerto desde la vecina Tacna, hecho que incentiva al capitán Thomson a iniciar un nuevo cañoneo, esta vez, hacia ese objetivo con el fin de destruir el convoy, al verse atacado el convoy ferroviario de inmediato el maquinista con habilidad da marcha atrás a toda maquina para ponerse fuera del alcance de los proyectiles chilenos, cosa que logra, no sufrió ningún daño. Con este acto se reinicia  el  duelo entre los buques chilenos y las baterías de tierra del puerto de Arica, además se incorpora al duelo el monitor “Manco Cápac”; el “Huáscar”  se aproximó bastante a tierra desafiando temerariamente las baterías peruanas esta acción la hizo haciendo fuego sobre la población, en este lance una de las baterías de tierra hizo blanco sobre el monitor chileno, resultaron muerto siete tripulantes y nueve heridos, uno de los siete muertos fue el aspirante don Eulogio Goicolea, y entre los heridos se contó al 2º comandante, teniente 1º don Emilio Valverde y al teniente 2º don Tomás Pérez, las naves chilenas nuevamente se retiran a su fondeadero fuera del alcance de los cañones peruanos. Cuando la tripulación del “Huáscar” se encontraba en las labores de reparación y limpiezas de los daños causados por el combate, se ve que el “Manco Cápac” sale de su fondeadero con la clara intención de acortar distancia para bombardear al “Huáscar”, el buque peruano había reparado su caldera lo que le permitía maniobrar fuera de su fondeadero, la importante reparación fue obra del primer maquinista del monitor señor Thomas Colguhoun, de nacionalidad inglesa.  Se traba combate nuevamente, el comandante Thomson  ordena levar anclas y pone proa sobre el “Manco Cápac” con el fin de atacarlo al espolón, al aproximarse la velocidad del “Huáscar" no fue  lo suficiente para la maniobra que se intentaba, gobernado ambos comandantes  sus buques con real pericia quedan en un momento sólo a unos doscientos  metros  de distancia, trabándose una lucha de fusilería y ametralladoras, a las 2:30 P.M. una bomba  vuela el palo de mesana del “Huáscar” donde se encontraba izado el pabellón nacional de Chile; esta granada en su trayectoria destructora  mató al comandante Thomson que se encontraba en el lugar dirigiendo las maniobras, a pesar de estar herido toma el mando el teniente Valverde, ordena de inmediato  izar el pabellón de Chile en el palo mayor, el combate terminó a las 3:30 Hrs. P.M., el comandante del “Manco Cápac” era el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino.

Capt. de Fragata José Lagomarsino          

En el combate del 27 de febrero, las baterías peruanas efectuaron un total de  254 disparos que se distribuyeron de la siguiente forma: baterías del Morro 193 tiros, su comandante era el capitán de navío  don Camilo N. Carrillo,  las baterías Norte hicieron  50 tiros, su comandante era el coronel  Arnaldo Panizo y el monitor “Manco Cápac” 11 tiros, su comandante era  el capitán de fragata don José Sánchez Lagomarsino; por parte de la división chilena se hicieron un total de  140 disparos,  distribuyéndose en 100 tiros efectuado por el “Huáscar”, su comandante era el capitán de fragata don Manuel Thomson (fallecido) y reemplazado por el teniente 1º don Emilio Valverde, y 40 tiros hechos por la “Magallanes” siendo su comandante el capitán de navío don Carlos Condell.

La ciudad  sufrió algunos daños con el bombardeo, una de las bombas  disparadas por el “Huáscar” cayó en el deposito de carbón del ferrocarril causando un incendio que prontamente fue sofocado, fragmentos de este proyectil   dañaron la tienda del ciudadano de origen chino Manuel Chifu, una esquirla alcanzo al infortunado comerciante causándole la muerte, otra bomba daño las casa de los señores Eduardo R. Puerto y  del señor J.M. Davelsber, causando daños considerables a la propiedad pero sólo susto a sus habitantes, otras propiedades particulares dañadas con el bombardeo fueron la agencia de los señores “Carlos Mackehanne & Cº” y la del señor Gabriel Vigueras, quien salvó providencialmente junto a su amigo el señor Oroma, hubo daños menores en otras propiedades pero de fácil reparación, también el bombardeo causo algunos   daños  al edificio del club de la Unión,  los tiros de las naves chilenas claramente buscaron  hacer blanco en los cuarteles militares.

Conocido el resultado del duelo del día 27 sostenido entre las naves bloqueadoras y las baterías de Arica, el ministro de la guerra  señor Sotomayor ordenó hacer rumbo al puerto de Arica a una división  naval integrada por el blindado “Blanco Encalada”,  el “Angamos” y el transporte “Itata”, la misión de la escuadrilla  era la de llevar los heridos del combate de Arica a Iquique y repatriar los restos del  comandante Thomson y del aspirante Goicolea.

En la mañana del 29 de febrero se da orden de  iniciar un nuevo  bombardeo a Arica, para este fin el “Angamos”, que se coloca a una distancia de 7.000 mt. al suroeste del Morro, rompiendo fuegos desde esa posición sobre los fuertes del inmortal peñón y sobre la población, este cañoneo duro como hasta las 11:30 Hrs. A.M.,  pasado el medio día  como a las  1:30 Hrs. P.M. secundando en el cañoneo al “Angamos” se incorpora a las acciones el monitor “Huáscar”, que prueba los recién instalados cañones “Armstrong” de nuevo sistema, el monitor se ubica a unos 6.000 mts. de distancia de los fuertes  de tierra, de inmediato comenzó la respuesta de parte de las baterías peruanas, pero las del Morro solo cubrían dos tercios de la distancia que los separaba de las posiciones de los buques chileno; en tanto las baterías Norte sólo llegaban a cubrir la mitad de ese espacio, viendo el comandante de las baterías de tierra la inutilidad de su esfuerzo ordenaron el alto al fuego, quedando el cañoneo en forma unilateral por parte de la artillería de los buques chilenos que tranquilamente buscaban objetivos militares en la ciudad, esta operación duró como hasta las 4:30 Hrs. P.M.,  durante el bombardeo cada buque hizo 35 tiros.

Durante la noche cuando las luces del día ya habían abandonado la bahía de Arica, los peruanos intentaron un ataque con lanchas torpederas en contra de los buques chilenos, pero estas fueron detectadas por los vigías de la división naval chilena ahuyentándolos con fuego de ametralladoras y de fusil, hubo  dos intentos más de ataque por torpedos en contra de las unidades chilenas pero fueron rechazada de igual forma con un nutrido fuego de ametralladoras y fusil.

La operación de bombardeo a Arica se repitió los días 1º, 2, 3 y 4 de marzo, el objetivo del mando chileno fue el de medir la eficacia de la artillería de costa puesta en Arica, como también lograr la destrucción de algunos objetivos militares, el segundo propósito era el de provocar la desmoralización de la población civil de Arica como también la de las fuerzas militares estacionadas en la ciudad,  resultaba curioso según testimonio de testigos observar la ciudad desde los buques surtos en la bahía, estaba embanderada en forma multicolor, con los pabellones nacionales de distintos países, cualquier observador que hubiese llegado a la ciudad desconociendo el estado de guerra que se vivía, habría pensado que Arica era una ciudad de extranjeros, pues no se veía ninguna bandera peruana,  a excepción  de la de la cima del Morro y la de los fuertes, la gente puso estos emblemas de países neutrales para evitar ser blanco de los proyectiles chilenos,  acogiéndose a la “neutralidad” de los países a la cual pertenecían los emblemas, era una forma de señalar que eran ciudadanos  de esas naciones.

Al  caer la noche del 1º de marzo las naves bloqueadoras tuvieron a la vista un velero que al pedírsele identificación lisa llanamente no contesto, el “Huáscar” inicio la persecución, por caer ya la noche se suspendió la operación de captura para evitar algún accidente, el buque inglés “Turquoise” sospechando  que fuese un buque de esa nacionalidad pidió por señas  procedencia y destino acto que el velero no contesto, además al caer la noche no prendió los faroles de ordenanza. En la madrugada del día siguiente se reinicia la captura logrando resultados positivos, el velero resulto ser una nave de bandera inglesa llamado “Knight Templar” procedente de Liverpool, efectuada la vista de rigor se descubrió que traía gran cantidad de carbón, explosivos y otras mercancías estimadas contrabando de guerra, por lo que la nave inglesa quedo detenida, para ser enviada a las autoridades chilenas al día siguiente a Pacocha remolcada por el transporte “Toltén”.

El mes marzo de 1880 fue intenso en los duelos de artillería naval en la rada de Arica, el día 17 de ese mes el buque de guerra peruano “Unión” perpetró un acto de audacia que es digno de destacar: El 12 de marzo había salido la corbeta del Callao con la misión de forzar el bloqueo de Arica, como a las 2:00 Hrs A.M., del día 17 llega a la cuadra de Arica, tomando como referencia la oscura silueta que marcaba el Morro que se percibía delante de las escasas luces de la ciudad, se aproxima por el lado sur,  como a las 4:00 A.M.  Se detiene frente a las playas del sector sur del puerto, que dan por detrás del Morro, el comandante de la “Unión” manda un bote al mando del alférez de fragata  don Carlos L. Rodríguez para dar aviso a las autoridades ariqueñas de su presencia en la bahía. El capitán de navío Manuel Villavicencio toma todas las precauciones para evitar a los buques chilenos que mantenían el bloqueo de Arica, al amparo de la oscuridad de la noche entra silenciosamente la nave de guerra peruana, largando el ancla como a las 5:00Hrs. A.M. aproximadamente en el fondeadero. Apenas aclaró las naves chilenas se acercan para verificar la burla de que habían sido víctimas durante la noche, estos eran el monitor “Huáscar” y el transporte “Matías Causiño”, al avanzar el “Huáscar” disparaba de cuando en cuando según se lo permitía su andar en contra de la corbeta, la  “Unión” contestaba la ofensa, el intercambio de proyectiles no impedía la descarga de la preciosa carga de pertrechos que traía la nave peruana para la muy necesitada plaza militar de Arica, la “Unión” entre su preciosa carga traía  una lancha torpedera, la “Alianza” que fue recibida por el  comandante de la División de Torpedistas de la Isla del Alacrán Leoncio Prado y puesta al mando del teniente Dávila. Mientras ocurría esto el “Matías Causiño” fue en procura del blindado “Cochrane”.

Incorporado el blindado al combate, ambas naves chilenas dirigían sus fuegos exclusivamente en contra de la corbeta, omitiendo dispara contra las baterías de tierra y contra el “Manco Cápac”, cuando arreciaba el combate como a las 2:00 Hrs. P.M.,  un proyectil del “Huáscar” de trescientas libras, penetró la cubierta de la “Unión” por encima de la borda, rompiendo en parte dicha cubierta, destrozó cinco carlingas y cuanto encontró a su paso, entre los destrozos que causó la bomba fue la rotura  del tubo de extracción de la caldera de proa.  Otra bomba disparada por el “Cochrane”, penetro la parte inferior de la chimenea, dejando  grandes agujeros en dicha chimenea,  varios fragmentos de esta bomba cayeron en el deposito de carbón que esta delante de los hornos,  se produjeron dos incendios en torno a la caldera, siniestros que fueron rápidamente controlados. Finalmente como a las 4:00 Hrs. P.M., las naves chilenas se retiraron fuera de tiro de cañón, al parecer el mando de la división naval chilena estimó que había dañado seriamente  al buque peruano.   Este alto al fuego permitió desembarcar los 20 heridos y dos muertos que tuvo la “Unión” como bajas en su tripulación, uno de los fallecidos fue el sargento 2º  Luis Hidalgo, apenas  el comandante Villavicencio vio la oportunidad de salir,  a toda maquina  raudamente abandona la bahía  muy pegado a la costa casi tocando la isla del Alacrán,  sorprendidas las naves chilenas de inmediato intentaron  dar alcance a la nave peruana, intento de captura que fracasó por el mayor andar de la corbeta y el auxilio de la noche que en esta oportunidad jugó a favor de los marinos peruanos, en el momento más critico de la persecución  se declaro un incendio en la “Unión” sobre una de las calderas,  este siniestro fue ocasionado por las llamas que salían de la  dañada chimenea,  amagando el palo mayor, el incendio es extinguido por la tripulación de artillería que no laboraba en ese momento.

Duelo de Artillería entre la Escuadra de Chile y las Baterías de los fuertes de Arica

Las baterías de tierra tuvieron una importante participación en el combate; los fuertes  del Morro hicieron 92 tiros, las del Norte efectuaron  21 tiro y  el monitor “Manco Cápac”  4, los tiros efectuados por la “Unión” se calcularon en 20,  se informo que durante el combate un cañón Parrot de 70 libras de la batería del Morro se había roto, por lo que se tuvo que remplazar posteriormente.