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© Hernán Alfredo Lagos Zúñiga, 2003

    Derechos reservados para todos los países.

    Inscripción Nº 132.609, 16/05/2003

    Santiago de Chile 


Si buscas tus raíces, peregrino,

ven al solar de nuestra raza, hermano;

tuya es la luz del genio castellano

 y es común e inmortal nuestro destino.

 

Pan de flor, áurea miel y añejo vino

te brinda nuestro hogar, americano;

 sangre azul, rubio sol, hogar cristiano

y áticas gracias y vigor latino.

 

Ricardo León

 

(A los bravos de Arica)

 

 Introducción

 

El presente libro, pretende ser un homenaje  para aquellos miles de ciudadanos de las repúblicas de Chile, Perú y Bolivia que entre los años de 1879 y 1894 ofrendaron sus esfuerzos, sus energías y muchos sus vidas, en pos de un ideal, el que estaba  representado en sus corazones por el amor a sus respectivas patrias. Patrias hermanas, nacidas del mismo tronco hispanoamericano, pero que sin embargo antes de cumplir un siglo de vida como naciones independientes se vieron enfrentadas como enemigas, y esto, en más de una ocasión. “La guerra del Pacífico”,  o del “Nitrato” como también se le llamó, fue una guerra que marcaría fuertemente a las sociedades de los países beligerantes, condicionando fuertemente la convivencia entre ellas durante todo el siglo XX.

La guerra del Pacífico para Chile le significó tomar conciencia plena de su destino histórico por un proceso de ferviente unanimidad nacional, fenómeno que no se había producido en tal medida en los acontecimientos históricos anteriores, como la guerra por la independencia o la guerra contra la Confederación Perú Boliviana el año 1839. La guerra del Pacífico fue popular y estimuló por igual a todas las clases sociales, y a las distintas regiones del país, este fenómeno sociológico viene a dar razón del porque el soldado chileno aceptó las dificilísimas condiciones geográficas y de recursos con que tuvo que soportar los largos casi 5 años de guerra, soportó con orgulloso estoicismo las marchas por  los incandescentes desiertos hasta las gélidas alturas de la sierra peruana, desde el agobiante calor húmedo del norte peruano, hasta la anómala atmósfera de la puna, soportó las enfermedades  tropicales, la sed y el hambre, para culminar cada movimiento, cada expedición en las gloriosas batallas que dieron brillo a sus lauros.

En tanto la guerra del Pacífico para el Perú representó una guerra de intereses, sólo un sector de su población tenía alguna conciencia de la envergadura del conflicto internacional, tan solo una parte de la clase más culta y acomodada, los más lúcidos, enfrentaron la coyuntura bélica bajo la perspectiva de su propia cultura política y no como una guerra contra otra nación, militarmente actuaron tal como lo habían hecho sus abuelos, padres y ellos mismos en las constantes revoluciones, cuartelazos y asonadas, que afectaban cotidianamente la vida política del país, esta lacra llenó a la sociedad peruana  de caudillismos militares, que no le permitieron la formación de una clase política dirigente cohesionada que posibilitara la conducción de tan rico país por la senda del progreso, afianzando de buena manera las instituciones republicanas, evitando la corrupción en los negocios públicos y los derroches que llevaron a la, casi, bancarrota de  la Hacienda fiscal peruana en los años previos a la guerra y que en definitiva fue uno de los factores determinantes que impulsaron a los gobernantes peruanos a hacer un juego muy peligrosos en su política internacional, la que en definitiva derivó en la guerra. Esta, la guerra, representa para la clase dominante peruana, especialmente la  limeña, la búsqueda nostálgica de un pasado, que giró en torno a  la hegemonía política de Lima sobre las antiguas colonias españolas de Sudamérica, hegemonía que  había perdido sobre sus hermanas repúblicas sudamericanas a la caída del virreinato y jamás recuperado  en su condición de  república a causa de  la independencia hispanoamericana.

La guerra para el pueblo peruano fue tan seccionada socialmente que en infinidad de veces a los prisioneros que hacia el Ejército de Chile se les preguntaba por quien combatían,  la respuesta casi irremisiblemente era por el caudillo que comandaba su Batallón o su División y no por su país, a diferencia del sentido de nación que tenía el soldado chileno. Por ello es que para el Perú  los defensores de Arica representan el alma de su nación.  Bolognesi y sus hombres representaron el honor nacional, no claudicaron al cómodo expediente de la rendición, mantuvieron en alto el sentido del deber y del honor de su país, estaban concientes de la trascendencia de su sacrificio para las futuras generaciones de peruanos.

En la Guerra del Pacífico, la Batalla de Arica representa quizás uno de los hitos más trascendentes de toda la guerra, es por ello que hemos querido plasmar en este libro los acontecimientos ocurridos en la ciudad del Morro desde la declaración de guerra el 5 de abril de 1879 al 7 de junio de 1880, no sólo porque con esta acción bélica culminaba la pérdida de los departamentos sureños del Perú, los que en realidad  ya habían sido perdidos en la batalla de Tacna, sino que lo más trascendente fue que en esta acción tanto peruanos como  chilenos se vieron forzados a mostrar lo mejor de sí mismos como pueblos, el coraje, el honor,  la nobleza, la bonhomía, el espíritu de superación, la lealtad, en fin todos valores que enaltecieron a los beligerantes y que la más de las veces son valores ignorados en la fatídica vorágine de la guerra, donde prevalece de natural el instinto del hombre por depredar, asesinar, destruir todo, y en definitiva aniquilar moralmente al adversario. Sin embargo, también es sabido que en tanta tragedia humana florecen los valores que dan nobleza a la humanidad como la solidaridad, el acto de amor sublime de inmolarse entregando la vida por el prójimo y por la patria común,  la fraternidad, el desarrollo al máxime del compañerismo, el desarrollo de ese sentido de esfuerzo colectivo por lograr el bien común, en definitiva todo el heroísmo que es capaz de mostrar el hombre, los pueblos ante la adversidad sacan  sus buenas aptitudes que en tiempos de paz desgraciadamente la mayor de las veces permanecen en letargo.

La batalla de Arica fue la culminación de un proceso histórico que comenzó a desarrollarse  un año y dos meses antes de la fecha gloriosa del 7 de junio de 1880, fecha en que se enfrenta una élite de Chile y Perú, grupo humano no seleccionado como tal por los altos mandos militares, sino que la providencia quiso ponerlos en una prueba del destino que supieron salvar con grandeza, honor y gloria y que hasta el día de hoy enorgullece a sus respectivos países.

Los gobernantes de Perú y Bolivia, Prado y Daza, respectivamente, deciden  constituirse en Arica y trasformarla en el centro del Comando General para  la conducción de la guerra, es por ello que Arica se ve transformada en poco tiempo en una plaza fuerte, cuyo sistema defensivo se consideraba como uno de lo más avanzados para su época, entendido en el contexto del tamaño de las naciones americanas, las concentraciones de tropa, el establecimiento de la base naval, la actividad política y diplomática darán a la ciudad del Morro un espacio muy importante en la historia de este conflicto bélico. En tanto para Chile, Arica representaba un eslabón fundamental en el contexto estratégico de la guerra, junto con Tacna, representaba el punto de unión de los países aliados, era la puerta que de ganarla le permitiría el dominio relativamente tranquilo de Tarapacá y del Despoblado de Atacama (Antofagasta), además de servirle de base militar fundamental para una invasión sobre Lima que resultase  con cierta certeza exitosa.

El lector encontrará un relato con cierta rigurosidad cronológica de los acontecimientos, como si se tratase de un diario de campaña, la verdad es que se hizo intencionalmente así con el fin de situar a quienes se interesen por el tema en la emoción diaria que vivió la comunidad ariqueña, los mandos militares, los soldados de uno u otro bando y en general los protagonistas y testigos de esa época, todo esto con la idea de humanizar más los relatos históricos para que escapen de las frías estadísticas, fecha sin sentido o menciones de eventos como simples titulares, en este contexto es que se decidió incorporar un anexo con la nómina de los soldados del 4° de Línea que estuvieron presentes en el asalto y toma del Morro de Arica, nómina que va desde la Plana Mayor hasta la 4ª Compañía del 2 Batallón del regimiento, esto a modo de homenaje a los infantes de la República de Chile que participara en tan importante batalla, es decir los soldados de los regimientos;  3° de Línea, “Lautaro” y 1° de Línea “Buín”,  no hay que olvidar que la batalla de Arica fue eminentemente una acción de infantería ya que por las condiciones de sus dispositivos de defensa hacían inoficiosa o poco efectiva la participación más directa de la Caballería y de la Artillería, en esta batalla brilló con excelencia el genio militar del coronel don Pedro Lagos Marchant,  héroe que destacó durante toda la guerra por sus grandes dotes de táctico, aptitud  demostrada en su ya dilatada carrera militar, fue un jefe con sabiduría y de gran ascendencia en el Ejército, institución en la que supo mantener el liderazgo del mando, por lo que siempre supo llevar al triunfo a las fuerzas bajo su mando, destacando con brillo especial en “El asalto y toma de Arica”.

 

 

 

El autor.