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Capitulo I

La crisis económica el inicio del conflicto internacional

 

El gobierno peruano en 1877  cruzaba por la peor crisis económica del siglo XIX, los malos manejos de la Hacienda fiscal lo habían llevado al descalabro económico, el contrato Dreyfus ya no proporciona las divisas   que otrora  dio, muy por el contrario la casa comercial francesa ahora reclamaba  del Estado peruano  importantes sumas de dinero que le habían sido adelantadas en años fiscales anteriores,  el ilusionismo de la prosperidad lograda con el denominado contrato Dreyfus se deshacía como pompa de jabón, el crédito peruano en Europa  y Estados Unidos estaba totalmente cerrado, el estanco del Salitre que implementó el gobierno peruano fue un fracaso, generando el resentimiento de la clase empresarial peruana vinculada al negocio salitrero y el de los inversionistas chilenos e ingleses que explotaban los cantones salitreros de Tarapacá,  este cuadro económico llevó a la otrora prospera República prácticamente a la bancarrota.

La crisis económica en Arica se hizo sentir en variadas formas, uno de sus efecto fue la tensión en las relaciones comerciales entre Bolivia y Perú por el no reembolso de los derechos aduaneros cobrados en la Aduana de Arica por el gobierno peruano, este, tenía el compromiso de  entregar un porcentaje de lo recaudado al gobierno de Bolivia conforme al tratado que existía entre ambas naciones después de la crisis  del “libre tránsito” causada por el contrabando. El déficit de las arcas fiscales del Perú se dejó notar también en la calidad de las otrora suntuosas construcciones fiscales, dejando sus huellas en la reconstrucción de los edificios públicos de Arica, un ejemplo claro de estas circunstancias fue la casa de la Subprefectura de Arica que al reconstruirla después del terremoto de 1877 en sus muros se utilizó piedra de río y desecho de ladrillos, a diferencia de los otros edificios del complejo cívico que usaron ladrillos traídos desde Francia y que llevaban impreso el sello de “G. EIFFEL ET  CIE   /PARIS”, la visión que presentaba Arica  a los ojos del visitante en los años inmediatos a los terremotos esta muy bien expresada en el relato del viajero Albert Davin, teniente de la marina francesa, que por esos años recorrió el océano Pacífico  entre Tierra del Fuego y las Islas de Hawai, pasando por las costas de Chile y Perú además de recorrer la Polinesia, en parte del relato Davin dice de Arica: “Es imposible imaginar un paraje más desolado, un paisaje triste, que el valle de Azapa, al borde del cual el pueblo de Arica congrega sus casas grisáceas. En el valle cabalgan fantásticos  promontorios, cabezas arenosas entre las cuales algunos toques verduscos simulan pequeños oasis. Sin embargo, aquí, como en el teatro,  hay que contentarse con el efecto lejano: olivos de follaje opaco y matas de boj dispersas forman bosquecillos de verdor al proyectarse unos contra otros.  

Arica, junio de 1880 (foto de Spencer)

Arica está edificada sobre un centro de actividad volcánica, y muchos desastres sucesivos han determinado el régimen de construcción de las casas. De muy poca altura, éstas parecen aun más empequeñecidas bajo un peñón de 400 pies de altura, el Morro,  que se alza al sur de la ciudad. Siete u ocho  calles  perpendiculares –mucha de las cuales no tienen nombre (¿quien tiene la certeza de que mañana no estarán en ruinas?)-  atraviesan Arica de parte a parte; orilladas por casas rojizas o azules, están empedradas con guijarros redondos, según la costumbre española. Las terribles lecciones  infligidas  a los habitantes por los terremotos  han dado sus frutos: de tarde en tarde, espacios vacíos permiten a la población acampar en caso de un nuevo cataclismo. Cuando la tierra comienza a estremecerse, todos se precipitan fuera de sus moradas y aguardan, golpeándose el pecho, esperando  lo que el destino les reserva.”

En otra de su parte Davin agrega: “Antaño la ciudad era más importante, a juzgar por las ruinas dispersas por la planicie. El nuevo pueblo no proporcionará sino un alimento mediocre al próximo terremoto. Aún  no han osado los habitantes reconstruir la ciudad sobre sus antiguos cimientos; sin embargo, la audacia no tardará en reaparecer: la gente se acostumbra a todo, incluso a la amenaza perpétua de una destrucción total”. Hasta aquí  el relato del teniente Davin.

La llegada de 1878 no trajo respiro económico al Perú, con esto vino  la complicación de la situación de sus relaciones exteriores que cada vez se dificultaba más, haciendo aparecer en el horizonte los nubarrones de la guerra.

Para entender el inicio del conflicto internacional que derivaría en la guerra de 1879, nos remitiremos  a la Ley firmada por el presidente peruano Manuel Pardo  el 13 de enero de 1873, en que establecía el estanco del  nitrato tarapaqueño; esta medida casi desesperada de las autoridades peruanas pretendía volver a la antigua bonanza generada por las ventas  del guano, buscando en el salitre una nueva fuente de ingreso fiscal que le permitiera superar la crisis de la economía. Para establecer el estanco salitrero por medio de la Ley se dejó  la producción limitada a 4.500.000 qq. españoles  y se autorizaba al gobierno para comprar esa producción a un precio fijo de 2.45 soles el quintal. De esta forma, Pardo pretendía  eliminar el conflicto de interés que existía entre el guano peruano de propiedad fiscal, (comprometido  con el contrato Dreyfus) y el Salitre Tarapaqueño en manos de particulares que hacia competir en los mercados internacionales al Perú contra el Perú.  El proyecto del estanco salitrero consideraba  revenderlo  a aquellos que desearan exportarlo,  con un recargo de 2 chelines y 6 peniques por quintal. Para las oficinas de explotación salitrera situadas en las cercanías del litoral el costo de fletes resultaba soportable;  pero muchas de las ubicadas al interior del desierto no pudieron absorber dicho costo, causando esta dificultad el cierre de varias de ellas, como asimismo las oficinas que explotaban yacimientos de baja ley tuvieron que cerrar  al no poder absorber los costos que significó el establecimiento del Estanco; con el fin de aumentar las utilidades los salitreros decidieron  incrementar la producción, lo que prontamente excedió la demanda haciendo caer el precio en los mercados internacionales en un 25%. A causa  de la crisis del precio del salitre en 1875 el gobierno peruano es autorizado para establecer el monopolio  fiscal del nitrato.

De esta forma los esfuerzos del gobierno peruano por manejar el negocio del salitre se estrellaban duramente  con el negocio privado del fertilizante, que principalmente manejaban los capitales chilenos e ingleses tanto en Tarapacá como en Antofagasta,  y que tenía su  sede  en Valparaíso, la competencia  cada vez más fuerte de la “Compañía de Salitres de Antofagasta”, hacia más difícil al gobierno peruano pretender el control internacional del comercio salitrero. En la desesperación  financiera de la Hacienda fiscal peruana sus gobernantes veían  como una única posibilidad de éxitos en sus planes el aniquilamiento de la firma anglo-chilena, además del sometimiento de los inversionistas al diseño de control comercial que pretendían. Para ello comenzó a promover un entendimiento con el gobierno boliviano con el fin de que pusiese término a los privilegios que poseían las empresas chilenas de la región de Antofagasta, que eran otorgados conforme a los tratados Chileno-Bolivianos de 1866 y 1874.

Los continuos roces entre la república de Chile y la república de Bolivia por la definición fronteriza del desierto de Atacama, sirvieron al presidente peruano Manuel Pardo de pretexto de primer orden para atraer a los gobernantes bolivianos a favor de una alianza entre ambos países,  así  se firma un tratado secreto de alianza entre Perú y Bolivia el 6 de febrero de 1873, en representación de Bolivia firmó el señor Juan de la Cruz  Benavente y por parte del Perú firmó el señor José de la Riva Agüero,[1] las consecuencias directas de este tratado fueron que Bolivia quedó  impedida en los hechos de  poder negociar directamente con Chile y de esta manera resolver las cuestiones pendientes entre ambos países, esta dificultad se generó especialmente por lo dispuesto en el articulo VIII del  tratado secreto en cuestión. El segundo paso del gobierno peruano en el plan para lograr dominar el negocio internacional del guano y del salitre consistía en alcanzar prontamente una suerte de tutela sobre el salitre atacameño, para ello, los dirigentes peruanos consideraban más débiles a las autoridades bolivianas y a sus empresarios, que al fuerte rival que representaban los empresarios chilenos y el Estado de este país mucho más organizado y evolucionado en su vida republicana que sus vecinos.  Para lograr el alejamiento chileno de la industria salitrera atacameña era necesario  generar un conflicto armado entre Bolivia y Chile, lo antes posible, con este objeto el gobierno boliviano debía  denunciar el tratado de 1874,  retrotrayendo todas sus demandas a las reivindicaciones anteriores a la fecha de la firma de ese tratado y  de inmediato había que proceder a la ocupación de los territorios al sur del paralelo 24, con lo que necesariamente provocaría la reacción del gobierno chileno obligándolo a declarar la guerra y de esta forma se pretendía  hacer aparecer a Chile como país agresor, lo que provocaría el embargo de material de guerra en su contra, al ser considerado como país agresor. Esta estrategia requería que se ejecutara con la mayor celeridad  posible para evitar que Chile pudiese retirar los dos blindados que había  encargado construir en los astilleros “Hall” en Inglaterra, dejando  al país del sur de este modo  en desventaja para realizar una operación militar con probabilidades de éxito sobre el desierto de Atacama.

 Los gobernantes peruanos pensaban que de este modo podrían hacer efectivo lo establecido en el tratado secreto firmado con Bolivia,  intentando una mediación entre ambas naciones en conflicto, pero con la presión de los cañones de la Armada peruana, que por entonces  mantenía cierta  superioridad naval en esta zona del océano Pacífico, el plan era sin perjuicio de lograr una alianza con Argentina que para la estrategia global era un “plus”.

Por otra parte a los gobernantes bolivianos les atraía la estrategia peruana, pues, estaban conscientes de la extrema debilidad militar y económica en que se había sumido esa república altiplánica a causa de   la endémica anarquía que reinó en ese país después de los gloriosos días de los  gobiernos del Mariscal Santa Cruz y del general Ballivián. Al adscribir a los planes peruanos los gobernantes bolivianos pretendían frenar la expansión chilena en la zona del desierto de Atacama que cada día era más poderosa a través de sus empresas, mano de obra y capitales, transformado en un núcleo de riquezas minerales, como el  guano, el salitre, la plata, etc. un territorio desértico y casi abandonado  hasta antes de las explotaciones mineras hecha por los chilenos. Según el censo del 10 de noviembre de 1878, la circunscripción municipal de Antofagasta que comprendía: Antofagasta, Salar del Carmen, Mantos Blancos, Punta Negra,  Salinas y Carmen Alto; tenía una población de 8.507 habitantes, de los cuales  6.544 eran chilenos; 1.226 bolivianos, y el resto de otras nacionalidades.

Los planes de los aliados se vieron frustrados principalmente por la  lenta actitud política de los bolivianos, lo que permitió que el gobierno chileno dilatase con acciones diplomáticas los peligrosos cauces de la política internacional de sus vecinos, el problema argentino a momentos parecía que desencadenaría en una guerra, todos los motivos que llevó al gobierno del presidente Pinto a que ordenase acelerar la construcción de dos blindados en astilleros ingleses, el gobierno chileno da órdenes para que el blindado “Cochrane”  saliese de los astilleros W.G. Armstrong, tan pronto estuviese su artillería lista, sin aguardar  la colocación del forro de zinc y madera recomendado por el ingeniero y constructor naval George Rendel; dejando para posteriori los detalles no esenciales para el combate. En octubre de 1875,  el canciller peruano José de la Riva Agüero, enrostraba en comunicación escrita al gobierno boliviano  entre otras consideraciones les decía lo siguiente: “...dos años perdidos en discusiones estériles...”, mas adelante: “...Reforzada como se halla la marina chilena por el blindado que acaba de sacar de los astilleros ingleses y que a la fecha camina hacia el Pacífico será más difícil  evitar el posicionamiento de esa república del litoral boliviano...”.

En 1878 gobernaba  el Perú el general Mariano Ignacio Prado quien había asumido el gobierno el 2 de agosto de 1876 y  el general  Hilarión Daza hacía lo propio en Bolivia, este último se había hecho del poder también en 1876 cuando derrocó al presidente  Tomás Frías de quien había sido ministro de  Guerra. El general Daza en un error de apreciación e incentivado por políticos peruanos de tendencia civilista liderados por el ex presidente de esa nación Manuel Pardo entre otros los señores, Canevaro, José Riva Agüero, José Antonio Lavalle, Manuel Irigoyen, estimó como un signo de debilidad la política evasiva mantenida por el presidente chileno don Aníbal Pinto Garmendia con relación a los temas del cumplimiento de los tratados entre ambas naciones y del hostigamiento que sufrían los chilenos en territorio de Bolivia, el presidente chileno hacia todo lo posible por evitar un conflicto armado, de esta manera creyó el gobernante boliviano que Chile temía una guerra con una triple alianza entre Perú, Bolivia y Argentina. Este error de apreciación lo llevó  a extremar las medidas destinadas al hostigamiento de los chilenos que habitaban Antofagasta y a sus  empresas con el fin de  desmotivar la presencia chilena en esa zona, bajo este prisma ordenó también tomar medidas para recuperar las salitreras para el fisco boliviano, el general Daza  en comunicación al prefecto de Antofagasta señor Severino Zapata le señalaba: “Tengo una buena noticia que decirle. He fregado a los gringos, decretando la reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnoslas por más que se esfuerce el mundo entero. Espero que Chile no intervendrá en este asunto; pero si nos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exigiremos el cumplimiento del tratado secreto. Con este objeto voy a mandar a Lima a Serapio Reyes Ortiz”, nota enviada el 1º de febrero de 1879.  

                                                 

                      Gral. Hilarion Daza                                                                               Gral.   Mariano Ignacio Prado

El presidente boliviano decidió romper el tratado de 1874 suscrito con Chile, y para ello  el 1º de febrero de 1879  dicta  un decreto firmado por él y todos sus ministros, declarando caducadas las concesiones de la “Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta”, el 6 de febrero se notificó a la Compañía y al representante de Chile en La Paz. En la notificación a la Compañía anglo-chilena  se hacia  cobranza de los supuestos derechos adeudados conforme a la ley del 14 de febrero de 1878 en que grababa el quintal  español de salitre en 10 centavos,  el día 11 de febrero se trabó embargo en los bienes de la Compañía por la suma de $ 20.848,13 pesos bolivianos, además se ordenó conducir a la cárcel  pública al gerente de la empresa señor Jorge Hicks y se fijo  remate para el día  14 de febrero de 1879 de todo lo embargado es decir de las oficinas y todos sus bienes.

La reacción del gobierno chileno  fue la de ocupar militarmente el territorio comprendido entre el paralelo 23 y 24, reinvidicándolo a la soberanía chilena, por haber sido denunciado por parte del gobierno boliviano en los hechos el tratado de 1874 y en consecuencia el tratado de 1866 firmado entre los gobiernos de Chile y Bolivia. Chile reivindicaba los derechos anteriores a 1866, por lo que el gobierno ordenó la ocupación  de Antofagasta, la que se hizo efectiva el mismo día 14 de febrero de 1879,  cinco días después del desembarco el primer gobernador chileno de Antofagasta señor Nicanor Zenteno telegrafiaba al gobierno de Chile diciendo: “Todo el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, de mar a cordillera, ha sido ocupado en nombre de la República”; Bolivia declara la guerra a Chile el 1º de marzo de 1879.

 

Aníbal Pinto Gandermía

Por su parte la reacción del presidente peruano Mariano Ignacio Prado fue  la de buscar la mediación, a pesar de las fuertes presiones de los civilistas que por esa fecha no contaban con el fuerte liderazgo de don Manuel Pardo quien había sido asesinado el 16 de noviembre de 1878 en las puertas del parlamento en Lima,  el presidente Prado cede a la presión de los belicistas y decide hacer efectivas las cláusulas del tratado secreto firmado entre Perú y Bolivia en 1873; lo que determinó que el gobierno chileno declarara la guerra a ambas Repúblicas el día 5 de abril de 1879.

Arica en estos acontecimientos pasaría a ocupar un lugar de importancia tanto en las operaciones militares como en la actividad política y diplomática propias de un conflicto bélico; el 7 de abril del año de inicio de la conflagración armada, a tan sólo dos días de declarada la guerra por parte de Chile,  el transporte “Chalaco” desembarcó en Arica  al batallón “Lima” Nº8 de 500 plazas, cuatro piezas de artillería de campaña con 60 hombres, y al regimiento de caballería “Lanceros de Torata” con 200 plazas, el día 9 de ese mes se desembarcaron  4 cañones de grueso calibre de 250 libras cada uno, dos de los cuales se subieron al Morro para ser instalados en las baterías de esa excelente posición estratégica, los otros dos se destinaron  a baterías que se armaban en la playa, días antes habían llegado al puerto dos batallones de guardias nacionales con destino a Tacna, cada batallón constaba de 250 hombres, estos estaban sin armas ni uniformes, se les trasladó a esa ciudad por tren, ahí se les acuarteló en espera que llegasen los pertrechos necesarios que venían  en el  transporte “Chalaco”. Según el corresponsal del diario el “Comercio” de Lima  da como fecha de arribo del buque de transporte “Chalaco” el día  5 de abril en el puerto de Arica donde  desembarcó gran cantidad de pertrechos para continuar a Pisagua al día siguiente, el corresponsal al respecto dice “... Al día siguiente viajó (el “Chalaco”) a Pisagua donde desembarcó el Batallón “Puno”,  media batería, el general La Cotera y muchos caballeros voluntarios de Tacna con sus “Winchester”, entre ellos, Blondell, el doctor Oviedo, etc. Los “rotos” habían estado allí como a las cuatro de la mañana, pero el buque regresó a Arica sin novedad”.

Desde los primeros días de abril de 1879 empieza una febril actividad  en la ciudad puerto, el prefecto del Departamento de Tacna era el coronel Carlos Zapata y Subprefecto de Arica era  don Fermín Federico Sosa, por ese entonces Arica era provincia del  Departamento de Tacna. [2]

La instalación de las baterías fue encomendada al Coronel de artillería don Arnaldo Panizo. El día 9 de ese mes se nombra Comandante General de Baterías y Fuerzas de la Plaza de Arica al Contralmirante don Lizardo Montero Flores que hace su arribo al puerto el día 13 de abril a bordo del “Talismán” acompañado de 19  Jefes, 30 Oficiales y 40 voluntarios de “elevada posición social”, este personal se alojó en el hotel “Colón” y en las casa de patricias familias ariqueñas, a los  Jefes de más alta graduación se les dispuso la casa de la subprefectura, las tropas fueron acuarteladas en el cuartel de Celadores (policía), la cárcel que estaba ubicada al lado de este cuartel también fue habilitada como cuartel militar, la recova  fue otro lugar que se adaptó para cuartel militar, cuando aumentó el contingente se ocuparon algunos sitios vacíos cercanos  al cementerio donde se levantaron carpas de campañas pero las más fueron ramadas formadas con  cañaveral y hojas de matas de  plátano que servían de cuadras a los soldados;  el buque traía 410 bultos con pertrechos militares, armas y víveres, entre el armamento llegado en el “Talismán” venían los cañones  “Voruz” de 70 libras y Parrot  de100 libras.

Contralmirante Lizardo Montero F.

El Comando General dispuso las fortificaciones de Arica en el borde costero norte de la ciudad en el lugar denominado “La Chimba” hasta la desembocadura de del río San José, con el objeto de proteger la bahía y la ciudad de bombardeos a corta distancia de buques enemigos,  como también con el fin de evitar un desembarco de tropas por ese sector, el que se consideraba más apto para ese objeto, el primero de estos ingenios militares se ubicó en la ladera norte  de la desembocadura del río San José sobre un pequeño barranco que formaba la topografía del sector, dándosele  el nombre de fuerte “San José”,  poco más al sur  de la desembocadura, a unos 500 mts. al norte de las últimas casas de la ciudad, en el sector denominado  “la Chimba”, fueron ubicados los fuertes “Santa Rosa” y “2 de Mayo” el Comando General también ordenó artillar el Morro, estas fueron las primeras  instalaciones  militares de importancia de la plaza fuerte de Arica; se sumaron al coronel Panizo en este trabajo los ingenieros militares, coronel Juan Nolberto Eléspuru y el teniente coronel Castillo, llegados junto a Montero en el “Talismán.”

 Para el día 20 de abril  se esperaba en Tacna una vanguardia de las tropas bolivianas  de 1.500 hombres  bajo el mando del general Narciso Campero, estas tropas eran un adelanto del total de 4.000 soldados que había comprometido el general Daza conforme a la alianza establecida por Perú y Bolivia, el presidente boliviano llegó días más tarde con el resto de la tropa, así se iniciaba los febriles días  de la guerra del Pacífico, en la estratégica ciudad del Morro y que no cesaría hasta ser verificada la toma de Arequipa, la firma del tratado de Ancón y el retiro de las últimas tropas de ocupación chilenas desde territorio peruano en agosto de 1884.

El 2 de  mayo de 1879 tiene un especial significado para la ya militarizada Arica, era la fecha de conmemoración  de la derrota de la escuadra española  comandada por el almirante  Casto Méndez Núñez en el puerto del Callao el año  1866, el contralmirante Montero era considerado un héroe de esa jornada donde había actuado como comandante del buque “Tumbes” que apoyado por las poderosas fortificaciones  de tierra resistió como batería flotante el alevoso ataque de la escuadra española, cuando ocurrieron esos hechos era presidente  del Perú el entonces coronel Mariano Ignacio Prado, por una notable coincidencia el destino nuevamente ponía a estos dos altos oficiales en responsabilidades tan altas para con su patria, donde de nuevo Prado,  ahora general, ocupaba  la máxima  jefatura del Estado y Montero el mando en jefe de la más importante Base Naval del Perú de ese momento.

El contralmirante Montero  había ido a visitar al general Daza el  30 de abril a Tacna  con el fin de darle la bienvenida a nombre del gobierno peruano y le invitó a los actos conmemorativos del 2 de Mayo a efectuarse en el puerto de Arica, Daza retribuye la visita de Montero, el contralmirante con una guardia de honor  fue a recibir a su invitado  a la estación de pasajeros del ferrocarril. Después de recorrer los lugares más notables de la urbe, se le ubica alojamiento en el departamento principal de la Aduana (casa de la subprefectura), donde se sirvió un espléndido almuerzo.

Ciudad de Tacna 1880

Hecha la sobremesa el marino invita a su ilustre huésped a recorrer las baterías y presenciar un ejercicio de  fuego. La visita se inició en el fuerte “San José” donde se  analizó la calidad de las instalaciones recién hechas de las baterías de ese fuerte, se continuó en los fuertes aún en construcción, “Santa Rosa” y “2 de Mayo”, donde estaban próximas a ser colocadas las piezas de artillería destinadas a esos lugares, terminada  la revista a los fuertes de la costa, la comitiva se dirigió a las baterías emplazadas en la cima del Morro, donde se realizaría las practicas de tiro. Para efectuar el ejercicio se había dispuesto una pequeña lancha como blanco, este objetivo se ubicó a unas tres millas de distancia, el honor de dar mecha al primer tiro le correspondió al general Daza que desde ese momento no disimuló  su satisfacción y alegría, se dispararon quince tiros cada vez acotando con mayor exactitud la precisión de los tiros hasta que el último dio en medio de la pequeña embarcación hundiéndola instantáneamente.

Ahí  no tuvo límite al entusiasmo  del general Daza, dando un efusivo abrazo y palmoteadas en la espalda al jefe de la batería, luego se dirigió  donde se encontraba  muy erguido y orgulloso el cabo de cañón con cuatro sirvientes de pieza, recompensándolos con unas monedas de oro, pero en el acto el contralmirante  Montero se opuso cortésmente al gesto del mandatario boliviano y recompensó el mismo con largueza  al personal de la batería.

Concluyeron los actos conmemorativos con un desfile de honor en la explanada que daba frente al edificio de la Aduana y al anochecer se sirvió una abundante cena.

El 19 de mayo de 1879 llegó a Arica el presidente peruano Mariano Ignacio Prado con el título de “Supremo director de la Guerra” estableciendo su Cuartel General en el puerto;  el presidente peruano con un permiso del Congreso del Perú llega a tomar el Comando General de la Fuerzas Aliadas en los Departamentos del sur, cargo que le correspondía conforme a los acuerdos de alianza firmado por las repúblicas de Bolivia y Perú, por desarrollarse las acciones militares en territorios peruano. Desde fines de abril  el presidente boliviano general Hilarión Daza iba y venía desde las ciudades de Tacna y de Arica coordinando la instalación de la guarnición boliviana en la zona, el día del arribo al puerto del presidente peruano encabezaba las tropas bolivianas  con un regimiento de elite, considerado una suerte de guardia pretoriana del mandatario altiplánico, denominado  Batallón Primero de Línea  “Los Colorados” que el decir popular bautizó como “Los Colorados de Daza”; con la presencia del general Prado en Arica quedaba estructurado el comando aliado para las operaciones militares en Tarapacá y  Atacama; Arica  así se transforma en el centro de operaciones del Ejército Aliado, refugio de la Escuadra peruana y Base Naval.

 

Soldado del Batallón "Colorados"

Las primeras actividades del comando en jefe del gobernante peruano consistieron en una revista a las concentraciones de tropas entre  Iquique y Tacna, verificó las instalaciones militares  de las costas, retornando  a Arica  el 4 de junio, donde comienzan a sucederse las Juntas de Guerra de los Jefes del Ejército Aliado, donde se acuerdan los planes de campaña, la ejecución de operaciones, los abastecimientos, etc.

Arica sirve de Base Naval  a los buques de la Armada  del Perú esta tiene una gran importancia, pues, la primera fase de la guerra se caracterizó por la lucha de los beligerantes por lograr el dominio del mar, esta fase de la guerra del Pacífico concluyó con la captura del monitor “Huáscar” el 8 de octubre de 1879, en punta de Angamos, acción donde perdió la vida el comandante de la nave peruana almirante don Miguel Grau, combate naval que se verifico a la cuadra de Mejillones.

La primera incursión  de buques de guerra chilenos a las costas de Arica se verificó el día 20 de abril de 1879 cuando el blindado “Cochrane” al mando del Capitán don Enrique M. Simpson y  la corbeta “Magallanes” retornaban de  una misión al puerto de Mollendo encomendada por  el Comandante en Jefe de la Escuadra chilena Almirante don Juan Williams Rebolledo.  A las  03:30  A.M. de ese día  entre Ilo y el morro de Sama  los buques chilenos avistaron un vapor, dándole caza  lo identificaron como el “Itata”  por el cual se enteraron que “La Unión” y “La Pilcomayo” se encontraban en el norte como a 40 millas del Callao retornando a la primera Base Naval  del Perú, como a las 05:00 P.M.  las naves chilenas estuvieron a tiro de cañón de las baterías del Morro de Arica, desde cubierta se pudo apreciar  como se montaban cinco cañones de grueso calibre en el

Blindado "Almirante Cochrane"

promontorio tutelar del puerto, tres de los cuales estaban destinados a la defensa de la rada y dos de ellos apuntaban al Oeste;  el “Cochrane” y la “Magallanes” avanzaron hasta ponerse a 1.000 mts. de distancia de las baterías de tierra presentando su costado en un acto de provocación  con el fin de medir  las instalaciones de artillería que efectuaban los peruanos, esperaron hasta que cerrara la noche no obteniendo ninguna reacción por parte de los artilleros  de la plaza fuerte de Arica, a pesar de  que las baterías del Morro dominaban  las cubiertas de los buques chilenos en un ángulo de 7º de depresión, al  noreste se detectó otra batería pero que tampoco tuvo reacción alguna, en la Isla del Alacrán se observó  la existencia de un parapeto de artillería en construcción, pero no había ningún cañón en ese emplazamiento, la escuadra chilena verificó que no había ningún buque de guerra peruano en la bahía, solamente  cinco barcos extranjeros, entre los que se encontraba el barco de mantención del cable submarino, concluido el reconocimiento el capitán Simpson  comandante del “Cochrane” ordenó tomar rumbo al sur, de esta incursión de buques de la Armada chilena a aguas ariqueñas se puede deducir que a esa fecha de abril aún no se encontraban en condiciones de combatir las defensas del puerto de Arica.



[1] Ver anexo N° 3

[2] Por ley del 16 de junio de 1875, al antiguo Departamento de Moquegua  se le dio el nombre de Tacna, y la provincia de Moquegua fue elevada al rango de Departamento Litoral, el Departamento de Tacna quedó integrado por las Provincias de Tacna capital Tacna, Tarata capital Tarata, y Arica capital Arica, la provincia de Arica estaba integrada por seis distritos,  Arica, Belén, Codpa, Livilcar, Lluta, y  Socoroma.