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Capitulo II

La guerra del Pacífico

 

·        Primera etapa de la Guerra

 

 

Queda establecido el Cuartel General del Ejército Aliado en Arica y con ello  la presencia en la ciudad de los mandatarios de las repúblicas de Bolivia y Perú, encabezando el comando en jefe de las Fuerzas Aliadas el mandatario peruano conforme a las cláusulas del tratado secreto. Así, comienza la primera etapa de la guerra del Pacífico, etapa que a su vez es posible subdividir en dos periodos muy definidos,  el primer periodo es el de la guerra marítima en la cual la marina peruana mantuvo paralizadas las operaciones militares chilenas y duró hasta la captura del monitor “Huáscar” y la subsecuente muerte de su comandante el Almirante don Miguel Grau en Angamos, el segundo periodo corresponde a las operaciones  terrestres en el Departamento de Tarapacá, termina  este periodo con la pérdida del Departamento sureño por parte de los aliados después de la batalla de Tarapacá; la segunda parte de la primera etapa de la guerra del Pacífico se inicia con la caída del poder de los mandatarios de los países aliados y concluye con el asalto y toma del Morro de Arica.

El Almirante Montero inmediatamente asumida la Jefatura de la Plaza, toma personalmente la dirección de la construcción destinadas a la defensa de Arica, que habían sido encomendadas al coronel Arnaldo Panizo, estas construcciones se habían visto algo estancadas por la falta de recursos materiales y humanos, Montero mejoró en parte el diseño de los fuertes de la costa y los del Morro, en este último determinó  la construcción  de un fuerte de estructuras de mampostería sólida conforme al diseño francés en boga en las construcciones militares de la época, el proyecto constaba de cuatro grupos con cuatro baterías cada uno,  de los que solamente se concluyeron dos de los cuatro proyectados.

El sistema defensivo de Arica quedo conformado por las baterías del Morro, que se dividieron  en batería Alta y batería Baja, la primera estaba  integrada por dos fortines construidos sobre  zanjas excavadas en la roca viva, los matacanes, los blocaos de los cañones, las santabárbaras, fueron construidos en mampostería de cemento con piedra bolón de río y ladrillo cosido, estos fortines estaban intercomunicados por galerías subterráneas talladas en la roca viva, donde se ubicaron los dormitorios de los servidores de las baterías y almacenes de vituallas; los cañones estaban empotrados sobre un sistema de rieles que les permitían girar en 360º , pudiendo disparar  en cualquier dirección, el fortín ubicado más al sur de la explanada de la cima que protegía la costa de ese sector de Arica en un ángulo que daba un campo de tiro desde la playa Miller  hasta cruzar sus fuegos con la batería Baja en un punto poco mas al norte de la Isla del Alacrán, conformación geológica que quedaba bajo el manto protector de estas baterías.  El fortín tenía 3 cañones un Vavasseur de 250 libras y dos Voruz de 70 libras, el segundo fortín ubicado al centro de todo el sistema defensivo de la cima del Morro era el principal, pertenecía a la batería Alta, era de igual calidad en su construcción, al centro de este fortín se encontraba la atalaya de mando que consistía en una  torrecilla  construida en hormigón armado, y que daba una visión completa de casi el 90% del sistema de defensa del puerto, lugar desde donde el comandante de baterías impartían órdenes sobre la base de señales de bandera y de bocina, este fortín tenía cuatro cañones, dos Vavasseur de 250 libras, y dos Parrot de 150 libras.

Batería Alta, Morro de Arica 

(Foto 1879, encontrada en Cuartel General, 7 de junio de 1880)

La batería Baja ubicada al norte de la plazoleta formada en la cima dando frente a la ciudad la integraban dos secciones, una ubicada en el extremo más septentrional del peñón  que daba campo de tiro sobre la rada y la ciudad,  cubriendo  con un manto de protección a los fuertes de la costa, este fortín tenía   un cañón Parrot de 100 libras y dos Voruz de 70 libras, la otra sección de la batería Baja que estaba  casi en el acceso al la plazoleta de la explanada era un fortín con un Parrot de 100 libras y dos  Voruz de 70 libras, su objeto era dar protección de artillería a las trincheras  y parapetos del sector norte  que iban  desde el fuerte “San José” desde el lugar de avanzada “Del Chinchorro” al fuerte “Ciudadela”, cruzaban el campo de tiro con los cañones de este último fuerte, los cañones de la Batería Baja estaban colocados a barbeta, los blocaos de estos cañones estaban formados por la roca  viva y portalones de gruesos maderos de roble fijando la base del cañón con gruesos pernos de acero empotrados a la roca, estos cañones eran de dirección de tiro fijo, solo se regulaba su “alza prima” por medio de un tornillo “sin fin”, los matacanes de protección lo formaban sacos de aspillera de cáñamo rellenos con arena, tenían cuatro hileras de alto,  esta batería  ubicada al norte de la explanada de la cima del Morro no fue terminada como los fortines de la batería Alta, por la falta de fondos, por lo que de esta forma fueron encontrados por los soldados chilenos  el memorable 7 de junio de 1880, en la batería Baja estaba  ubicado el mástil de honor para la bandera nacional, se dispuso este sitio porque era más visible desde la ciudad y

  

Ruinas de las defensas "Explanade - Morro gordo", Morro de Arica

también desde la rada, el fuerte del Morro tenía otras construcciones, eran unas  casetas  de unos 6 mts. de ancho por  unos 15 mts. de largo que servían de oficinas a la oficialidad, los muros de estos recintos también eran de mampostería de cemento y piedra bolón de río, estas instalaciones fueron construidas semi subterráneas, con el fin de dar menor blanco  a los proyectiles enemigos, una de estas construcciones se encontraba  a la entrada  a la plazoleta que daba al camino de herradura que subía por el costado norte del peñón a espalda de la segunda sección de la batería Baja, otras dos fueron construidas más al sur en unos montículos existentes allí con la finalidad de servir de cuadras de la oficialidad y defensores encargados de las trincheras y parapetos que protegía ese sector que formaban el sistema de  defensas hasta unirse al reducto de “Cerro Gordo”.

Bateria Baja, Morro de Arica 

(Foto 1879, encontrada en Cuartel General 7 de junio de 1880)

El sistema defensivo de Arica también contempló la ubicación de baterías en la playa  norte de la ciudad, que abarcaba hasta la desembocadura del río “San José”, estas instalaciones militares fueron tres, las que recibieron el nombre de fuerte “Santa Rosa", “Dos de Mayo” y “San José”, 

Fuerte "San José"

el primero de estos fuertes, el “Santa Rosa”, lo forman dos cañones  Vavasseur de 250 libras, estos estaban sujetos sobre dos rieles de deslizamiento los que a su vez se empotraban en un sistema de rodillos que le permitían  un giro de 180º,  cada cañón tenía a un costado  la “santa bárbara” construida en subterráneo, con una techumbre muy sólida formada por  rieles y cemento/cal,  los matacanes  en su base eran de cemento y piedra de río, sobre este  se colocó tres filas horizontales de sacos de aspillera de cáñamo, la cara que daba  al mar fue cubierta con champas de barro que con la humedad del sector pronto se recubrió de grama salada, vegetal característico del borde costero ariqueño, lo que daba un perfecto camuflaje a las baterías. El segundo fuerte del sector costero  era él  “Dos de Mayo” ubicado poco más al norte, este fuerte lo componía un cañón  Parrot de 150 libras, este fortín  tenía las mismas características de construcción que el “Santa Rosa”,  estos fuertes estaban unidos entre sí por trincheras cavadas  en la tierra y protegidas por sacos con arena, estas trincheras llegaban hasta el muelle por el lado sur. Por último en la defensa costera estaba el fuerte “San José” que fue construido en un pequeño promontorio en la ladera norte de la desembocadura del río del mismo nombre, este  fuerte lo conformaban dos cañones, un Vavasseur de 250 libras y un Parrot de 100 libras.

 

                         

       Batería "2 de Mayo"                                          Batería "Santa Rosa"      

                                                                                            (al fondo se ve la Batería "2 de Mayo")

Consciente el mando aliado de la importancia marítima de Arica toma la decisión de establecer aquí, la  Primera División de Torpedistas, la que dependía del Estado Mayor General del Primer Ejército del Sur con asiento en Arica. La  División estaba subordinada directamente al Coronel Jefe Superior de la Plaza de Arica y comandante General de Baterías, esta división  tenía su cuartel en la Isla del Alacrán, la dotación estimada era de 25 hombres contando desde el primer jefe hasta el último marinero, el mando le correspondió al Comandante de Artillería don Leoncio Prado secundado   por el ayudante alférez de batería don Pedro José  Ureta, el cuerpo de oficiales lo componían el alférez de batería Aurelio Cárdenas, Manuel Cabello, Luis Azcarate y guardián de 1ª clase José María León; marineros de la dotación de la división eran: Francisco Molina, Manuel Zúñiga, Manuel Rodríguez, Carlos Ocega, Marcos González, Raimundo Flores, Manuel Díaz, Carlos Quevedo, Manuel A. Zúñiga, Ángel Fuentes, Belisario Guevara.

 

La misión de este destacamento fue la de servir de antemuro defensivo ante un intento de desembarco suicida por parte de los chilenos.

El 20 de Mayo llega el convoy que traía desde el Callao hasta Arica al presidente del Perú Mariano Ignacio Prado y  que además trasladaba pertrechos de guerra, el convoy estaba integrado por los transportes “Oroya” buque insignia del presidente peruano, el “Chalaco”, y “Limeña”, eran protegidos por el monitor “Huáscar”  y la fragata blindada “Independencia”. Por  órdenes verbales de parte del señor General Director de la Guerra, el general Mariano I. Prado, los dos blindados peruanos siguen rumbo al sur, con la misión de romper el bloqueo del puerto de Iquique. El encuentro con las naves chilenas bloqueadoras, la corbeta “Esmeralda” y la goleta “Covadonga”,  se llevó a cabo el 21 de mayo en la rada de ese puerto, estas naves de guerra eran de madera, ambas habían sido construidas en astilleros de Inglaterra y España respectivamente en la década del ’50 del siglo XIX. El Almirante Williams Rebolledo había zarpado con el resto de la Escuadra chilena al norte con el fin de sorprender a la Escuadra peruana en su base del puerto del Callao,  comisionando a los débiles buques del bloqueo de Iquique; aproximadamente a las ocho de la mañana el vigía de la “Covadonga” da la alarma de dos humos que se veían al norte, rápidamente  los comandantes Prat y Condell se dan cuenta que eran los blindados peruanos “Huáscar” e “Independencia”, el combate se traba entre el monitor peruano “Huáscar” y la vieja corbeta chilena “Esmeralda”,  la justa duró dramáticas tres horas y cuarenta minutos, aproximadamente, donde el heroísmo y sacrificio de los marinos chilenos hizo gala, dejando una profunda huella en el pueblo chileno que sería elemento catalizador y generador de una fuerza incomparable para soportar los sacrificios que demandaba una conflagración  armada como la que se veía enfrentado Chile y dio la fuerza espiritual necesaria para coronar las aras de la patria con la victoria final, el espíritu  del heroísmo de Prat, Condell y sus compañeros en Iquique y Punta Gruesa perdura hasta hoy en todas las ciudades y pueblos de Chile. El combate entre el “Huáscar” y la “Esmeralda” es recio; su capitán don Arturo Prat Chacón muere en la cubierta del buque peruano al intentar el abordaje. Después de tres envestidas al espolón por parte de la nave comandada por el noble marino peruano don Miguel Grau se hunde la vieja “Mancarrona”[1] a las 12:10 Hrs. de ese día.

En tanto la “Covadonga”  como el transporte “Lamar” habían  salido rumbo al sur perseguida por la corbeta “Independencia”, la goleta chilena en su retirada hacia fuego para dar oportunidad al transporte de escapar, cosa que logró sin mucha dificultad, el buque comandado por el capitán Carlos Condell de la Haza, toma rumbo al sur muy apegado a la costa, en su persecución  en forma muy imprudente el capitán de navío Juan Guillermo Moore comandante de  “La Independencia” sigue las aguas del buque chileno cuando intentaba dar alcance a toda máquina y embestir al espolón a la nave chilena, encalla en una roca sumergida a la cuadra de Punta Gruesa, la roca sumergida rajó el casco blindado de la fragata peruana como  si hubiese sido una gigantesca navaja, Condell ordena a los fusileros de cofa barrer la cubierta del dañado buque  y dispara con la artillería del buque, con el fin de obligar la rendición, Moore arría la bandera, y el buque chileno emprende aguas rumbo al puerto de Tocopilla sin prestar auxilio a los náufragos en prevención de ser alcanzado por el monitor “Huáscar”.

Grau  recoge los náufragos de la “Esmeralda” y los lleva a tierra en calidad de prisioneros los encabezaba el teniente Luis Uribe Orrego, último comandante de la “Esmeralda”, solamente habían sobrevivido 57 tripulantes de la gloriosa corbeta de los 198 que habían iniciado el combate, el comandante Grau ordena lo propio con los muertos entre los que estaban los cadáveres del Capitán Arturo Prat Chacón, del Teniente Ignacio Serrano Montaner y el sargento Juan de Dios Aldea gravemente herido, al verse desde Iquique los humos de Punta Gruesa  se presumió en ese puerto el hundimiento de la “Covadonga” por lo que Grau envía un propio a través del cable submarino al General Prado a Arica, en que da cuenta del hundimiento de los buques chilenos,

A pesar de la pérdida de la fragata “Independencia” la Armada del Perú continuaría  dominando las operaciones marítimas, después del combate naval del 21 de mayo el “Huáscar” retorna a su base del puerto de Arica con el fin de reparar algunos daños menores causados durante la contienda, se detiene el 2 de junio en el puerto de Pisagua desde donde  el capitán Grau  envía a la viuda de Prat una emotiva carta y algunas pertenencias personales del malogrado capitán de la “Esmeralda”. En Arica el monitor  se reparan de las averías sufridas en Iquique el 21 de mayo de 1879 según relación encontrada después de la toma de Arica en junio de 1880, parte de la documentación dejada por Montero en el cuartel general del puerto versaba así:

 

 

SECRETARIA JENERAL DE SU EXELENCIA  EL SUPREMO DIRECTOR DE LA GUERRA

                                                                      Arica, junio 4 de 1879

 

 

Señor Comandante General de Baterías y Fuerzas de la plaza de Arica, Contralmirante Dn Lizardo Montero.

 

 

Habiendo tomado noticias su excelencia el Supremo Director de la Guerra, de las averías del monitor “Huáscar” en el último hecho de armas en el puerto de Iquique, ordena a US. Iniciar los trabajos; quedando al arbitrio de US. los medios a utilizar con el fin de acelerar el zarpe lo antes posible de esa nave. Remito  relación  enviada por US. con detalle de averías sufridas por monitor “Huáscar”, documento  tiene visto bueno de su excelencia el Supremo Director de la Guerra para el uso de la caja, US. ordenará a quien corresponda las medidas para solventar los gastos que de a lugar.

 

 

 

 

                                                                                                Mariano Álvarez

 

 

 

RELACIÓN DE LAS AVERIAS DEL MONITOR “HUÁSCAR”

 

1ª DIVISIÓN NAVAL

 

Una Bomba.- Al pie de la roda del lado de babor, la que abrió un boquete de cinco píes de alto por tres de ancho, destrozando los breques y produciendo incendio en el interior del castillo, que fue apagado veinte minutos después.

Una Bomba.- Que rompió el quindaste del palo trinquete a babor.

Una Bomba.- Que atravesó el palo trinquete banda a banda al pie de la fogonadura llevándose la brazola de la escotilla del sallado de la torre y atravesando el mamparo que divide dos sallados, donde principió a producir incendio, pero fue apagado en quince minutos.

Una Bomba.- Que chocó  en la torre al pie de las portas, donde estalló moviendo un poco la unión de las planchas y haciendo salir unas líneas  a los pernos próximos a ese sitio.

Una Bomba.- Que destrozó  el sombrero de uno  de los ventiladeros del sallado de proa.

Cuatro píes de la línea de agua a la distancia de cuatro píes de la roda, se encuentra una plancha rasgada en toda su extensión  transversal y cuatro pulgadas de la inmediata por efecto de los espolonazos. Las cubiertas, puentes, amuradas, toldillas, arboladuras, chimeneas y embarcaciones se encuentran completamente acribilladas de balas de ametralladoras y de rifles “Comblain”, así como las torres  carrozas, ventiladores, etc.

 

 

                                                                                          MIGUEL GRAU

 

 

Vo. Bo.   MARIANO IGNACIO PRADO, Presidente de la República del Perú.

 

 

 

El 21 mayo  el presidente boliviano aun permanecía en Arica pues había viajado el día anterior desde Tacna para dar la recepción a su aliado, el general Prado. El general  Daza permaneció un día más en Arica para convenir con el Presidente peruano la estrategia que iban a adoptar los ejércitos aliados.

A las 3 de la tarde llegó un bote de Iquique con la noticia de que se había obtenido un triunfo sobre los barcos chilenos. El “Huáscar” había hundido a la fragata “Esmeralda” y el “Independencia” estaba en persecución de la cañonera “Covadonga”. Cundió un entusiasmo indescriptible, de inmediato se dio la orden de retransmitir la información a Lima y La Paz. Como a las 4 P.M. llega el propio de Grau a Prado confirmando el triunfo del “Huáscar” y de la “Independencia” sobre los buques chilenos; la alegría en el puerto sede del Cuartel  General Aliado es descollante, se echan al  vuelo las campanas, los vecinos alborozados salen a las calles con gritos de ¡Viva el Perú! y otras consignas patriotas, los soldados acantonados en la ciudad se abrasan y dan muestras de indescriptibles muestras de alegría, sin embargo el alborozo ariqueño durara unas pocas horas cuando un nuevo propio del capitán Grau da cuenta de la pérdida de la fragata “Independencia” en Punta Gruesa, de la alegría, la población ariqueña pasa al silencio del duelo, los cuarteles callaron quedando en el ambiente una atmósfera lúgubre, marcando un verdadero estado de duelo. Esa noche, cuando los presidentes discutían la manera de iniciar la campaña terrestre, llegó otro bote. Todos creyeron que venía a avisar del fracaso de la “Covadonga”, la esperanza que había estado rondando en todos los corazones se trocó en amargura. La noticia era la confirmación de pérdida de la corbeta “Independencia”. El propio de Grau confirmaba que el blindado peruano había chocado contra unos arrecifes, quedando completamente inutilizado. Con esta enorme desgracia la flota peruana quedaba en completa inferioridad en su potencial de fuego. No le quedaba nada más que el “Huáscar” como única nave capaz de hacer algún daño a la flota chilena, un tiburón solitario frente a enemigos más poderosos.

El 26 de mayo se resuelve que el General Prado se traslade a Iquique. El general Hilarión Daza expone  que a él le correspondía ponerse a la cabeza de las tropas que estaban en el departamento de Tarapacá, pide que se le proporcionase el transporte “Chalaco” para ir con los batallones. “Daza” (Colorados) y “Sucre” (Amarillos). Sin embargo el general Prado con mucha diplomacia hace ver al gobernante aliado   que a pesar de la importancia que tendría la presencia presidente boliviano allí, él creía que debía ir primero como gobernante del territorio donde se efectuaba la  concentración, no en pos de gloria, sino para asegurar los víveres que debían acumular. Por esos días se prepara todo el ejército aliado en las provincias sureñas del Perú para una larga campaña; el general Prado promete a Daza que tan luego como hiciese los arreglos pertinentes regresará para que él marchase al departamento de Tarapacá. A las 7 de la noche de ese día se embarcó el General Prado rumbo a Piragua en  el mismo barco viajaron dos unidades bolivianas acompañándolo el “Victoria” y “Francotiradores” que iban destinados a ese puerto.

En tanto  la actividad de preparativos bélicos no cesaba en la zona el 28 de mayo el general Daza  salía de Tacna para Pocollay con el fin de abrazar y saludar a la Cuarta División (tropas cochabambinas, de la capital y las provincias). Estas tropas acuartelaron en ese poblado por estar en mejores condicione que en los ya estrechos cuarteles  de Tacna.

 El general Prado está de regreso en Arica después de su visita a las guarniciones del departamento de Tarapacá el 4 de junio, por telegrama se comunica a Tacna de su retorno. En tanto el general Daza se afana en la preparación de su ejército haciendo ronda a los  cuarteles de Tacna en la mañana y en la noche. Ese día   el mando boliviano recibe la buena noticia en mensaje recibido de Lima que las armas compradas en Nueva York por el Coronel Aramay se encontraban en el Callao. Según el alto mando boliviano era  lo único que se espera para continuar la campaña. Al siguiente día el presidente boliviano viajó a Arica para entrevistarse con el General Prado, la entrevista transformada en consejo de guerra  dura hasta el anochecer, continuando  hasta el siguiente día 6 de junio, la comitiva boliviana se hospeda esa noche en el hotel “Colón”. La comitiva boliviana retorna a Tacna al anochecer del día 6 por ferrocarril.

El 7 de junio,  a un año a antes de la batalla de Arica, las 11 de la mañana en el Cuartel General boliviano en Tacna se presentó ante el capitán general Hilarión Daza el señor Gabriel René Moreno, llegado de Santiago de Chile, el señor Moreno había entablado una misión diplomática secreta  con ciertas autoridades chilenas amigas suyas de larga data, las que buscaban una solución pacifica al conflicto. A los coroneles Murguía y Dubrinsson se les comisiona para estudiar el posible teatro de la guerra terrestre, saliendo por tierra al sur, es decir, el departamento de Tarapacá. Al siguiente día 8 de junio el general Prado después de despachar con una nueva misión al capitán Grau se dirige por ferrocarril a Tacna llegando por la tarde a la cena. Daza  dio orden a todas las bandas del ejército para que  fuesen a esperar el tren que conducía al presidente peruano. Cuando los relojes marcaban las 5 de la tarde el general Daza, acompañado de sus edecanes, llega a la estación en pomposa  comitiva. Momentos más tarde hace su  llegada el general Prado, la locomotora iba empavesada con los pabellones nacionales de Perú y Bolivia, al toque de pito y detención de la máquina todas las bandas de música ejecutaron el himno nacional peruano. La multitud aglomerada por el atractivo recibimiento grita enfervorizada  ¡Vivas! y ¡hurras!  por Perú, por Bolivia, por la Alianza, los sones del himno resonaban en todas partes. El pueblo obstruía el paso de su digno jefe, quien, aclamado por la multitud recorrió a pie el trayecto de la estación a su alojamiento, haciendo un descanso en el domicilio del general Daza. Los agasajos a los dos jefes duraron hasta bien entrada la noche. En las puertas de la residencia del general Prado se ofreció para el pueblo una magnífica retreta, muy concurrida de público.

Ese mismo día ocho de junio sale del puerto de Arica rumbo al sur, como se ha dicho, nuevamente el monitor “Huáscar” su misión era proteger el envío de pertrechos y tropas al puerto de Pisagua y levantar el bloqueo del puerto de Iquique, el nueve de ese mes se produce lo que la prensa de la época llamó el segundo combate naval de Iquique, y que enfrento en esta oportunidad al monitor peruano con las naves chilenas la cañonera  “Magallanes” y  al transporte “Matías Causiño”, la nave blindada peruana no pudo echar a pique a la cañonera chilena después de varios intentos de ataque al espolón que con habilidad el comando del capitán Juan José Latorre supo esquivar; al anunciarse la llegada del blindado chileno “Cochrane” el “Huáscar” se retira rumbo  al norte a su base del puerto de Arica a repara las nuevas averías de guerra.

El presidente peruano, general Prado, permanece hasta el 10 de junio en Tacna, esa noche el mandatario  ofrece una comida en su residencia tacneña a la cual concurrieron el general Daza y otros distinguidos jefes del ejército boliviano; para el día 11 de junio se programaron  ejercicios de fuego en las baterías de Arica con la presencia de los generales Prado y Daza.

En tanto el vapor “Lontué” de  la Compañía Inglesa de Vapores el día 14 de junio reporta al comando naval chileno que en el  fondeadero de Arica da presencia el “Huáscar” y la “Pilcomayo”.

Para mediados de junio el ambiente en Arica y Tacna era de relativa calma. Así lo expresa en su diario de campaña el coronel, don José Vicente Ochoa:  A momentos parece que todo se ha paralizado. Habrá razón para ello. La delicada suerte de tres naciones se juega en la contienda y es prudente que los beligerantes procedan con la mayor calma y madurez, a fin de no precipitarse en un abismo”.

Lo que ocurría en la mente de los directores de la alianza se puede conocer por esta carta del General Jofré al General Campero: “Tacna, 19 de junio de 1879. Nuestra situación si bien no mejora visiblemente, no puede ser mejor en cuanto a expectativas y muy fundadas esperanzas. Entre tanto, nuestra resolución está tomada: No lucharemos contra los formidables e invencibles obstáculos del desierto. No lo atravesaremos para ir a estrellarnos contra las fortificaciones enemigas. Hasta un triunfo allí podría sernos fatal si no tenemos asegurada la comunicación marítima. Tenemos la seguridad más íntima de que esta comunicación estará bien pronto expedita, porque la escuadra peruana está terminando su nuevo alistamiento hasta en los detalles más insignificantes, y la chilena se resiente de graves averías”.

El 20 de Junio  llegan a Arica 54 jóvenes de las mejores familias  de Lima con objeto de servir de escolta de honor al general Prado. Reciben el pomposo nombre de “Húsares de la Guardia”. El general Prado se dirige de inmediato con su flamante escolta a Tacna, varios oficiales y soldados bolivianos del “Murillo”, con el comandante de la “Legión Boliviana” al tener noticias del arribo de la comitiva peruana  salieron a encontrarlos poco más allá de las goteras de Tacna. Entraron en conjunto lanzando vivas a Bolivia y el Perú. Al pasar por el alojamiento del general Daza éste salió a la puerta a presenciar su armónica marcha. Una hora después los “Húsares” hacen la visita de estilo al presidente boliviano quien los recibe en su despacho con grandes muestras de afecto y mucha bambolla.

Entre el 22 de junio y el 28 de ese mes se suceden con mucha frecuencia los Consejos de Guerra o Juntas de Guerra, como también se les llamaba, entre los generales Daza y Prado, ambos mandatarios generales en jefe  de sus respectivos ejército procuran imprimir disciplina, moralidad, y preparación en la tropa, la que se comenzaba a ver algo relajada por el ya largo y tedioso acuartelamiento que eran sometidos.

Por fin  el 29 de junio el general Daza visita en Pocollay a la división Cochabambina para pasar revista y comprobar si están en condiciones de entrar dignamente en Tacna y ser merecedores del elogio de la población tacneña.

Al día siguiente  el general Daza y el cuerpo de edecanes salen hasta el Alto de Lima a dar encuentro a la Cuarta División de tropas de Cochabamba, que desde hacía tiempo estaba disciplinándose en Pachía y Pocollay. A las 2 de la tarde hace su entrada en Tacna la gallarda fuerza de los batallones “Aroma”, “Viedma” y “Padilla”, 1.600 hombres comandados por el general Luciano Alcorza. La tropa boliviana al compás de sones marciales desfila ante su comandante en jefe, quien los observa con gran orgullo ante la expectación del pueblo tacneño.

El 2 de julio llega a Arica  parte de los fusiles pedidos a Nueva York. El general Daza dispone que al día siguiente se trasladen a Arica a recogerlos los regimientos “Paucarpata” de la Paz, el “Aroma” de Cochabamba, el “Dalence” de Oruro y los “Vengadores” de Colquechaca. Daza en persona les entrega las armas a sus soldados de elít; el acto provoca un entusiasmo indescriptible en las fuerzas bolivianas, al verse al fin con el arma en las manos después de los largos meses de entrenamiento y preparación sufridos.

Ya provistas de armamento las tropas bolivianas, a las 4 de la madrugada del 4 de julio en la “Pilcomayo” y el “Oroya” se embarca  para Piragua  la Tercera División boliviana compuesta de los cuatro batallones que recién habían sido armados. A las 7 de la tarde de ese día por el cable se recibe en Arica el aviso de que la división del país altiplánico había llegado a Pisagua sin contratiempo alguno. El general Daza aprovechando su estadía en Arica con motivo de la despedida de la división de su ejército y en compañía de  varios jefes y oficiales de los otros cuerpos que quedaban en la zona hace  un paseo a la isla del Alacrán, son transportados en la barca boliviana a vapor “Sorata”, esta embarcación  se había traído desarmada desde el lago Titicaca hasta Mollendo, puerto donde se la puso en aguas del océano.

El  6 de julio  llega la segunda remesa  del armamento adquirido en Nueva York, el mando boliviano dispone que sea repartido a pocos soldados del batallón “Sucre” que no tenían fusiles y a los del cuerpo de ametralladoras que habían cedido los suyos a los “Francotiradores” que habían partido días atrás para Iquique.

Los generales Prado y Daza continúan sosteniendo largas conferencias en presencia sus respectivos secretarios, los generales Reyes Ortíz y Álvarez y del Contralmirante Montero. En una conferencia efectuada el  día 9 de julio, el general Daza manifestó la necesidad de emprender de una vez la ofensiva, para lo cual deseaba trasladarse inmediatamente a Iquique. En tanto la opinión de Prado y Montero era que la tardanza perjudicaba a los chilenos y que, fuera de eso, si el ejército boliviano desocupaba Tacna todo el departamento quedaría expuesto a ser ocupado por fuerzas chilenas, cosa gravísima por ser la llave de comunicación entre el sur y el norte del Perú, entre el Perú y Bolivia. Después de largo debate el general Daza consintió en no sacar todas las tropas de Tacna, pero no en desistir de marchar a Iquique, porque consideraba

Formación de tropas peruanas en la explanada de la Aduana

(Foto encontrada en el Cuartel General peruano el 7 de junio)

 necesaria su presencia en toda la línea donde tenía escalonadas otras tropas de su ejército, cuyas necesidades quería conocer y atender. La preocupación manifestada por  Daza estaba motivada porque pronto llegaría al término de su período presidencial y que su única ambición, según sus dichos, era terminar pronto y con éxito la guerra; a fin dé dejar a su sucesor legítimo en la presidencia la soberanía boliviana intacta. El general Prado al oír esas palabras lo estrechó en sus brazos, encomiando su patriotismo y desprendimiento. Hizo notar la coincidencia de que el mismo mes de agosto del año siguiente ambos tendrían que dejar sus puestos.

El 10 de julio el “Huáscar”, después de muchas correrías, fondea en la bahía de Arica. El Capitán Grau invita a bordo al presidente boliviano y peruano, hace una relación de sus actividades a los gobernantes de las naciones aliadas. Grau no se muestra  satisfecho. Resalta a las ilustres visitas que le es difícil dar cañonazos certeros por la poca práctica que tienen sus artilleros. Por tal consideración a planificado  para el día siguiente ejercicios de fuego. El comandante del heroico monitor señala las falencias por la escasez de buen carbón para las calderas como la falta de víveres para la tripulación.

Los señores Murguía y Dubrinsson retornan a Arica de su misión al departamento de Tarapacá el 12 de julio, dando una cuenta parcial a su llegada al general Prado y Daza, los militares comisionados informan a sus superiores que se habían internado hasta Santa Bárbara, muy cerca de los puestos de avanzada de los chilenos en el Loa, para los días siguientes queda programada una  minuciosa relación del teatro en que se desarrollará la campaña con la presencia de todo el alto mando aliado. El 14 de julio se traslada a Tacna el alto mando boliviano con motivo de la celebración de una ceremonia en donde el general Daza en persona reparte armas a los tres cuerpos que formaban la “Legión Boliviana” (“Murillo”, “Vanguardia” y “Libres del Sur”) y al “Aroma 2” de Cochabamba.

La moral del ejército boliviano en Tacna es óptimo, el 15 de Julio tiene un especial significado para las tropas bolivianas acantonadas en Tacna, esa noche las autoridades de la ciudad y los mandos militares dispusieron  una gran iluminación y una retreta especial en el cuartel del batallón “Murillo”, por ser vísperas de las efemérides cívicas de La Paz. A las 12 de la noche la banda del escuadrón “Vanguardia” y una orquesta organizada por jóvenes de la misma unidad dan una serenata a los “Murillos”, los festejos duran hasta altas horas de la noche donde no faltó la “chicha de maíz” ni el aguardiente de caña de azúcar, “cocoroco”. En la mañana siguiente día del aniversario paceño, 16 de julio, en la calle donde estaba el cuartel del batallón “Murillo” se efectúa una misa solemne, con asistencia del Capitán General Hilarión Daza y todos los cuerpos bolivianos de guarnición  en Tacna. A las dos de la tarde se hizo  columna de honor ante los pabellones boliviano y peruano, para luego realizar una procesión patriótica. Se pronunciaron varios discursos,  una compañía del “Vanguardia” y otra de los “Libres del Sur” hicieron la guardia de honor en el cuartel del “Murillo”. El subprefecto de Tacna declara feriado el día e invitó a un banquete en su casa a las autoridades bolivianas y peruanas que se encontraban en la ciudad, el general Prado y su Estado Mayor llegaron a las 5 de la tarde para saludar al gran día paceño. Concluyeron los festejos con fuegos artificiales con elevación de globos y una función dispuesta por el batallón “Murillo”, seguida de una gran retreta.

El 17 de julio se recibe la  noticia de que los chilenos habían bombardeado Pisagua e Iquique matando a una sola persona e hiriendo a otra, causando bastantes daños materiales en ambos puertos. Ese mismo día a las 03:00 Hrs. A.M., el “Huáscar” en compañía de la “Unión” zarpan rumbo al sur por instrucciones del mando superior de la guerra, con el fin de hostilizar las operaciones chilenas sobre Antofagasta.

En tanto en Tacna el 19 de julio el presidente boliviano recibe el correo desde  Bolivia, las noticias que le llegaban desde la capital de su país no eran para nada agradables para el ánimo de dictador boliviano,  pues se le informaba que el Consejo de Gobierno encargado del poder ejecutivo en su ausencia, por favorecer al circulo de confianza de los consejeros, había pagado a diestra y siniestra  sueldos  devengados de los servicios eclesiásticos y de otros géneros, distrayendo así preciosos fondos que necesitaba urgentemente el ejército estacionado en Tacna y Tarapacá, como asimismo para los formación de nuevos cuerpos. El 20 de julio se realiza conferencia de guerra en Arica, el presidente boliviano y comitiva visitan las instalaciones que se ejecutaban en la isla del Alacrán.

En Tacna el 21 de julio ocurre un incidente más o menos grave en el cuartel de los “Colorados”, el mayor Samuel Meza, del batallón “Daza” (Colorados), estando de capitán de guardia, fue reprendido ásperamente, por alguna falta, por el comandante de la unidad, Coronel Murguía, que llegó hasta a darle bastonazos. Meza corrió a su alojamiento, sacó un revólver, volvió al cuartel y descargó contra su jefe un tiro y otro contra sí mismo. Ambos tiros erraron. Este incidente incomodó mucho a la plana mayor boliviana, porque sentían que empañaba el honor y la moralidad del ejército boliviano. El mayor Meza quedó detenido y sometido a  Consejo de Guerra.

El general Prado cumpliendo su promesa al general Daza dispone todo lo necesario para que este haga una revista a los lugares de concentración de las fuerzas aliadas de Tarapacá, estando todo dispuesto el 22 de julio a las 7 y 30 de la mañana, el presidente boliviano, el Secretario General y los empleados de la secretaría, se embarcan en el “Pilcomayo” con rumbo a Pisagua. Siete largas horas de navegación tenían hasta arribar al puerto salitrero. Los vigías del  buque que transportaba al mandatario boliviano al medio día avistaron un buque. Creyéndoselo enemigo se puso el “Pilcomayo” en pie de combate al toque de zafarrancho. La alarma resultó falsa, el buque en cuestión resultó ser el “Pacífico” de la “'Pacific Steam Navegatión Company”. (los vapores de esta empresa hacían viajes bisemanales desde Chile hasta Panamá, haciendo escalas en los puertos de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, su servicio no se interrumpió por la guerra). La delegación boliviana arriba a Pisagua a las 3 y 30 de la tarde. La perspectiva que ofrecía el puerto salitrero a los ojos de los visitantes era de lo más desconsoladora que se puede imaginar. Dos terceras partes, sobre todo la parte norte, que era la principal, habían sido destruidas por las bombas chilenas. No se veía más que cenizas.  La delegación toco tierra con el saludo protocolar de las autoridades militares y de puerto disponiéndose para la mañana siguiente comenzar la visita a los lugares donde se encontraban emplazadas las divisiones de ejército boliviano y los cuerpos del ejército peruano.

Por otro lado  el “Huáscar” y la “Unión” cumpliendo con su misión en la madrugada del 23 de julio  sorprenden  poco más al norte de Taltal, sin ningún resguardo al transporte chileno “Rimac” que llevaba  a bordo con destino a Antofagasta al  regimiento de caballería “Carabineros de Yungay” de 258 plazas incluido quince jefes y oficiales, su comandante era el teniente coronel don Manuel Bulnes Pinto, hijo del ex presidente de Chile y héroe de Yungay en la guerra contra la Confederación Perú Boliviana, Manuel Bulnes Prieto, también componía el cuerpo de oficiales de este regimiento otro hijo del héroe de Yungay el  sargento mayor don Wenceslao Bulnes Pinto, ambos altos oficiales además eran sobrinos del presidente de la República de Chile don Aníbal Pinto, el transporte apresado traía 215 caballos del regimiento,  una gran cantidad de carbón, armamento, proyectiles, forraje, etc. La caza duró  cuatro horas aproximadamente el capitán del buque era  don Pedro Lautrop, según parte de guerra de

Tte. Crol. Manuel Bulnes Prieto

 capitán de navío don Miguel Grau, sin embargo el parte enviado  al  Comandante General de Marina de Chile,   desde Arica el 25 de Julio de 1879 iba firmado por el capitán de Navío don Ignacio Luis Gana,[2] en este documento en su parte final el oficial de marina chileno escribe: “Los señores jefes del “Huáscar” y de la “Unión” han manifestado sus respetos al que suscribe por la impasible tenacidad de la resistencia del “Rimac” al momento de ser prisionero. Y de tratar a mis compañeros de desgracia con toda consideración y humanidad.

Ello ha sido cumplido con una elevación tal, que honra al Presidente del Perú, a sus subalternos y al pueblo de Arica, que nos vio desembarcar a las 2 P.M sin la más leve demostración de jubilo o enojo.

La tropa se halla en un cuartel, los marinos repartidos en varias partes. Los oficiales han sido alojados en el cuartel de la guardia de honor. A petición de los señores oficiales de este cuerpo y los jefes, hemos sido detenidos en casas particulares, cuyos moradores se empeñan con sus atenciones por aliviar nuestra mala fortuna.

Antes de terminar expondré a US. que la conciencia de cuantos habíamos a bordo, está tranquila. Se ha hecho lo mejor en tan odioso trance.”

Según el corresponsal del diario “El Comercio”, otro testigo presencial de la entrada del transporte “Rimac” a Arica aquella mañana del 25 de Julio de 1879, describe el acontecimiento señalando  que el buque chileno  entra al fondeadero del puerto a las 9:30 Hrs. A.M., escoltado por el monitor “Huáscar” seguido por la corbeta “Unión”, en el mástil del palo de mesana del transporte “Rimac” se izó  la bandera de Chile invertida con su estrella hacia abajo y sobre esta estaba el pabellón rojiblanco del Perú, acto según algunos habría sido ordenado por el comandante de la “Unión” capitán de navío don Aurelio García y García,  suceso que concitó el rechazo del capitán Miguel Grau comandante del “Huáscar” y jefe de la división naval, según el corresponsal del periódico limeño, al anunciarse la entrada del buque prisionero, se dispararon salvas de honor para las tripulaciones de los buques peruanos que regresaban triunfantes de la incursión a las costas antofagastinas, se echaron las campanas al vuelo en señal de victoria, la población se arremolinó en el muelle saludando a los buques victoriosos con pañuelos blancos, muchas banderas bicolores del Perú y en menor número se vieron algunas banderas de Bolivia el pueblo y muchos soldados de franco se agolpaban en el desembarcadero con  la curiosidad de ver descender  a los temidos chilenos, que la propaganda belicista peruana los presentaba como “hordas bárbaras de araucanos” dispuestas a cualquier ultraje, la espera de los curiosos para ver a los prisioneros fue aproximadamente de tres horas, fue larga pero no tediosa, ya que se desembarcaron primero la caballada que era de primerísima calidad, llamando la atención en particular de la oficialidad aliada, para algunos este hecho constituyó una agravio más que se les quiso inferir a los chilenos, al hacer descender el ganado antes que a los prisioneros. Para los expectantes ariqueños que esperaban ver desembarcar las hordas que les habían representado la propaganda oficial la sorpresa fue mayúscula cuando vieron desembarcar a los prisioneros en perfecto orden y disciplina, pero siempre bajo la atenta vigilancia de sus aprehensores, el regimiento “Carabineros de Yungay”  considerado un cuerpo de elite lucía los vistosos uniformes de la caballería chilena, los marinos iban ataviados de sus uniformes de  parada, lo que había sido autorizado por el comandante provisorio del “Rimac”, capitán de fragata de la Armada del Perú don Manuel Melitón Carvajal; los prisioneros con mucha dignidad encabezados por su jefe  el comandante don Manuel Bulnes tomaban formación en el sector de la marina como si fuesen a presentarse  a una parada militar, no hubo insultos ni injurias por parte de los curiosos ariqueños que les observaban, si se escuchaban muchos vivas al Perú, vivas a Bolivia, vivas al  capitán Grau y sus marinos. Los prisioneros fueron conducidos al interior de los patios del recinto de la Aduana, donde pasó revista a la formación de prisioneros el Supremo Director de la Guerra, el general Mariano Ignacio Prado, concluida la cuenta se ordenó trasladar a los prisioneros soldados de caballería al cuartel “San Francisco”[3],  la marinería fue repartida en varios recintos de  reclusión, la oficialidad se le destino al cuartel de la Guardia de Honor del Supremo Director  de la Guerra, a los comandantes Bulnes y los Jefes navales, Lautroup  y Gana  se les detuvo en el hotel “Colon” con cortesía pero con estricta vigilancia.

La captura del transporte “Rimac” tuvo un efecto psicológico importante para la población ariqueña que desde el comienzo de las hostilidades había visto  totalmente alterada su vida cotidiana por el gran número de soldados estacionados en sus lares, por los movimientos logísticos que fluían  por el puerto llevando y trayendo pertrechos de guerra, además de toda la actividad que significaba la instrucción de los batallones de reclutas de ambas naciones aliadas que por esa época se consideraban en unos seis mil peruanos y cuatro mil bolivianos.

El triunfo de la Armada peruana  crea en la población de Arica un espíritu de triunfalismo que redundó en el esfuerzo patriótico de todos los individuos que la formaban sin distingo de clases sociales, les permitió  soportar de mejor forma los primeros meses de guerra  y llevar  la dura carga que implicaba ser centro de operaciones del Cuartel General Aliado, el espíritu triunfalista también se apoderó  de los Jefes aliados y de la  tropa en general, para los más veteranos la guerra con Chile se les presentaba como una más de sus actividades revolucionarias de  las aventuras de cuartelazos y golpes de Estado que habían sido tan frecuentes en la vida republicana de las naciones aliadas, este espíritu de triunfo sólo desaparecerá  con la captura de monitor “Huáscar” en Angamos y terminará por completo con  la pérdida del Departamento de Tarapacá, el ambiente de superioridad sobre los chilenos persistiría en los meses siguientes a la captura del transporte chileno “Rimac”, esta percepción de los aliados nacía del hecho que  a pesar de la reconocida inferioridad de medios  de la Armada peruana y el bloqueo casi permanente del puerto de Iquique el mando aliado había logrado seguir con el apertrecheramiento y concentración de tropas en Tarapacá.

En tanto, paralelo a los acontecimientos de la guerra en el mar el comando aliado sigue con sus preparativos bélicos en tierra, así el 24 de julio, la delegación boliviana con el general Daza a la cabeza llegaba al campamento del Hospicio lugar ubicado en las alturas del acantilado de la rada de Pisagua, donde acantonaban  los batallones “Victoria” e “Independencia” de La Paz. La delegación presidencial  les cancela sus haberes y se les reparten camisas, zapatos y frazadas. Al siguiente día, el 25 de julio, por tren el general Daza y comitiva se dirige a Agua Santa donde se encontraban los batallones “Aroma 1” de Cochabamba y “Vengadores” de Potosí (Colquechaca), a los que se les distribuye lo mismo que a los otros cuerpos: dinero, camisas, frazadas y zapatos. La revista presidencial boliviana sigue el 26 de julio saliendo a las 9 de la mañana de Agua Santa por la cañada.

La delegación de autoridades bolivianas por vez primera siente lo que es el desierto tarapaqueño al tener  que atravesar largas pampas salitrosas calcinadas por el sol les parece que pesa la maldición de Dios por esos territorios inmensos, arenosos, estériles. Como a las 3 y 30 p.m. arriban a Pozo Almonte, donde daba guarnición el batallón “Bolívar”.

El 27 de julio Daza y su gente salen por tren de Pozo Almonte para dirigirse a San Juan donde se encontraban acantonados los batallones “Paucarpata 2” de La Paz y “Dalence” de Oruro. El Capitán General Daza les entregó personalmente la ropa y el dinero. Luego se dirigen al  Molle donde revistaron  a los batallones peruanos “Zepita”, “Arequipa”, “'Ayacucho”, “2 de Mayo” y una unidad de artillería. Los jefes peruanos obsequiaron un almuerzo al mandatario de Bolivia. A continuación una vez terminados los agasajos, los que no estuvieron exentos del buen vino de Matilla la delegación emprende la marcha hacia Iquique en cabalgaduras ya que la escuadra chilena no dejaba pasar el tren hasta la ciudad. Al atravesar la ladera de bajada que domina el mar el presidente boliviano y su comitiva, con cólera imposible de reprimir mira a los barcos chilenos “Blanco Encalada”, “Magallanes”, “Abato” y “Lontué” que sostenían el bloqueo del puerto. El general Buendía, comandante de las fuerzas de todo el departamento de Tarapacá, el prefecto y varios vecinos del puerto salieron al encuentro de la comitiva presidencial boliviana en la llanura de Cavancha. Fueron recibidos con muchas demostraciones de entusiasmo y cariño. Las calles estaban embanderadas y llenas de gente. Una vez en la casa de Buendía el general Daza, desde el balcón; pronunció un altisonante y patriótico discurso ante un importante gentío. Enseguida habló el general Buendía. En la noche hubo comida suntuosa y muchos brindis y también retreta, además del recibimiento del mandatario aliado era la víspera del aniversario patrio del Perú.

El aniversario cívico del Perú, conmemorado el 28 de julio, comenzó con una misa solemne en la iglesia “Matriz”, terminado el oficio religioso se realizó un desfile militar de las fuerzas estacionadas en el puerto: batallones “Cuzco”, “Cazadores de la Guardia”, “2 de Mayo” del Perú y el batallón boliviano “Loa”. Terminado el acto cívico militar,  las autoridades asisten a un almuerzo ofrecido por el general en jefe de las fuerzas aliadas de Tarapacá general Juan Buendía. Como a las, 5 y media continuaban los festejos en casa del general Buendía, amenizada la fiesta por bandas de música. Reinó la mayor cordialidad entre los asistentes y hubo muchos brindis, el pueblo festejaba en las calles y en la plaza una gran retreta.

Al día siguiente de los festejos el general Daza y su comitiva visitan a los prisioneros chilenos de la “Esmeralda”, los que se encontraban en el edificio de la Aduana. El mandatario de Bolivia  les hizo ofrecimientos de amistad y asistencia, la opinión llevada por los visitantes fue que estaban muy bien tratados. Ese día el general Daza hace revista en el cuartel de los “Francotiradores” y en el del  “Loa”.

El 30 de julio el presidente boliviano sale  de Iquique acompañado de una numerosa cabalgata. La caravana vio esa madrugada como los barcos chilenos se dirigían a su fondeadero de costumbre. Después de una hora en Molle, sustituyen las cabalgaduras para llegar en segunda posta hasta San Juan, en esa localidad nuevamente se hace cambio de animales, con los que llegan a San Lorenzo, donde estaban estacionados los batallones “'Illimani” de la Paz y “Olañetá” de Sucre. A estas tropas también se les repartió dinero, calzado, camisas y frazadas. El general Daza, según su costumbre se encierra solo con los soldados para conversar con ellos y conocer sus necesidades. Con esa última revista termina la visita a las dos divisiones escalonadas en el departamento de Tarapacá.

El 1 de agosto el general Daza y comitiva en coches, carricoches y carretas cruza el inmenso desierto, llegando a Agua Santa, tras un breve descanso continúan el avance entre una espesa niebla, que en la zona es  llamada “camanchaca”, llegan a Hospicio a las 3 de la tarde. En Pisagua estaban los vapores comerciales “Valdivia” que pasaba al sur y “Santa Rosa” que iba al norte. El general Daza resolvió embarcarse en este último para volver a Arica. Hubo alguna oposición por tratarse de barcos neutrales. Después de salvar las dificultades, se consiguieron los pasajes. El capitán del buque aceptó  embarcar de incógnito el general Daza, el Secretario General, el Secretario Privado, el cirujano privado Mendizábal al miembro del Estado Mayor coronel Ochoa, sin que se enterase nadie de la tripulación. Dejando a los demás miembros de la comitiva en Pisagua, en vista de que el traje militar que llevaban no les permitía tomar pasajes. El capitán de origen inglés temía la presencia de un barco chileno y la equiza del buque y el apresamiento del general Daza y sus acompañantes. La nave que llevaba al general Daza zarpa como a las 9 de la mañana, a las 11 es avistado un vapor que proporcionó momentos de nerviosismo entre los pasajeros y tripulantes del “Santa Rosa”,  pero pronto volvió la calma al darse cuenta que se trataba del “Valdivia” de la “'Pacific Steam Navegatión Company” que salía a alta mar en línea paralela al “Santa Rosa”. La comitiva presidencial boliviana desembarca en Arica como a las 7 y 30 de la noche. El general Daza fue visitado por, el Presidente Prado y el Contralmirante Montero, seguido directo por tren a Tacna.

El 6 de agosto Aniversario patrio de Bolivia. Los festejos se iniciaron la noche de la víspera con  una retreta en la plaza principal de Tacna. Para el día 6 se ordena embanderamiento general en Tacna y Arica, se multiplican las banderas de ambos países aliados. Los festejos se iniciaron con dianas y salvas de ordenanza al amanecer. A las 8 de la mañana todo el ejército asiste a una misa en la calle de la Alameda. A las 11 A.M. se pasó revista y hace columna de honor delante del Capitán General Hilarión Daza. El Contralmirante Lizardo Montero llega presidiendo la delegación peruana que va a felicitar al general Daza en representación del Presidente Prado, que no pudo concurrir hasta Tacna. El general Daza ha obsequiado 200 bolivianos a cada uno los tres cuerpos de la “Legión Boliviana” para el festejo de este día y ha ordenado que se cancelen los haberes devengados del ejército. Terminan  los festejos de noche con una retreta en la plaza y fuegos artificiales.

El 7 de agosto de 1879 arriba al puerto de Arica el monitor “Manco Cápac” que había salido del Callao  seis días antes, esta nave de guerra había sido remolcada hasta Arica por el transporte “Oroya” e hicieron convoy con el transporte “Talismán”, protegió el convoy la corbeta “Unión”, así quedaría el monitor como pontón defensivo hasta su hundimiento el día 7 de junio de 1880, el monitor tenía poca capacidad marinera y el estado de sus calderas era pésimo, su gemelo el monitor “Atahualpa” quedaba en la misma condición el puerto del Callao.

Durante los meses de agosto y septiembre, el “Huáscar” en compañía de la “Unión” se transformaban en verdaderos buques fantasmas para los chilenos, el monitor peruano comandado por el flamante contralmirante Miguel Grau, recién lo habían ascendido, aparecía y desaparecía ante la vista de los buques de guerra chilenos, logrando siempre llegar bajo el manto protector de las baterías de su base en Arica, la estrella de Grau comenzó a eclipsarse cuando las autoridades chilenas decidieron reestructurar el mando de la Armada, esta determinación radical fue lo que permitió cambiar la  estrategia naval, uno de sus efectos fue la  suspensión del bloqueo de Iquique, asimismo otra medida que se ordenó fue la de efectuar todo un plan de reparaciones, mantención y mejoramiento de la flota de guerra del país.

El “Huáscar” sale por última vez  del puerto de Arica enarbolando la bandera peruana y comandado por el contralmirante Grau el  30 de septiembre de 1879,  zarpa con la misión de convoyar  hasta Iquique al Transporte “Rimac” ahora con bandera peruana, y de ahí continuar al sur en compañía de la “Unión” con el fin de seguir hostilizando el tráfico de pertrechos y tropas que efectuaba Chile desde Valparaíso a Antofagasta, en los primeros días de octubre una vez más la escuadra chilena se cruzaba con  el escurridizo “Huáscar”, el 3 de octubre la escuadra chilena se encontraba a 60 millas mar afuera de Arica, a la cuadra del paralelo 18º,  la escuadra chilena el día 4 del mes de octubre  comienza su aproximación al puerto de Arica con el fin de realizar un ataque con lanchas torpedos, el ataque fue un fracaso, las lanchas fueron soltadas a mucha distancia de su objetivo, el mando chileno decidió entones hacer un ataque directo, pero al aproximarse  a Arica verificaron que ya no estaba en el fondeadero ni el “Huáscar” ni la “Unión”, sólo se encontraba  entre una serie de buques mercantes de distintas banderas la cañonera peruana “Pilcomayo”, estas acciones del día 5 de octubre concluyeron cuando el comando chileno  ordena dar vela al sur, al estimar inoficioso la ejecución de un ataque de esta naturaleza  a un barco menor como era considerada la cañonera “Pilcomayo”,  al ver esta acción  el capitán del buque peruano se desprende entre los buques neutrales que le servían de  escudo protector y dispara su fuego contra la corbeta “O’Higgins” que se encontraba más próxima, se produce el intercambio de disparos sin ningún riesgo para ambas naves; al ver el capitán de la “Pilcomayo” que se aproximaba el buque chileno y considerar la mayor potencia bélica de la nave chilena decide buscar nuevamente refugio  entre los buques fondeados en la bahía de Arica y protegerse al amparo de las formidables baterías del Morro. Terminadas esas acciones la  escuadra chilena toma rumbo sur y comienza la historia a poner en su lugar a cada uno de los actores que participaran de uno de los hechos bélicos clave de la guerra del pacifico, concluyen estos sucesos con la muerte del brillante y noble marino don Miguel Grau, y con la gloriosa captura del hasta entonces invencible “Huáscar”,  por parte de la división naval comandada por el insigne marino chileno capitán de corbeta, mas tarde Almirante, don Juan José Latorre, la sita fue en las aguas de Angamos.

La noticia funesta para las armas del Perú, llegó a Arica  el día 9 de octubre, la información del acontecimiento fue traída  al puerto por marinos de un buque de bandera inglesa de la carrera, al correr el rumor por la zona del muelle la gente comenzó a arremolinarse, todos querían averiguar sobre la veracidad de la habladilla que llegaba a sus oídos; a cada momento crecían los detalles con el agregado que cada cual daba a su imaginación, al ver tanto alboroto las autoridades requirieron de la información al capitán del buque inglés, quien confirmó los relatos de los hombres bajo su mando, como a la hora de conocida la noticia arriba al puerto la corbeta “Unión”, dando su  comandante capitán García y García  el informe oficial. Arica cayo en una suerte de depresión colectiva, las campanas se echaron al vuelo con un tañer de duelo, las mujeres lloraban, los soldados desconcertados esperaban la reacción de sus Jefes, los habitantes de Arica, como era su costumbre en toda ocasión de angustia concurren al templo de San Marcos, se rezan plegaria por los caídos casi ininterrumpidamente hasta la mañana siguiente, aquella noche Arica se veía más oscura que nunca, al día siguiente las casas amanecieron con crespones negros en sus puertas en señal de duelo, el barco invencible y su comandante ya de leyenda había sucumbido, el mar era ahora de los chilenos.

               


[1] De esta forma cariñosa llamaban los marinos chilenos a la vieja “Esmeralda”, la que había servido en la guerra contra España en 1866 e incluso había servido como escuela naval.

[2] El capitán del “Rimac” era el señor  Lautrop, este buque fue arrendado a la compañía Sudamericana de Vapores, por lo que el gobierno  destinó al capitán Ignacio Luis Gana como su delegado con instrucciones que en caso de presentarse el enemigo este último debería tomar el mando de la nave, según  Lautrop, al momento de tener al frente al “Huáscar” y a la “Unión”, el comando del buque fue compartido.

[3] Este cuartel puede haber sido el de la Recova, recinto que había sido habilitado como cuartel militar o también puede haber sido el recinto que formaba  las antiguas ruinas de la iglesia de la Matriz que lindaba con el cuartel de la policía y de la cárcel, el costado sur de este cuartel daba a la antigua calle de “San Francisco”  igual que la Recova por su costado norte.