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Capitulo III

Replanteamiento estratégico para la defensa de Arica

 

·        La instalación de minas y la batalla de Tacna

 

Frontis Hospital "San Juan de Dios", donde funcionó el Hospital Militar y Ambulacia del Ejercito del Sur en  Arica 

 

Las angustias y las dificultades del mando peruano en Arica no podían ser mayores en ese mes de marzo de 1880, estado de ánimo  que también repercutían  en la oficialidad y tropas bajo su autoridad. En la guarnición de la División de Torpedistas de la isla del Alacrán el día 26 de febrero se produce un intento de motín, encabezado por el subteniente don  Manuel Peceros, el joven oficial enfermó por la difícil  vida que soportaba en dicha guarnición junto a sus compañeros  asignado a ese reducto, en un instante de demencia  quiso insurreccionar  a la tropa, acción que tuvo un rotundo fracaso, reducido y dado de baja, fue enviado en calidad de prisionero a la ciudad, poniéndolo el comandante Prado a disposición del almirante Montero, el subteniente Peceros fue acusado de traición a la patria,  el Jefe militar lo derivó en calidad de preso al Hospital Militar con el fin de curarle sus males, este oficial fue dado de alta de su enfermedad el día 7 de marzo de 1880, según consta en documento del Hospital Militar:

 

 

Hospital Militar y

Ambulancias.

 

                                                                                          Arica Marzo 7 de 1880

 

Señor Don Leoncio Prado

Jefe de la división Torpedos.

 

 

Con fecha 26 del mes ppdo., remitió a este Establecimiento el Señor Contra Almirante Gral. En Jefe del 1er    Ejército del Sur a medicinarse y en calidad de preso al Subteniente Don Manuel Peceros, el que hoy se encuentra bueno de sus males y de alta.

 

Lo que pongo en conocimiento de U. para que se sirva resolver lo que estime conveniente.

 

                                                                                    Dios guíe a U.

 

                                                                                                            Doct. TORIBIO ARBAIZA.

 

 

 

El día 31 de marzo el  comandante Prado envía el siguiente oficio al Estado Mayor General, en el que le hace presente las necesidades de alimentos y carbón para el contingente bajo su mando de su unidad:

 

 

 

1ª División de Torpedos

                                                                                Isla del Alacrán marzo 31 de 1880

 

Sor. Corl. Jefe del Estado Mayor General 1er Ejército del Sur.

 

Sor. Corl.

Teniendo en cuenta la estación en que estamos durante la cual sucede con frecuencia que esta isla queda completamente incomunicada con tierra firme por periodos de cinco, hasta veinte días, suplico a US. tenga la bondad de disponer se me proporcione un quintal de Charque, diez sacos de carbón y la carne salada que US. crea conveniente para la dotación que en la actualidad se compone de veinte y tres individuos.

            1 Barril de carne salada

            1 Quintal Chalona

            2 Jamones

            10 Sacos Carbón

 

                                                                                  Leoncio Prado

 

 

El estado de ánimo que envolvía al Jefe de Armas y Político de Arica, contralmirante Lizardo Montero,  esta nítidamente expresado en una nota que envió  a don Nicolás de Piérola  “Jefe Supremo de la República y Protector de la Raza Indígena” el 4 de marzo de 1880, la nota versaba así:

 

Excelentísimo señor

D. Nicolás de Piérola,

Lima-

 

Mí estimado amigo:

 

He leído con suma atención  su apreciable carta,  fecha 29  del que expira, por la que quedo impuesto de los motivos que ha tenido el gobierno para hacer los cambios de personal y nombramientos que se me han comunicado en la misma fecha  de una manera oficial.

Dejando para posteriores apreciaciones todo aquello de carácter puramente político, he creído un deber de patriotismo, pedir al gobierno la reconsideración de las disposiciones relativas a la reorganización del primer ejército del Sur, por encontrarnos ya frente al enemigo y ser por este motivo esencialmente peligroso ejecutar semejante reforma. Juzgo, pues,  que la importancia de mi procedimiento, lo apreciará usted con la elevación de miras que lo caracteriza por que los móviles a que obedezco son  únicamente los del interés patrio. Apoyados en el conocimiento que tengo de la extraordinaria situación en que se encuentra colocado.

Por lo demás, las circunstancias han variado mucho desde nuestra anterior comunicación.

El Ejército enemigo desembarcó en Pacocha no sabemos hasta hoy si con el fin de emprender desde el Hospicio su marcha directa a Tacna, o de tomar primero posesión de Moquegua, cuya defensa la está confiada  a una pequeña fuerza que comanda el coronel Gamarra, perteneciente de una manera inmediata al Segundo Ejército del Sur.

Por mi parte, he tomado las convenientes medidas en mi Cuartel General, a fin de normar mis operaciones en conformidad con la situación, los elementos de que dispongo y los movimientos del enemigo.

El 27 tuvo lugar el primer combate de esta plaza militar con una división naval chilena: la acción se empeñó a las 9 horas A.M.  y a la 1 hora 30 minutos P.M., que  ya se retiraban, hicimos esfuerzos casi sobrehumanos para hacer salir al monitor  y renovar el combate. Los documentos oficiales impondrán  a usted de todos los pormenores de aquel día en el que siquiera se retempló el ánimo de nuestros soldados.

Posteriormente a ese acontecimiento, es decir desde el día 29, nos tiene reducido a la más desesperante situación. Los cañones del “Angamos” y del “Huáscar”, superiores en mucho a las de nuestras baterías,  han establecido un constante bombardeo  contra la población, sin que podamos ofenderlos en lo menor, tal es la gran distancia en donde  a favor del enorme alcance de su artillería se colocan para descargar sobre la plaza. Estamos, pues, reducidos a la más completa inacción y aguantando diariamente las balas enemigas, cuyo alcance llega hasta los mismos campamentos del ejército, en donde lo he situado desde el primer día, a fin de evitarle algunas desgracias.

Hasta la fecha no he recibido refuerzos de tropa, ni armas, ni dinero para el desmantelado ejército que me obedece; así que, puramente, con los escasos elementos de que dispongo voy a librar al fin la batalla a que el enemigo nos provoca: veremos, pues, si la Providencia nos ayuda.

Que se conserve usted con la mejor salud, son los deseos de su afectísimo amigo y seguro servidor.

 

                                                                               LIZARDO MONTERO

 

 

En los dirigentes militares y políticos aliados seguían prevaleciendo los intereses de política interna y personales por sobre las necesidades urgentes de conducción  de la guerra, la decisión de Piérola de reestructuración del Ejército del Sur, obedecía más a la desconfianza que le inspiraba Montero por el poder que pudiese obtener este, al estar al mando de todo el Ejército del Sur, más que  por una razón estratégica o táctica. El daño que causaba  la decisión del dictador con la dispersión del mando, al dividir en al Ejército del Sur en dos entes autónomos quedó claramente evidenciado con la caída de Moquegua y la posterior derrota en Tacna y Arica, de hecho este fue en factor importante  que facilitó el dominio chileno en la línea Ilo-Moquegua.

En tanto en Arica, la comisión “Elespurú” evacuó su informe sobre las defensas de la plaza fuerte, en el memorando presentado al alto mando aliado en su esencia expresaba: 1. El orden del trabajo no es el conveniente a las circunstancias; 2. No está proyectado todo lo que se debe; 3. La comisión carece de la independencia y los elementos necesarios.

El criterio empleado en las defensas de Arica hasta el momento de la evacuación del informe, estaba basado en la “escuela del '66”, es decir de la experiencia que dejó el conflicto con España de esos años y en especial en la jornada del 2 de mayo en el Callao, última acción ocurrida durante  ese conflicto bélico y que lleno de tanta vanidad y orgullo a la Armada peruana, la mayor parte de los mandos navales de Arica habían tenido importante participación en el combate entre la Armada española y las baterías de los fuertes del principal puerto del Perú. La comisión “Elespurú”, cambia el criterio e incorpora  al diseño militar las  necesarias instalaciones defensivas para contener un eventual ataque por tierra, este nuevo factor que se presentaba, era a consecuencia de  la evolución que había tenido la guerra, obligando a la “comisión” a estudiar las variables de la invasión terrestre; el ataque por tierra sólo podría  provenir de dos puntos; uno de ellos era el del norte, es decir desde Tacna;  y el otro el del sur desde Camarones  o Vitor.

Con respecto a la primera hipótesis, es decir un ataque proveniente desde Tacna, este, pasaba necesariamente por una eventual derrota de las fuerzas aliadas estacionadas en esa ciudad,  existía ya la certeza que por ese lugar es donde vendría la ofensiva chilena, era la lógica consecuencia por el numeroso desembarco de tropas y pertrechos chilenos en  Ilo-Pacocha, por lo que los mandos militares aliados analizaron dos escenarios,  uno de  estos, era cortar el avance de los chilenos impidiendo la ocupación de Moquegua, moviendo al ejército de Tacna sobre esas posiciones,  esto traía los beneficios de mantener abiertas  las comunicaciones con el Segundo Ejército del Sur de base en Arequipa y permitía ahogar al los chilenos en el puerto de Ilo, a pesar del libre acceso al mar que tenían las fuerzas chilenas, este escenario no llegó ha ser  realidad debido a que la movilidad de los chilenos fue mucho mayor que la esperada, pues el 20 de marzo el general Manuel Baquedano al frente de 4.000 hombres tomaba Moquegua sin ninguna resistencia, el día 22 de ese mes los chilenos derrotan al coronel Gamarra quien estaba al mando de una división dependiente del Segundo Ejército del Sur; en las alturas de “Los Ángeles”, paso estratégico que cortaba absolutamente toda comunicación entre ambos Ejércitos del Sur, quedaba de esta forma establecida la línea  táctica Ilo-Moquegua,  el otro problema que presentaba esta hipótesis era la insalvable posibilidad de que las tropas aliadas de Tacna cruzaran el desierto que separa el Valle de Tacna con el Valle de Moquegua, ninguno de los Ejércitos del Sur tenía los elementos necesarios para salvar con la rapidez que se requería los obstáculos geográficos  que les separaban de las fuerzas chilenas. La segunda hipótesis de guerra se basó en la estacionalidad defensivas de las tropas de  Tacna en posiciones tácticas que le permitiesen ventajas sobre el enemigo, esperando que el gasto del cruce del desierto fuese hecho por parte del Ejército de Chile, esta hipótesis fue la que prevaleció por lo que se  dispuso organizar un plan de construcciones defensivas, las que se ubicaron en las pampas del Intiorco, mas tarde llamado “Campo de la Alianza” o “Alto de la Alianza”, aquí fue donde en definitiva se libró la batalla entre el Ejército de Chile y el Ejército Aliado Perú Boliviano el 26 de mayo de 1880; el plan de contingencia original, muy apoyado desde su escritorio de Lima por Piérola, contemplaba el encierro en Arica de los restos del ejército en caso de un revés en la suerte de las armas aliadas en Tacna,  esta última determinación fue muy resistida primero por el comandante en Jefe del Ejército boliviano, general Eliodoro Camacho y compartida  a plenitud por  el presidente de esa nación el general Narciso Campero.

La posibilidad de un desembarco por la costa norte de Arica prácticamente se desestimó, esa zona costera tiene un mar de muchas correntadas y grandes oleajes presentando sólo de mañana y de vez en cuando mar calmo sin dejar de haber correntadas en diversas direcciones, por tanto, efectuar esa operación militar de tal envergadura con los medios que se disponían en la época de la guerra del Pacífico era prácticamente imposible, por último estudiados por los peruanos los movimientos de la Armada  y del Ejército de Chile, los mandos aliados descartaron una eventual invasión por el sur desde Camarones.

Así planteado los escenarios bélicos, el  almirante Montero dispuso la construcción de dos fuertes  en la parte sureste de la cadena de cerros que forma el Morro de Arica,  ubicándolos en dos promontorios que daban excelente posición a la artillería,  y permitía una fácil defensa,  el objetivo de estas instalaciones era la protección de la retaguardia de todo el sistema defensivo de Arica en prevención de un ataque enemigo proveniente del sector de las playas Miller y La Capilla,  o  de  una eventual invasión por tierra por el sur desde  Camarones o Caleta Vitor, también  fueron concebidos para proteger el abastecimiento de la ciudad desde el valle de Azapa.

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1. Fuerte "Ciudadela"     2. Fuerte del Este    3. Reductos "Morro Gordo"

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4. Fuertes del Morro       5. "Lazareto"

Comenzaron aceleradamente  la construcción de los dos fuertes al sureste de la ciudad,   uno de estos reductos, el más cercano a la población y al valle, lindante con Saucache,  recibió el nombre de “Ciudadela”[1] construido sobre un otero llamado cerro “Chuño” de lomajes más o menos pronunciado, este fuerte  en su cúspide tenía una fosa  a modo de trinchera cavada en la roca viva, esta fosa cubría el flanco norte y oriente del fuerte, la muralla que formaba el mismo suelo rocoso y salitroso en este sector era mucho más grueso con el fin de otorgar un mejor soporte a tres cañones que poseía el fuerte, dos Parrot de 100 libras y un Voruz de 70 libras, en el centro y bajo tierra estaba la “santa bárbara”,  el cerro  que formaba el  fuerte  había sido rodeado de tres muros que se colocaron a distintos niveles de la ladera, cumplían las funciones de trincheras, estos muros en su base comenzaban con unos montículos de arena salitrosa  y sobre esto, sacos rellenos con arena que servían de parapeto dejando cada ciertos trecho espacios que hacía las veces de troneras permitiendo disparar con mas efectividad y seguridad a los defensores.

Fuerte "Ciudadela" (Ladera por donde se efectuo el ataque principal)

El segundo fuerte  construido para cortar el paso por el sureste de las cadenas de cerros que forman el Morro fue el fuerte denominado del “Este”, se ubicaba a uno 800 mts. al sur del fuerte “Ciudadela”, ambas alcazabas las separaba una profunda hondonada, el castro del “Este” también fue construido sobre un otero llamado cerro “Aniani” que sobresale claramente de la extensa pampa de suelo rocoso y arenas salitrosas, en su cúspide fue enfosado para contener los blocaos de los cañones y la “santa bárbara”, tenía tres cañones de base giratoria que le daba campo de tiro desde el valle de Azapa hasta la rada que forma la costa de playa  “Miller” y  “La Capilla”, estos cañones eran dos  Parrot de 100 libras y un Voruz de 70 libras ,  este fuerte estaba protegido por tres muros de parapetos de sacos con arena construidos en cuadros simétricamente colocados y orientados al compás.

Fuerte del "Este" (Flanco por el cual atacó el 4° de Línea, valle de Azapa al Fondo)

Detrás de los fuertes del sur  se levantaron una serie de reductos y trincheras unidas, que se defendían entre sí, en un número de 18, seis de ellas  núcleos que constituían verdaderos fuertes, mientras que las doce restantes eran sólo parapetos o trincheras para impedir o sujetar el asalto y tener campo fijo de tiro al mampuesto,  esta  seguidilla defensiva llegaba hasta el “Cerro Gordo”, pequeño reducto con un cañón  Voruz de 70 libras que daba campo de tiro  a la costa de la Lisera y del Laucho.

Fuerte "San Jose", al fondo se ve la vejetación de Chacalluta (Desem. Río Lluta)

Cerraba las defensas de la ciudad por el frente norte una cadena de trincheras y parapetos formada en las zanjas y sinuosidades naturales del terreno y protegidas con parapetos de sacos rellenos de arena estas defensas iban en diagonal desde el Fuerte “San José”, pasaban por el Panteón, continuando hacia el Lazareto para concluir en el fuerte “Ciudadela”.

Esta estructura defensiva necesitaba  una fuerza de  unos 6.000 hombres para ser efectiva y que era aproximadamente el contingente peruano que contaba  Montero en Arica  a mediados de marzo, sin considerar los 3.500 sobrevivientes que se habían salvado de la campaña de Tarapacá, la defensa de Tacna seguirían confiadas a los 4.500 bolivianos estacionados allí.

Plaza de Armas de Moquegua, foto 1880

Con la toma de Moquegua el 20 de marzo  y la derrota del coronel Gamarra el 22  del mismo mes en las alturas de los Ángeles, Montero y su Cuartel General decide trasladarse con el grueso del Ejército peruano a Tacna, acto  que se verifica el día 3 de abril, dejando en Arica como Jefe militar al capitán de Navío  Camilo N. Carrillo con una dotación 1.932 hombres que se distribuían en dos Divisiones, la 8ª División conformada por los batallones  Iquique con 310 plazas y el Tarapacá con 210 plazas; la 7ª División  estaba integrada por los batallones Granaderos de Tacna, el Cazadores de Piérola  con un total 580 hombres, más el batallón Artesanos de Tacna 380 plazas, las  baterías del Morro sumaban 200 hombres que en su gran mayoría habían pertenecido a la tripulación del blindado “Independencia”, la dotación del Manco Cápac  sumaba 157 tripulantes, la 1ª División de Torpedistas de la isla del Alacrán  23 hombres y por último la tripulación de la lancha torpedera “Alianza” 25 hombres, incluidos los servidores de tierra(¿?), 47 hombres estaban asignados al Estado Mayor General.

 

El ejército aliado de Tacna quedó formado por un contingente de 7.350 peruanos y 5.150 bolivianos, 17 cañones y 6 ametralladoras. El almirante logró imprimirle una mística y disciplina a la tropa peruana que se probó eficazmente en la jornada del 26 de mayo, lo propio ocurrió con el ejército boliviano al mando del general Camacho, sin embargo la presencia de Montero en Tacna comenzó a generar serias fricciones con el general Camacho, discrepancias que arriesgaron a un rompimiento muy serio entre los aliados, obligando al general Campero a dejar La Paz para tomar personalmente el mando y hacer rectificaciones necesarias de los errores tácticos y de las falencias estratégicas que inducía obstinadamente el contralmirante Montero.

Ante la imperiosa necesidad en que se había visto el almirante Montero de desguarnecer de tropas la plaza fuerte de Arica para reforzar las defensas de Tacna, y al no tener ninguna posibilidad que Lima  o La Paz aumentaran el número de soldados y elementos necesarios que requería para cubrir las necesidades  para la defensa de Arica y Tacna,  el mando peruano recurrió al plan que venía  proponiendo desde hacia algún tiempo el ingeniero don Teodoro Elmore,  quien colaboraba desde inicios de la guerra en el cuerpo de ingenieros militares en la construcción y preparación de defensa.

La propuesta “Elmore”  tenía como principio básico el remplazar el potencial de fuego de la tropa de infantería apostada en las trincheras por cargas de dinamita que explotaran por control eléctrico o por fulminantes de simple presión (minas anti personales).

Sector del Panteon - San José minado por el Ing. Teodoro Elmore

El sistema propuesto por el ingeniero funcionaría remplazando en las trincheras y parapetos el potencial de fuego de los soldados  que habían sido trasladados a Tacna por fuertes cargas de dinamitas que explotarían al avance de las tropas enemigas, si las minas, más el fuego de artillería y el fuego de fusilería  del reducido número de defensores no lograran detener a los atacantes, entonces, una vez que el enemigo hubiese tomado posesión de  los reductos y fortines estos se harían explotar  y así se arrasaría a los ocupantes, el cálculo de los ingenieros militares  peruanos con este sistema era en una relación 1:8,  es decir por un defensor se requerirían ocho atacantes.

 

 Aceptada la propuesta, el ingeniero Elmore y su brigada inician febrilmente la  de instalación del sistema de minas, el ingeniero peruano es asesorado por el ayudante de la 1ª División de Torpedistas, teniente 1º de la marina del Perú don Pedro Ignacio Ureta[2] y por el ingeniero de origen danés  Karl Müller, este técnico extranjero había sido contratado por el gobierno peruano en julio de 1879 para asesorar la División de Torpedistas del Callao, posteriormente fue trasladado a Arica en noviembre de ese año para trabajar con la 1ª División de Torpedistas de la isla del Alacrán, el staff de ingenieros y  zapadores comienzan su labor en las trincheras y parapetos que cubrían el  flanco norte de la ciudad que iba desde el fuerte “San José” al fuerte “Ciudadela” se colocaron tres líneas de minas  paralelas y separadas entre sí,  los explosivos se instalaron en forma  decreciente en profundidad, colocándose la primera línea de minas a una profundidad de 1,5 mts., la segunda a 2 mts. y la tercera a 3 mts.; la primera línea tenía una carga con 5 quintales de dinamita, las segunda 8 quintales del mismo explosivo y por último la tercera con 12 quintales,  la distribución de estos nidos explosivos se alternaban como un verdadero tablero de ajedrez, estaban cubiertos por grandes piedras de río y por chatarra de fierro con el fin de generar la mayor cantidad de esquirlas al momento de la explosión, los cubría una capa de tierra que los disimulaba perfectamente; una red de hilos eléctrico colocados bajo tierra activaba los fulminantes, esta red se energizaba y controlaba desde una central que ubicaron en un recito del hospital, en unas dependencias del Lazareto, bajo el

Lazareto de Arica, foto 1880

 amparo de la bandera de la Cruz Roja. Se colocaron 250 quintales en 84 puntos de la ciudad, lo suficiente como para volar gran parte de esta y del sector del muelle, uno de estos lugares estaba en la intersección de las calles San Marcos con  La Merced,  a pocos metros del cuartel de la “Recova” a una cuadra de la casa destinada a Cuartel General en jirón de Ayacucho, otro nido de dinamita lo ubicaron en calle San Marcos muy cerca de la intersección con la calle del Telégrafo a pocos metros de la casa de la Subprefectura, en la parte próxima al desembarcadero se colocaron explosivos en explanada de la Aduana cercano a la estación del ferrocarril en la entrada al muelle, en la plazoleta del Morro también se colocaron este sistema de “defensas”, ahí la cantidad de explosivo fue de 40 quintales, los fuertes del sur, el “Este” y el “Ciudadela” fueron protegidos por minas de explosión por presión y eléctricas estas última concebidas  para activarse una vez que el enemigo hubiese tomado posesión de ellos, lo propio se hizo en los fuertes “2 de Mayo”,  “Santa Rosa”  y “San José”.

El 3 de  abril de 1880, el coronel don Francisco Bolognesi Cervantes asumió como coronel Jefe Superior de la Plaza de Arica y comandante General de las Baterías en reemplazo del capitán de navío don Camilo N. Carrillo quien tuvo que dejar el cargo de Jefe de la plaza de Arica por razones de salud, por este motivo tuvo que trasladarse a Lima. El coronel Bolognesi relata la situación de Arica en carta dirigida a su hijo Enrique:

 

                                                                      Arica abril 19 de 1880

Querido hijo:

Son las once del día y dirijo ésta para despedirme. El enemigo está cerca de Tacna; allí lo espera el general Montero con todo su ejército, salvo que los chilenos le hagan una jugarreta y vengan a tomar esta plaza que la han dejado débil.

Yo no tengo para su defensa más que 1.400 infantes; ellos pueden en horas traer de Pacocha 3 o 4 mil hombres y a la vez comprometer combate por mar y tierra. En fin, ha llegado el momento de decidir la cuestión.

No hay que asustarse, no estamos mal. Si se dirigen bien las cosas, les daremos un caldo como en Tarapacá.

Creo que seré “el pato de la boda” por ocupar este puesto que es el ensueño del enemigo. Mientras estén los nuestros en Tacna quizás no habrá nada aquí.

Ya estoy fastidiado, deseo que llegue el momento de un ataque para descansar del modo que quieras entenderlo. Yo no duermo no me dejan ni comer; en la calle y por donde vaya tengo que hacer con todo el que me busca.

Afectos a todos en casa, amigos y amigas.

 

                                                                        Adiós.

                                                            FRANCISCO BOLOGNESI.

 

 

Coronel Francisco Bolognesi

Con la asunción al mando de la plaza de Arica de Bolognesi comenzó ha producirse un cambio sustancial en la calidad de organización y trabajo de la guarnición, comenzó a hacerse sentir la disciplina militar. El coronel Bolognesi era  infatigable en el servicio,  se aparecía en todas las avanzadas y sorprendía de noche a los centinelas; Jefes, oficiales y soldados  habían cobrado respeto y afecto a su comandante.

Los requerimientos de elementos para la construcción del sistema de minas fueron satisfechos fundamentalmente con los que poseía el parque de la 1ª División de Torpedistas, decisión que no estuvo exenta de la aprensión del jefe de ese destacamento, coronel Leoncio Prado, este jefe manifestó por memorando,  el desligamiento de toda responsabilidad posterior sobre su comando por el desmantelamiento que sufría la División, así lo expresa Prado en nota dirigida al coronel Bolognesi:

 

 

1ª División de Torpedistas.

 

                                                  Isla del Alacrán Mayo 8 de 1880

 

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

 

S.C.

 

Es en mi poder su apreciable nota fechada el 7 del pte. En la cual me ordena US. entregue al Ingeniero Sor. Teodoro Elmore, todo el alambre aislado e inutilizado perteneciente a uno de los torpedos que se encuentran en mi poder, pero creo de mi deber para salvar toda responsabilidad, antes de dar cumplimiento a esa orden manifestar a US. que ese alambre a pesar de estar en mal estado posible es su compostura y su colocación al torpedo del que pertenece.

Respecto a la razón detallada que me pide US. de los fulminantes eléctricos y para mecha para dinamita que se cuente, diré a US. que los primeros sólo tengo 12, los cuales me son necesarios para el arreglo y ensayo de los torpedos y los segundos no tengo ninguno.

 

Espero que US...

 

                                                                      LEONCIO PRADO

 

   

En otra misiva enviada al coronel Bolognesi, el comandante de Torpedistas, insiste en sus aprensiones en el desmantelamiento  de la unidad bajo su mando.


 

1ª División de Torpedistas

 

Isla del Alacrán Mayo 12 de 1880

 

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

 

S.C.

Comprendo muy bien que no sólo para el buen servicio sino también para la defensa de esta plaza es muy necesario el alambre que en nota fecha 7 me pide US. pero creo de mí deber manifestar a US. que ese alambre a pesar de encontrarse en mal estado posible en su compostura y al mismo tiempo temo que mañana u otro día Su señoría el Sor. Gral.  o alguna otra persona me diga,  que porque he entregado  ese alambre sin haber hecho estas observaciones.

Respecto a la segunda parte de su nota, es decir a la cantidad de fulminantes que tengo; diré a US. que sólo tengo  doce eléctricos, los que son indispensables para los torpedos de que estoy encargado y para el ensayo de ellos, es decir para ver si están buenos, y respecto a los otros, es decir a los de dinamita, diré a U. Que no tengo ninguno...

 

 

   

Isla del "Alacran" sede de la 1a División de Torpedistas

Por otra parte en esos mismos día el ingeniero Elmore respondía a las urgencias impuesta por el coronel Bolognesi, quien cifraba gran esperanza en la eficacia defensiva del sistema de minas, situación que se  deduce  de la correspondencia que mantuvo con el coronel Prado y con el Ingeniero Elmore en esos días, el Jefe de la Plaza exigía con urgencia  la instalación de las minas, Elmore respondía:

 

Brigada Ingenieros

1er Ejército del Sur

 

                                                                      Arica Mayo 10 de 1880

 

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

 

Sor Coronel.

Listos como se encuentran los tres parapetos que defienden el flanco de esta población, así como los alambres, baterías y demás elementos que son necesarios para minarlos, he hecho el día de ayer los experimentos que juzgué necesarios para sustituir a los fulminantes eléctricos de que carezco. El ensayo que V.S.  presenció esta mañana, demuestra que el fuego, a una serie de cuatro minas, se comunica por un solo lado tan instantáneamente  como es de apetecer, así que cada fulminante, comunicado por ambos lados, puede dar fuego, a ocho minas; por consiguiente,  con tres fulminantes de hace estallar 24 minas en un segundo y seis décimos.

 

V.S. no ha quedado satisfecho del resultado de mis esfuerzos calificándolos como no lo esperaba, pues, si bien es cierto que los niños juegan con guías de pólvora, también lo es que hacen igual cosa con cañones y soldados; de tal manera, que por si esa razón no se ha de aplicar a la guerra lo primero, preciso será renunciar a lo segundo.

 

Hay más señor Coronel, no puedo jamás negar las ventajas de las minas cargadas todas con fulminantes eléctricos, pero advierto a V.S. que no por eso queda asegurado su éxito, porque un solo fulminante en cada mina puede fallar, así como puede fallar todos si se daña el alambre enterrado.

 

V.S. me ha expresado que quiere que el éxito sea infalible, quedando mi responsabilidad empeñada; de contestarle, y para que conste, lo hago por escrito, que tratándose de infalibilidad, no creo nada y menos acepto respondo responsabilidad mientras no me declare iluminado por un  rayo de luz divina (o diabólica).

 

Por estas razones, señor Coronel, suspendo por el momento la carga de las minas que debía realizar hoy, hasta que V.S. estime conveniente, proporcionándome sí los útiles que para ello sea necesario, advirtiéndole que necesito 24 fulminantes por cada serie, si se calcula a uno por mina, y 27, si se colocase doble fulminante en las tres maestras que deben ponerse en cada serie, es decir necesito 81 fulminantes para las tres series que están expeditas para cargarse y que sólo esperan la orden de V.S.

 

Dios guarde A V.S.

 

T. ELMORE

 

 

En otro comunicado del mismo día el ingeniero Elmore informa al coronel Bolognesi.

 

Brigada Ingenieros

1er Ejército del Sur

                                                                      Arica Mayo 10 de 1880

 

Sor. Coronel Jefe Superior de la Plaza y Comandante Gral. De las Baterías.

 

Sor Coronel.

En contestación a su estimable oficio de hoy, debo decir a V.S. que, conforme a lo que expuse en mi oficio de esta mañana, no me es posible responder del éxito infalible que V.S. desea de mis trabajos, vuelvo a decir a V.S. que sólo puedo garantizar de las posibilidades que lo humano me permite, prometiéndole si hacer cuanto me sea posible para asegurar dicho éxito. En  cuanto a que se proceda a cargar las minas del Morro, debo suplicarle que para ello me remita la carga que hace un tiempo le pedí, pues el cajón y medio que tengo a mi disposición en el parque, sólo me bastaría para tres minas, siendo así que tengo 15 preparadas y algunas en trabajo. V.S. ignora que mientras para el Norte las minas las he hecho de libra y media, para el Morro las  he hecho de a 30 en los puntos principales, en razón de que todo el trabajo es sobre roca.

 

Dios guarde A V.S.

 

T. ELMORE

 

 

 

 

La vida en Arica en los meses previos al Asalto y Toma del Morro, estaba llena de privaciones, así lo manifiesta el coronel Bolognesi a su jefe de Estado Mayor coronel José Carmen La Torre, “Los Jefes de esta plaza han convocado hacer mejor capotes, que  ponchos para la tropa, porque hay gran parte de estas en mangas de camisa. Si V.S. no ha dispuesto de los botones de metal que se me remitieron a ese E.M.G., le agradecería me los remitiera.”  Sin embargo dentro de las circunstancias los abastecimientos de alimentos para la población eran los suficientes, incluso se pensaba que la ciudad podría resistir con facilidad seis meses de sitio, hay que recordar que por entonces le mayor parte de la población de Arica era la dotación de los regimientos estacionados en la Plaza, el elemento civil sólo lo componían personas  que servían de auxiliares al Ejército, funcionarios civiles del Estado y comerciantes y sus empleados que abastecían  a las fuerzas militares. El coronel Bolognesi dispuso que se diera una ración de carne y arroz a las familias más pobres que permanecían en la ciudad. Las autoridades civiles de Arica en Mayo de 1880 eran el señor Domingo Pescetto alcalde de Arica, el señor Pescetto era comerciante de origen italiano,  el subprefecto era el señor Fidel Federico Sosa.

A partir de la segunda quincena del mes de mayo comienza a sentirse, cada vez mas en el ánimo de los defensores de Arica la cercanía de las fuerzas Chilenas, así es como  el coronel Bolognesi requería información  urgente al prefecto de Tacna  en telegrama enviado  a las 12:48 A.M. en el que expresaba: “Señor Prefecto –Tacna- Por telegramas particulares se sabe que hay combates.  Sírvase decirme que sucede”.

El día 24 de mayo el Capitán de “Manco Cápac” enviaba un telegrama al almirante Montero en el que daba cuenta de la información traída por el buque inglés “Thetis”, que comunicaba la muerte del ministro de la guerra de Chile señor Rafael Sotomayor.

Artillería chilena, presenta revista antes de la Batalla de Tacna

 

El 25 de mayo el prefecto de Tacna informaba al coronel Bolognesi a las 7:59 P.M. de la presencia de las primeras avanzadas chilenas cercanas al “Campo de la Alianza”. Ese día el  entusiasmo en el Ejército aliado era indescriptible, el general Campero Comandante en Jefe  de los aliados y presidente de Bolivia, recorre las líneas, arengando a cada cuerpo particularmente. Los soldados enfermos en condiciones de portar armas abandonan los hospitales y se incorporan a sus respectivos cuerpos. Un importante número de civiles sube al Campo de la Alianza a pedir un puesto de combate, la mayoría lleva sus propias armas, un número importante de ellos son extranjeros avecindados en Tacna.

El almirante Montero hace lo propio con su división  visitando las líneas dispuestas al combate, al arengar al batallón 1º de Bolivia;  que  iba a pelear bajo su mando, al momento de concluir el fogoso discurso y en un arrebato de entusiasmo se equivoca y dice: ¡Viva Chile! A lo que los sorprendidos “Colorados” le responden ¡Viva la Alianza!.

Tricheras del "Alto de la Alianza"

El día 26 de mayo, parte del ejército aliado amanece muy agobiado por la pernoctada de la noche, había vagado por las arenosas pampas del Intiorco en una búsqueda infructuosa para sorprender al ejército chileno en su último y transitorio campamento de Quebrada Honda antes del inicio de la batalla, el  día de la batalla del Campo de la Alianza, el coronel Bolognesi consulta a las 9:10 A.M. por telegrama al prefecto de Tacna sobre la situación en esa ciudad, le responden al medio día un funcionario de apellido Ríos, señalándole que la batalla había comenzado  a las 10:30 A.M. siendo “lo más crudo” cerca del medio día, a partir de ese momento la incomunicación con los Jefes aliados o con otra autoridad será totalmente nula, manteniéndose  los defensores de Arica en el más absoluto desconocimiento de la realidad de los acontecimientos que ocurrían con los Ejércitos del Sur (1º y 2º) y con el Ejército de Bolivia.

 



[1] Recibió el nombre de “Ciudadela”  ese fuerte debido a que la población en forma espontánea así denominaba al campamento militar que se había establecido en las planicies que existen inmediatamente atrás del cerro de La Cruz  y muy cercano al reducto defensivo. El almirante Montero había ordenado esa ubicación de los regimientos con el fin de evitar daño a la tropa con motivo de los bombardeos de las naves chilenas a la ciudad.

[2] El teniente 1º Pedro Ignacio Ureta era ingeniero electricista de la Armada del Perú. Miembro del Estado Mayor General de la Plaza de Arica