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Capitulo IV

Los 7 días más trascendentales

 

·        La batalla de Arica

 

Gral. Manuel Baquedano Gonzalez

Comandante en Jefe Ejército de Chile

 

Ante la evidente proximidad de la batalla en Tacna entre el Ejército de Chile y el Ejército Aliado, el coronel Bolognesi ordenó colocar un mensajero en el puesto avanzado de la estación  del ferrocarril a Tacna llamada del Hospicio, el encargado de las comunicaciones en dicho puesto de avanzada informaba  a su Jefe el día 26 de mayo a las 9:40 Hrs. A.M.:

 “En este momento acabo de ver con el anteojo de Elmore que el campamento esta lleno de gente. Parece que todo el Ejército está allí. Mas abajo en la cima del cerro se distingue más gente en grupos”.

La incertidumbre avanzará inexorablemente en el Jefe de la Plaza de Arica hasta el mismo día 7 de junio, las informaciones contradictorias aumentan  la desinformación de los mandos peruanos de Arica. Nuevamente llegan noticias a Arica a las 12:25 P.M. de ese día 26 de mayo, el cable traía la siguiente información:

“Principian a llegar bolivianos en fuga. Los chilenos amagan la izquierda con el objeto de pasarse a Arica”.

Un segundo telegrama informa:

“Señor coronel Bolognesi 12:35 P.M. un fuego nutrido sigue. Pero todos los bolivianos corren. Creo que ya tenemos perdida la batalla”, una hora más tarde llega otra noticia algo más tranquilizadora: “señor coronel Bolognesi 1:00 P.M. llegan noticias de que los chilenos huyen y los dispersos se reúnen en la plaza”.

Con el dramatismo de la incertidumbre vive Arica ese 26 de mayo de 1880,  a la distancia sólo se podía percibir lejanos penachos de humo negro que emanaba detrás de los cerros que cubren la vista desde Arica hacia Tacna. A eso de las  cinco de la tarde el mensajero de Hospicio informaba lo siguiente:

“Señor  coronel Bolognesi, en este momento acaba de llegar un soldado del batallón “Arica”: dice éste que el enemigo está en Tacna con todas sus piezas de artillería, además dice que nuestro ejército está reconcentrado en Pachía y de que el general Montero a la cabeza de su gente se prepara para la madrugada atacarlos nuevamente. El coronel Camacho le acompaña herido de una pierna”.

“El batallón Arica destrozado, murió su comandante Mac Lean”.

“El soldado salió a las 3:00 P.M., dejando la mayor parte del enemigo en Tacna; haciendo fuego de cañón sobre el pueblo, han destrozado el pueblo a cañonazos. Toda la gente de Tacna se ha ido a Pachía”.

“Se ha salvado toda nuestra artillería pues nuestra gente hacía fuego seriamente. Campero se retiró con su escolta de un principio”.

El último telegrama enviado por  el jefe de la plaza de Arica el día de la batalla de Tacna, suscrito por el Jefe del Estado Mayor, coronel Manuel Carmen La Torre, decía:

“Arica, 26 mayo 18:45 P.M. Señor general Montero, Pachía.- Dice coronel Bolognesi que aquí sucumbiremos todos antes de entregar Arica. Háganos propios. Comuníquenos órdenes y noticias del ejército y de los auxilios de Moquegua”.

Al parecer Montero nunca recibió este telegrama, hasta ahí las informaciones que obtuvo el mando peruano de Arica de los acontecimientos de la batalla de Tacna, el telégrafo fue cortado, por lo que cualquier comunicación sólo se hacia desde el Hospicio; Bolognesi mantuvo todo el día 27 la vía férrea vigilada para estar atento ante el eventual repliegue masivo de los derrotados de Tacna  hacia el puerto. El día 28  Bolognesi despachó para el coronel  Segundo Leiva, Jefe del 2º Ejército del Sur, por intermedio del prefecto Orbegoso de Arequipa un propio  por  el cable marino que unía Arica con Mollendo y que se mantuvo habilitado hasta el mismo día 7 de junio,  decía el Jefe de la plaza de Arica:

 

 

“Esfuerzo Inútil, Tacna ocupada por el enemigo. Nada oficial recibido. Arica se sostendrá muchos días y se salvará perdiendo enemigo si Leiva jaquea, aproximándose a Sama y se une con nosotros”.  

Este telegrama fue recibido el día 30 de mayo en Arequipa. Dando inicio a una serie de comunicados de Bolognesi a Obergoso y Leiva y que nunca tuvieron respuesta.

En tanto la vida de la plaza fuerte se seguirá desarrollando con el dramatismo que significaba el cierre de hierro que cada día se estrechaba más y más los chilenos sobre los defensores de Arica, así es como el 27 de mayo el coronel Prado comandante de la 1ª División de Torpedistas recibía el oficio del jefe del Hospital Militar informándole sobre de la fuga del subteniente Pecero, el oficio versaba así:

 

 

Superintendencia del Hospital

Militar y Ambulancias.

 

                                                                      Arica, Mayo 27 de 1880

 

Señor Jefe de la División de Torpedistas.

 

Pongo en conocimiento de U. Que el individuo Manuel Pecero que ingresó a este Hospital en calidad de preso el 26 de febrero último según lo manifiesta la baja firmada por el ayudante de esa División se ha fugado el día de ayer.

 

 

                                                                        Dios guíe a U.

 

                                                                      Doct. S. BUSTONELLI

 

 

Las fuerzas chilenas encontraron en la madrugada  del 27 de mayo de 1880  en  la estación ferroviaria de Tacna un valioso material ferroviario que inexplicablemente las autoridades peruanas habían dejado abandonado e intacto,  estos elementos ferroviarios fueron de gran utilidad para el posterior traslado del Ejército de Chile hacia Arica, el cuerpo de Ingenieros Militares  tomó posesión de esto valiosos elementos logísticos, siendo su detalle grueso el siguiente:  Cuatro locomotoras, dos de las cuales en perfecto estado,  diez carros estanques, 14 carros de carga y 5 carros  de pasajeros, además un importante número de herramientas y materiales para reparación, incluido varios empleados de la estación que desde ese momentoprestaron gran colaboración.

 

Entrada de las tropas Chilenas a Tacna

 

 

 

 

 

 

Estación de Tacna (1880)

Tensas eran las horas que se vivían en Arica, ya convencido Bolognesi que el ejército de Tacna tomaba un camino distinto al de Arica, ordena a la unidad de explosivos al mando del  ingeniero Elmore volar los puentes del Molle y el de Chacalluta como así mismo destruir  los terraplenes del Hospicio y de Escritos, esta operación fue ordenada con el fin de dejar inhabilitada la vía férrea que unía Tacna con Arica. El jefe de la plaza convocó a Consejo de Guerra para el día 28 de mayo a últimas horas de la tarde;  a este Consejo asistieron 27 jefes, el comandante de la plaza expone ante sus subordinados la situación que enfrentan, la exposición estuvo encargada al jefe del Estado Mayor, coronel Manuel C. La Torre, se vislumbraron dos posibles escenarios a encarar. El primer escenario, sugería un plan de operaciones mediante el cual el ejército chileno avanzaría desde Tacna hacia Arica, en cuyo proceso el contralmirante Montero o el II segundo Ejército del Sur hostilizaría a los chilenos por los flancos. Esto obligaría al Ejército bajo el mando del general Baquedano a batirse en retirada, encontrándose  con la guarnición de Arica, donde serían derrotados. El segundo escenario, se basaba en la hipótesis de que el ejército chileno sitiaría la plaza  o la atacaría; la guarnición resistiría con todos los recursos a su disposición, causando el mayor número de bajas posibles y agotando al ejército asaltante, tropas peruanas y bolivianas rehechas en la precordillera en avances sobre Arica sorprenderían al diezmado ejército chileno, que además vería permanentemente hostilizadas por el II Ejército del Sur sus líneas de abastecimientos que provenían desde Pacocha  e Ite. Esta última hipótesis fue asumida por el coronel Bolognesi, de ahí tanta insistencia en  solicitar que actuasen  las fuerzas  del coronel Leiva.

Analizadas las alternativas que tenían  los defensores de Arica, todos los oficiales citados  al Consejo de Guerra esa noche del 28 de mayo, acordaron resistir hasta las últimas consecuencias y aprobaron el plan de defensa. La única excepción la constituyó el coronel Agustín Belaúnde, jefe del batallón de “Cazadores de Piérola”[1]. El coronel Belaúnde terminado el Consejo de Guerra intenta sublevar el cuerpo de su mando desconociendo el acuerdo casi unánime del consejo de oficiales de la plaza, el coronel Bolognesi sofoca el intento de sublevación, y envía arrestado  al comandante Belaúnde al monitor  “Manco Cápac”.

Por otro lado en Tacna  ese 28 de mayo de 1880 en el lado chileno no era menor la preocupación, el general Baquedano y su Estado Mayor, estaba consciente de la extrema necesidad que tenían de entrar en contacto lo antes posible con la Escuadra  estacionada frente a Arica, este objetivo tenía dos razones de mucha importancia. La primera  de estas, era la necesidad de establecer los suministros en forma segura y rápida para el ejército de casi 18.000 hombres estacionados en Tacna, pues, los abastecimientos por Pacocha e Ite eran extremadamente difíciles como riesgoso, eran muchas leguas de distancia que separaban a Tacna de estos puertos, espacio fundamentalmente de desierto,  además, la existencia de montoneras en la zona, la del coronel Gregorío Albarracín “El centauro de las vilcas” y la de Juan Luis Pacheco de Céspedes “El Cubano”,  hacía peligroso el trayecto. El alto mando chileno sabía que el valle de Tacna podría proporcionar sustento al ejército por un tiempo pero este pronto se vería  agotado, el valle de Sama, el más cercano,  ya se había visto afectado por la ocupación previa a la batalla de Tacna, por lo que no era una fuente de recursos muy abundante, además, se creía seriamente en el riesgo latente de la reorganización del ejército aliado en la precordillera, también se contempló en el análisis el hecho de que una inmovilización  muy larga del  Ejército Expedicionario podría bajar la moral y relajar la disciplina, en consecuencia, estando además escaso de recurso y pertrechos, podría significar que el Ejército Chileno se encontrarse en comprometida situación ante un eventual adversario rehecho, el  segundo motivo que daba preeminencia a una ocupación rápida de Arica era la de liberar a la Escuadra del bloqueo del puerto y del apoyo táctico de artillería necesario para las tropas de tierra ante cualquier acción de armas, al liberar de estos objetivos a la Escuadra podría tener  un masivo empleo táctico sobre  el Callao y sobre otros puertos más al norte de la costa peruana.

Para el propósito señalado el general Baquedano dispuso hacer un reconocimiento del camino a Arica  al día subsiguiente de la batalla de Tacna. La misión se le encomendó a una patrulla de  50 “Carabineros de Yungay” al mando del capitán don Juan de Dios Dinator, el destacamento llevaba como segundo comandante al alférez don Manuel Fornés. La patrulla sale de Tacna a la 8:00 P.M. siguiendo la línea del ferrocarril, como a unos mil metros antes de llegar a la estación del Hospicio  el jefe del piquete ordena que quedasen 47 hombres  a retaguardia bajo el mando del alférez Fornés, mientras él con tres hombres  avanzaba por la línea en un carro de mano hasta apoderarse de la oficina del telégrafo.

La oscuridad de la noche no le permitió al capitán Dinator y sus hombres percatarse de la presencia de una avanzada peruana, que al sentir los movimientos de los chilenos dio el “quien vive” como a veinte metros de distancia del objetivo, los chilenos continuaron avanzando en  silencio sin contestar, los peruanos vuelve a dar el “quien vive” pero en esta oportunidad  disparando sobre las sombras que percibían, de inmediato los chilenos respondieron al fuego  dirigiendo sus dispararos en dirección al los fogonazos vistos, provocando la huida de la patrulla peruana.

Al sentir las detonaciones el alférez Fornés ordena avanzar a seis carabineros, con los que el capitán  Dinator carga haciendo fuego sobre los fugitivos, pero estos se pierden en las sinuosidades del terreno amparados en la oscuridad de la noche.

Al amanecer del día 29,  la patrulla chilena avanzó hasta casi llegar a la desembocadura del río Lluta, ahí en la costa, el capitán Dinator  desplegó una bandera chilena que le había sido facilitada por el cuerpo de Navales, el despliegue de la bandera lo hicieron lanzando espontáneamente tres “hurras” por Chile. Los buques de la Armada chilena a la gira se percataron del gesto y contestaron subiendo la tripulación a la arboladura.

Los  movimientos efectuados por los chilenos alertaron a las avanzadas peruanas que prestaban vigilancia en la quebrada de Chacalluta, unos 50 jinetes  y alguna infantería se abalanzaron sobre la patrulla chilena, la sección que había quedado de vigías en el borde del barranco de Chacalluta dan la voz de alerta, los chilenos forman en batalla y avanzan unos 800 metros sobre sus enemigos, acto que bastó para que los peruanos se retiraran en fuga a los cerros cercanos de “Punta Condori” desde donde hicieron fuego, pero  por la distancia que los separaba de los chilenos impidió que causaran algún daño a los exploradores. La patrulla chilena siguió avanzando hasta  la orilla del río Lluta donde existían unos alfalfales que sirvieron para forrajear a la caballada, acto que se hizo a vista y paciencia de la avanzada peruana sin que ésta reaccionara.

A una hora de dar alimento a las bestias y tomar descanso la tropa, se dio la alerta de un nuevo avance del destacamento peruano sobre la patrulla, nuevamente el capitán dispone formación de batalla para cargar sobre el enemigo y nuevamente los peruanos emprenden la retirada a desbandada, en ese momento se perciben señales desde la “Covadonga”, el capitán Dinator con un piquete se acercan a la playa, al llegar a la orilla ven que desde el “Cochrane” se lanzaba un hombre al agua, el marinero alcanza a nado la orilla aprovechando que en ese momento estaba el mar calmo, al llegar se identifico como el marinero John Lewis, el había sido comisionado para llevar del comandante Juan José Latorre un pliego sellado para el general Baquedano. Cumplida su misión hizo intento de volver a nado al buque pero la fuerte corriente de ese sector de la costa se lo impidió, se incorpora por lo tanto a la patrulla chilena que regresa a Tacna a las 6:00 P.M.  aproximadamente de ese día.

Playa de "Chacalluta" desembocadura río Lluta (Azufre), lugar de contacto de Patrulla de caballería con buques de la Armada de Chile.

En Arica, en la mañana del 29 de mayo el coronel Belaúnde con la complicidad de algunos oficiales de su batallón, y haciendo uso del soborno a sus celadores logra escapar de su prisión  a bordo del “Manco Cápac”, la deserción  del jefe de los “Cazadores de Piérola”, arrastró  a los jefes de ese cuerpo;  sargento mayor  Manuel Revollar, al capitán Pedro Hume, a los subtenientes Enrique F. Dávila y Simón Quelopana y al sargento 2º Gavino Vargas, los que fueron declarados traidores a la patria, y se ordenó enjuiciarlos y aplicarles las penas que correspondan según el estatuto provisorio que regía las ordenanzas del ejército peruano en reorganización según había ordenado el dictador Piérola, para aplicación una vez que fuesen capturados. En la fuga hacia Arequipa, Belaúnde se encontró con el prefecto de Tacna don Pedro A. Del Solar quien le preguntó extrañado sobre la situación de Arica. Belaúnde no pudo responder, por lo cual el prefecto, comprendiendo que se trataba de un desertor, dispuso que fuera arrestado  y fusilado junto a sus acompañantes, la sentencia no llegó a cumplirse por las difíciles circunstancias que vivían las tropas peruanas en retirada desde Tacna camino a Arequipa. La deserción de Belaúnde generó el nombramiento como comandante del “Cazadores de Piérola”  del teniente coronel Francisco Cornejo, además del nombramiento  como jefe de línea en el fuerte “Ciudadela” del coronel don Justo Arias y Aragüez, y se ascendió al grado de sargento mayor de guardias nacionales a don Ismael Meza, quedando este último como tercer jefe de la Brigada de Artillería del fuerte del Este.

En tanto, el segundo escuadrón de “Carabineros de Yungay”  al mando del sargento mayor don Rafael Vargas Pinochet, es comisionado para una segunda exploración  del camino de Arica hasta el río Lluta, la misión contemplaba la protección al Cuerpo de Ingenieros que estaba al mando del sargento  mayor don Francisco Javier Zelaya, que tenía la misión de reparar la vía férrea que había sido destruida en cinco partes por el ingeniero Elmore y su gente, el mismo día 1º de junio quedaba expedita la vía hasta el mismo puente de Chacalluta, lugar que establece campamento el capitán Adolfo Silva Vergara con su compañía de pontoneros, el trabajo de los ingenieros y de los pontoneros  fue muy satisfactorio por que en un solo día lograron habilitar la vía férrea hasta la quebrada de Chacalluta, ese mismo día se probó la efectividad de las reparaciones enviando una locomotora hasta el mismo puente de Chacalluta, la que llegó sin ningún tropiezo, la reparación del puente en la quebrada de Chacalluta era una obra que requería de algo más de tiempo, ya que la explosión ocurrida por la orden de demolición y destrucción de la vía férrea que había dado el coronel Bolognesi a Elmore había destruido el machón central de piedra y gran parte de las defensas del puente,  rieles y durmientes los que igualmente habían volado.

Estación de "Chacalluta", Ferrocarril Arica - Tacna

Tras el 2º escuadrón de “Carabineros de Yungay” habían salido desde Tacna el batallón “Cazadores a Caballo” reuniéndose toda la avanzada chilena a media tarde en el campamento levantado por los pontoneros.

Al anochecer del día 1º de junio  la caballería bajaba a apacentar a los alfalfales de las orillas del río  y a dar de beber  al ganado haciéndolo por el vado del camino real.

Cuando ya había pasado el  regimiento de “Cazadores” e iba a efectuar la operación el 2º escuadrón del “Carabineros”, se hace sentir una inmensa detonación acompañada de un estruendo que remeció el suelo como un gran sismo, levantando  trozos de piedra y gran cantidad de tierra, provocando una negra polvareda,  daba la impresión a los soldados que la tierra se partía en dos bajo sus pies, como si de improviso un volcán se abriera en esa parte del río; era una mina de dinamita que había explotado.

La brigada de ingenieros de Elmore había minado todo el posible paso de las tropas chilenas por esa vadera, las baterías eléctricas que activaban dichas minas estaba en una casucha de madera semi camuflada de precarias condiciones a una prudente distancia del sector  minado.

Pasado el primer momento de desconcierto entre los chilenos y calmada la primera impresión  se vio que la explosión no había causado ninguna baja, a excepción del corneta de órdenes que resultó con una fractura en un brazo, este soldado  iba inmediatamente detrás del mayor Vargas al momento de la explosión, de inmediato se ordenó a un piquete dirigirse hacía la caseta donde entre las sombras se distinguían tres bultos móviles, que lejos de detenerse al disparo de los carabineros aumentaron su velocidad de escape,  uno de ellos logra hacerse de un caballo lo que le permitió perderse en la oscuridad de la noche y en la sinuosidad del terreno. Los otros dos fueron capturados, al ser llevados ante el mayor Vargas  para ser interrogados, se descubrió que uno de ellos ere el mismísimo ingeniero Teodoro Elmore y el otro el teniente de la marina peruana Pedro I. Ureta quien había resultado herido de gravedad y fallecería días más tarde a causa de sus heridas.

Elmore, informó al mayor Vargas de la existencia de otras minas en el sector y de que él poseía la información  de todo el sistema de minas de la plaza fuerte de Arica, además señaló que el sólo se encontraba en el lugar para levantar unos planos, negando toda intervención suya en la explosión recién ocurrida.

Puente cortado del F.F.C.C. Arica -Tacna  sobre el río Lluta

Revisada la casucha en las primeras horas del alba se pudo constatar que ahí estaban las baterías eléctricas que activaban las minas instaladas en el sector, se cortaron los alambres conductores y con grandes precauciones se rastrearon las márgenes del río, encontrándose nueve minas en diversos puntos, estas estaban construidas en pozos de un metro y medio  de profundidad ensanchándose en la mitad para tomar el mismo diámetro de la boca  en el fondo, formando una especie de barril cavado en la tierra. Estos pozos estaban cargados con dinamita y rellenos con piedras y tierra fuertemente comprimida. La noticia de la explosión causó gran indignación en la tropa y oficialidad del Ejército de Chile, todos anhelaban marchar sobre Arica para vengar esa forma de hacer la guerra que la consideraban cobarde e inhumana,  Elmore habría sido fusilado en el acto, sino hubiese primado el buen criterio de los jefes chilenos, él por si solo representaba una riquísima fuente de información sobre las defensas de Arica.

La consternación en el bando peruano de Arica no fue menor al enterarse de la captura de Elmore y del teniente Ureta, sin embargo, el coronel Bolognesi mantuvo la férrea esperanza que su plan de operaciones era  aun viable, ignoraba en absoluto la deserción del Ejército boliviano, con el general Campero a la cabeza, como también la retirada absoluta de Montero con los restos de su ejército hacia Arequipa, desde donde no saldría hasta la ocupación de esa ciudad por las fuerzas chilenas al término de la guerra; el viejo coronel estaba convencido de poder soportar el asedio chileno por largo tiempo, el día  2 de junio enviaba  el siguiente telegrama al prefecto de Arequipa:

 “Arica, 2 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Toda caballería  en Chacalluta. Compone  ferrocarril. No posible comunicar Campero. Sitio o ataque resistiremos.- Bolognesi.”

Este telegrama fue recibido en Arequipa a las  12:38 P.M. del día 2 de junio, ese mismo día remite otro telegrama con el mismo destino siendo recibido en Arequipa el día 3 de junio a las 6:35 A.M., decía así:

 “Arica,  2 de Junio de 1880. - Prefecto.- Arequipa.- Enemigo toda las armas por trenes a dos leguas acampado. Espero mañana  ataque.- Bolognesi."

El último telegrama del coronel Bolognesi del día 2 de junio comunicaba efectivamente lo que ocurría en el campamento chileno de Chacalluta, el general en jefe del Ejército chileno ordenó a la División que había actuado de reserva  el 26 de mayo, que se trasladase a Chacalluta para iniciar los aprestos para el asalto o el sitio de la plaza fuerte de Arica, como jefe de esta División nombró al coronel Pedro Lagos Marchant, los primeros contingentes salen de Tacna a bordo del tren en la mañana de ese día, llegando a destino a comienzo de la tarde,  estableciendo campamento en la rivera norte del río Lluta, las fuerzas de infantería que se incorporaba a la avanzada era  el regimiento  1º de línea “Buín” y el regimiento 3º de línea.

Crol. Pedro Lagos Marchant

Comandante de la Division encargada del Asalto y Toma de Arica

El día 3 de junio  a las 10:00 A.M. el general Manuel Baquedano comandante en jefe del Ejército chileno  salió  con destino a Chacalluta, acompañado del Estado Mayor General, del regimiento 4º de Línea, batallón “Bulnes”, escuadrón Nº1 de “Carabineros de Yungay” y cuatro baterías de artillería, a la una de la tarde se reunieron todas las fuerzas en el campamento de Chacalluta, el general ordena reubicar el campamento en un lugar fuera de tiro de cañón, quedando algo mas al Este, al amparo de los lomajes de “Condorí” siempre en la rivera norte del río, esta medida motivo la creencia del coronel Bolognesi de un retiro de los chilenos, así lo estampa en telegrama enviado al prefecto de Arequipa al atardecer del día 3 de junio, en el que decía:

“Arica 3 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Avanzadas enemigas se retiran. Continúan  siete buques. Apure Leiva para unírsenos. Resistiremos.- Bolognesi”.

A unos 200 kilómetros al noreste de Arica, en la breña tacneña, en Tarata, el  prefecto de Tacna señor Pedro Alejandrino del Solar, comisiona a  Juan Luis Pacheco de Céspedes, “El Cubano”[2], jefe de una montonera que se había formado en la zona, con un mensaje para el coronel Bolognesi que decía: “Sor. coronel Bolognesi, destruya los cañones y cuanto elemento bélico hay en Arica y salve los hombres que allí tiene para pasar ese Ejército a Moquegua y unirlo al coronel Leiva”.

 “El Cubano” no logró llegar a Arica a cumplir su misión, pues, la plaza fuerte ya estaba totalmente sitiada el medio día del día 5 de junio cuando llegó a las inmediaciones de Sobraya,  caserío del valle de Azapa, desde ese lugar alcanzó a divisar las avanzadas de la caballería chilena que tenían posesión del valle.

En la mañana del día 4 de junio el general Baquedano en compañía de su Estado Mayor  sale  a un reconocimiento de campo, da orden a la artillería de tomar  posiciones que le permitiesen dominar la ciudad con el fin de hacer reconocimiento de tiro, al mismo tiempo se ordenó al regimiento 4º de línea y a una parte de la caballería a  tomar posesión del valle de Azapa, lugar por donde la ciudad recibía abastecimientos de alimentos y constituía una excelente puerta de acceso a los caminos al interior de la provincia, los que podrían ser utilizados ante una eventual retirada de las fuerzas defensoras de Arica.

 Desde el medio día la artillería con la colaboración de los pontoneros comenzó la fatigosa tarea de  ubicación de sus piezas en las alturas de los arenosos cerros que forman la cadena  montañosa entre “Punta Condori”   y cerro “Chuño”, operación que recién quedó concluida en la noche de ese día, como fuerza de protección acompaño a los artilleros el batallón “Bulnes”, el general Baquedano acompañado de los  coroneles José Velásquez Borquez y Pedro Lagos y demás miembros del Estado Mayor  hicieron un reconocimiento de la plaza de Arica con catalejos desde las alturas de los cerros “Chuños”, durante toda la tarde del 4 de junio el comandante en jefe del Ejército  y su Estado Mayor deliberaron sobre los planes de operación para ejecutar el asalto a la plaza de Arica, hasta ese  momento el general Baquedano había determinado que la operación de asalto fuese conducidas por coronel Ricardo Castro, comandante del regimiento 3º de línea. En tanto se tomó la decisión de incorporar al regimiento “Lautaro” a la División Expedicionaria encargada de la toma de Arica. El “Lautaro” debía trasladarse de su campamento de Pocollay, poblado ubicado a unos 6 kilómetros en las afueras de Tacna, hasta la estación de esa ciudad, para salir a las 7:30 A.M. con destino a Chacalluta, también el Alto Mando determinó que la 1ª  División  quedase amunicionada en Tacna y acuartelada para  estar prontos a concurrir al sitio de las operaciones si llegaba el caso de tal necesidad.

Tte. Coronel Ricardo Castro  

Las deliberaciones del Alto Mando chileno se centraron en dos hipótesis de guerra, una de ellas era la de efectuar un sitio  a la plaza de Arica, forzando la rendición de Bolognesi y su gente por agotamiento, la otra hipótesis  era la de efectuar un rápido asalto a la plaza. Los defensores de la primera hipótesis decían  que Arica no valía las numerosas víctimas que significaría el asalto, ya que estimaban que el poder del sistema de  minas tendría un alto grado de letalidad para las fuerzas ofensoras, además de  considerar como una ventaja para las fuerzas sitiadoras la nula posibilidad de auxilios que tendrían  los defensores, por lo que la mejor y más humanitaria opción era  “el sitio de la plaza”; uno de los defensores de esta hipótesis era el secretario del general Baquedano don Máximo Lira así queda expresado en telegrama enviado  al Almirante Lynch ese día, el que decía:

Sr. Máximo Lira              

“Campamento de Chacalluta, junio 4.- A. Lynch: creemos aquí todos que la posesión de Arica no vale la pena de perder hombres, por eso no se ha pensado en asaltar las posiciones que ocupan los enemigos y que están todas minadas”.

Por otro lado los defensores del asalto decían que el perjuicio de un sitio se vería reflejado en lo dilatado del tiempo en que podría resolverse una rendición de los defensores, teniendo la urgente necesidad de abrir contacto físico con la Armada, solucionando así rápidamente las dificultades de abastecimiento que tendría el ejército estacionado en Tacna a corto plazo y además la inmovilización del Ejército  provocaría la desmoralización y relajamiento de la disciplina, los partidarios de esta opción  además no daban el valor militar tan absoluto al sistema de minas, confiaban en la capacidad de los soldados chilenos de empuje y arrojo que les permitiría salvar con éxito las dificultades que presentaban la defensas de Arica, como también confiaban en su propia capacidad  en el mando, los principales defensores de esta hipótesis fueron los coroneles  Lagos y Velásquez, el Jefe del Estado Mayor General coronel Velásquez telegrafiaba a Santiago diciendo:

“Los restos peruanos de la batalla de Tacna tomaron distintos rumbos, pero nadie se replegó a Arica. Los regimientos Buín, 3º y 4º de Línea, el Bulnes, 22 piezas de artillería y 400 de caballería están a dos leguas de Arica. Mañana atacaremos por la retaguardia juntamente con la escuadra”.

Ya entrada la noche el general Baquedano toma la resolución del asalto a la plaza fuerte de Arica, descartando de plano la opción del sitio,  manteniendo siempre la conducción del ataque en el coronel Ricardo Castro, situación que puso inquieta a toda la oficialidad, por la  conocida y decidida opción de este jefe por la hipótesis del sitio a la plaza, la otra situación que complicaba este comando era el poco ascendiente que poseía el coronel Castro en la tropa ya que los corresponsales de guerra le habían creado una imagen de pusilanimidad entre los soldados. Don Máximo Lira, secretario del general Baquedano, hizo ingentes esfuerzos  ante su jefe para convencerlo de entregar la conducción del asalto al coronel Lagos, los afanes de persuasión  de Lira tuvieron sus frutos, el día 5 de junio, el coronel Pedro Lagos no sólo era jefe Divisionario sino que recaía directamente sobre sus hombros la responsabilidad de la conducción del Asalto y Toma de Arica.

El coronel Lagos con facultades discrecionales otorgadas por el general Baquedano para ejecutar el Asalto a Arica, toma posesión de su cargo en la madrugada del 5 de junio, en la madrugada de ese día se dirige al valle de Azapa acompañado de los ayudantes del Estado Mayor General, mayor don Julio Argomedo, capitanes Belisario Campo y Enrique Salcedo, alférez Ricardo Walker, además del capitán de la comandancia general de Equipajes Segundo Fajardo, en el lugar ya se encontraban los regimientos 1º Buín,  4º y 3º de Línea y 100 hombres de caballería.

Casa de "La Respuesta" o Casa "Bolognesi"

A la misma hora que el coronel Lagos tomaba el mando de la operación,  el general Baquedano envía como parlamentario ante el coronel Francisco Bolognesi al mayor Juan de la Cruz Salvo,  conminando a la rendición de la plaza. Esa madrugada fue de sorpresa para los vigías del batallón “Tarapacá”, unidad del ejército  peruano que estaba a cargo de la defensa de las trincheras del sector norte entre del Cementerio General y el Lazareto, al ver la bandera blanca de parlamento que enarbolaba un pequeño piquete de caballería que destacaba por sus uniformes azul y rojo y que llamaban la atención de parlamento al toque de corneta, el jefe peruano, coronel  Ramón Zavala salió en el acto al encuentro de los inesperados emisarios, montó a caballo  acompañado de un corneta de órdenes y de sus ayudantes, a la medida que se acercaba respondía con toques de inteligencia, el jefe peruano llegó ante el mayor Salvo en breve tiempo solicitándole una explicación de su presencia, acompañaban al mayor el ayudante del coronel Lagos capitán Enrique Salcedo, el alférez de artillería Santiago Frez, un abanderado de señales, un corneta de órdenes y dos ordenanzas. Explicada las razones de su misión por parte del mayor Salvo, el coronel Zavala con cortesía vendó los ojos del mayor Salvo, indicando con firmeza pero con respeto que el resto de la comitiva debería esperar en el lugar.

                 Crol. Ramon Zavala

El mayor Juan de la Cruz Salvo es conducido a la presencia del coronel Bolognesi al Cuartel General que se ubicaba en una hermosa casa  construida en los faldeos del Morro en la esquina de jirón de “Ayacucho” y la calle “del Colegio”, este edificio por su ubicación dominaba  la vista de toda la rada y valle de Arica lo que permitía desde el balcón  del segundo piso al jefe de la plaza y su Estado Mayor tener control visual con catalejos de todas las fortificaciones del sector norte de la ciudad y de gran parte de la bahía como también esta edificación  era percibida de todos los puntos de vigías de las defensas que se utilizaban  para trasmitir y recibir las órdenes por señal de banderas. El oficial chileno es recibido en una dependencia interior de la casona, que al parecer servía de despacho privado del coronel Bolognesi, este cuarto sólo tenía una amplia mesa que hacia las veces de escritorio, y varias sillas de fina factura, sus muros desnudos sólo contenían un reloj mural, el diálogo de la entrevista se desarrollo de la siguiente forma según testigos presenciales peruanos que de algún modo coinciden con la versión del mayor Salvo, único testigo chileno; después del saludo protocolar, Bolognesi  le dice al emisario chileno:

 

Crol. Francisco Bolognesi en la sala de la "Respuesta" con su Estado Mayor

·      Bolognesi: “Le oigo a usted Señor”;

·      Salvo: “Señor, el general en Jefe del Ejército de Chile, deseoso de evitar un derramamiento inútil de sangre, después de haber vencido en Tacna al grueso del Ejército  aliado, me envía a pedir en nombre de la humanidad la rendición de esta plaza, cuyos recursos en hombres, víveres y municiones conocemos,  además, contamos con un crecido ejército que sitiaría la plaza, o la tomará por asalto, siendo US. responsable de las consecuencias”;

·      Bolognesi: “Señor oficial, comunique usted al general Baquedano que tengo deberes sagrados y los cumpliré quemando el último cartucho”;

·      Salvo: “Coronel,  entonces está cumplida mi misión”, el oficial chileno se levanta de su asiento para retirase;

·      Bolognesi: “Lo que he dicho a usted es mi opinión personal; pero debo consultar a los jefes; y a las dos de la tarde mandaré mi respuesta al cuartel general chileno”;

·      Salvo: “No, señor comandante. Esa demora está prevista, por que en la situación en que respectivamente nos hallamos, una hora puede decidir de la suerte de la plaza. Me retiro”;

·      Bolognesi,  le pide: “Dígnese usted aguardar un instante, voy hacer la consulta aquí mismo y en presencia de usted”.

 

El viejo coronel instruye a sus ayudantes de comunicar  de inmediato la orden de reunión de Consejo de Guerra a todos los jefes, a la que concurren los 27 oficiales que componían el alto mando, una vez constituido el Consejo, el Jefe de la Plaza relata la conversación sostenida con el parlamentario chileno y expone su punto de vista respecto a la solicitud de rendición de la plaza, terminada las palabras de Bolognesi el capitán de navío don Guillermo Moore con decisión y plena convicción dice: “Esa es también mi opinión” ratificando la posición de Bolognesi, seguidamente expresan la misma opinión los demás oficiales por orden de graduación, concluido esto el mayor Salvo se pone de pie diciendo: “Señores, mi misión está cumplida, lo siento mucho”, se despide  estrechando la mano de los jefes peruanos diciendo un respetuoso "hata luego".

 

Sgto. Mayor Juan de la Cruz Salvo     

El coronel Zavala guía  al oficial chileno hasta donde lo esperaba el piquete que lo había acompañado en su misión, regresando al Cuartel General  chileno a las 8:30 A.M.

Concluida la gestión del mayor Juan de la Cruz Salvo, se da la orden de iniciar los fuegos por parte de la artillería chilena comandada por el mayor José Manuel Novoa la que había sido instalada convenientemente desde el día anterior.

El bombardeo se inicia a las 9:00 A.M. la batería de montaña al mando del mayor Benjamín Montoya se había colocado a unos 3.000 mts. de distancia de los fuertes del Este, en los lomajes inmediatos al píe del cerro “Chuño”  que da en  el sector norte de la boca del valle de Azapa, concretamente en las lomas de entrada de la quebrada “Encantada”,  esta unidad  mantiene el duelo de artillería con  dichos fuertes.  En tanto las baterías al mando del  teniente coronel Novoa, ubicada en los lomajes de los cerros que están frente al varado buque “Wateree",  traban disparos con los fuertes del norte; “San José” y “Santa Rosa”, el cañoneo dura como hasta las 12:30 P.M.

Suspendidos los fuegos, el Estado Mayor comienza de inmediato a analizar los incidentes de la acción. A las 2:00 P.M. el coronel Lagos acompañado de los comandantes de los regimientos, ingenieros y ayudantes efectúa un reconocimiento  de las posiciones peruanas del Este, antes de esto  ordenó  a una compañía  de guerrilla del Buín  hacer un amago de ataque al noreste de la plaza con el fin de distraer a los mandos peruanos del verdadero lugar a estudiar. A las  4:00 P.M.;  se da orden de replegarse a la artillería de montaña hasta las posiciones  que ocupaban las baterías de campaña, rompiendo fuego contra los fuertes del norte y los parapetos de ese sector  cubriendo las operaciones de la compañía del Buín, la  finalidad era la de evidenciar más aun que el eventual ataque chileno por ese sector, el cañoneo duro como hasta las  5:30 P.M.

Los cazadores al mando del capitán Alberto Novoa G.  y del teniente Juan de Dios Quezada, retornaron después de una incursión profunda al valle de Azapa al campamento instalado en esa parte de Arica, donde se encontraba los regimientos 4º de Línea y “Buín”, los  piquetes de caballería llegaron con  dos bueyes, tres mulas, dos caballos, 40 cabras y 60 ovejas, los que fueron entregados al ayudante de la División Expedicionaria subteniente Ricardo Walker.  Las patrullas de caballería que recorrieron el valle no les fue posible encontrar forraje sólo encontraron caña de azúcar, y agua dulce a unos dos kilómetros del campamento. El regimiento 3º de Línea al anochecer de ese día 5 de junio se incorporó al campamento del valle de Azapa, había  hecho su recorrido por detrás de los cerros de “Condori” evitando ser vistos por el enemigo, el 3º de Línea había sido relevado en el campamento de Chacalluta por el regimiento “Lautaro” recién traído desde Tacna.

Terminadas las maniobras de reconocimiento ya de noche y con todo los antecedentes analizados y estudiados por el Estado Mayor, el coronel Lagos tomó la decisión definitiva sobre el plan de operaciones para llevar a cabo el asalto a la plaza, este consistió básicamente en concentrar el  ataque principal por la retaguardia de los fuertes del Este, simulando un ataque principal por el sector norte de la ciudad, la operación  por las características que presentaban las defensas de Arica, debería ser una maniobra sólo de infantería, la artillería  de tierra chilena no tenía alcance sobre la artillería peruana, por lo que el mando chileno decidió que esta se mantuviera en sus  posiciones de los cerros costeros del norte de Arica  protegida por el batallón “Bulnes”, posición que mantuvo hasta el término de la batalla del día 7, solamente quedaba por verificar un ataque de artillería en conjunto con la escuadra, reconocimiento que quedó postpuesto  para el día 6, la caballería no podía tener ningún papel que cumplir en el ataque, ante el sistema de minas que protegía todas las instalaciones defensivas de la plaza. Definido el plan para el asalto, el coronel Lagos determinó responsabilizar del ataque al fuerte del Este y demás reductos hasta el “Morro Gordo”, al regimiento 4º de Línea, al mando del teniente coronel Juan José San Martín, quedando por determinar cual sería la unidad que atacaría al fuerte “Ciudadela” y cual sería la unidad que quedaría de reserva, ante el ímpetu por tener el honor del ataque al fuerte por parte de ambos comandantes de los regimientos 3º de Línea y “Buín”;  el coronel Lagos echó a la suerte tal opción, ganado el honor del asalto el 3º de Línea al mando del teniente coronel Ricardo Castro, quedando de reserva el regimiento “Buín”  al mando del teniente coronel Luis J. Ortízs la caballería al mando del Capitán Alberto Novoa, la misión de la caballería era fundamentalmente la de cortar la retirada de cualquier tropa enemiga. Los fuertes de la plazoleta de la cima del Morro deberían ser asaltados por las fuerzas conjuntas de los dos regimientos encargados del ataque una vez rendidos los objetivos 

       Tte. Crol. Lui José Ortíz

encomendados. Al norte simulando el ataque principal lo haría la 4ª División al mando del coronel Orozimbo Barbosa, esta División estaba integrada por el regimiento “Lautaro” que tenía al mando al teniente coronel Eulogio Robles más el Estado Mayor de esa División al mando del mayor Baldomero Dublé Almeyda.  Por el lado de los defensores de Arica después de la entrevista del mayor Salvo, las perspectivas que se plantearon los  principales jefes peruanos quedaron estampadas en una serie de documentos que confirman la convicción que tenían de poder resistir un largo tiempo al asedio de las fuerzas chilenas y con ello cumplir el plan de contingencia ante un eventual revés de las fuerzas aliadas de Tacna dejado por el contralmirante Montero al coronel Bolognesi  el día 24 de mayo[3] y la esperanza permanente

Tte.Crol. Eulogio Roble

 que las tropas aliadas Montero/Campero rehechas en los contrafuertes de la precordillera o las del coronel Leiva del 2º Ejército del Sur, marchasen sobre las “desgastadas” fuerzas chilenas estacionadas en Tacna y Arica.

El coronel Bolognesi dirigió tres telegramas al prefecto de Arequipa ese día 5 de junio, el primero de ellos, decía:

“Arica 5 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Apure Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en el enemigo victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el último sacrificio.- Bolognesi”.

 Poco más tarde un segundo telegrama enviado después de la entrevista de Salvo con Bolognesi, fue recibido en Arequipa ese mismo día a las 9:00a.m.; decía:

 Arica, 5 de junio de 1880.- Prefecto.- Arequipa.- Parlamento impone rendición. Contestación previo acuerdo jefes: quemaremos el último cartucho.- Bolognesi”.

Por último hubo ese día un tercer telegrama, enviado cuando cesaron los cañones al medio día del 5 de junio, decía así:

“Arica 5 de junio de 1880.-  Prefecto.- Arequipa.- Suspendido por enemigo cañoneo. Parlamentario dijo: “General Baquedano por deferencia especial a la enérgica actitud de la plaza desea evitar derramamiento de sangre”. Conteste, según acuerdo de jefes: “Mi última palabra es quemar el último cartucho”. ¡Viva el Perú!.- Bolognesi”.

Ese día el jefe de la  8ª División,  coronel Alfonso Ugarte Vernal escribía a su primo Fermín Vernal: “...No hay detalle ni tenemos noticias seguras de los nuestros más de lo que te comunico. Aquí en Arica estamos solamente dos Divisiones de nacionales, defendiendo éste punto, y aún cuando somos tan pocos, no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque éste es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones  de defensa. Tenemos pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional. Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que resultará, así que te puedes imaginar mi triste situación. Sin embargo es preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las posiciones que ocupamos en el morro, los cañones de grueso calibre y las minas que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y quitarnos ésta plaza. Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa...” hasta ahí parte de la carta del coronel Ugarte a su primo.

Otro jefe escribe  a un amigo, se trata del coronel  Ramón Zavala comandante del regimiento “Tarapacá”, que escribe a su amigo Esteban ¿?, parte de la carta: “...De todos modos tengo la seguridad de que si no triunfamos, que si los chilenos no reciben su castigo aquí, que si no hacemos de Arica un segundo Tarapacá, la defensa será de tal naturaleza, que nadie en el país desdeñará en reconocer en nosotros sus compatriotas, y que los naturales no dejaran de reconocernos como defensores de la honra e integridad de nuestra patria. Arica no se rinde, ni las banderas se despliegan para abandonar la plaza; por el contrario, resistirá tenaz y vigorosamente, y cuando la naturaleza cede, obedeciendo a leyes físicas, los invasores pondrán su planta en un suelo que está cubierto de cadáveres y regado por sangre peruana. Sus defensores prefieren la muerte a la deshonra; la gloria a una vida que les hubiera sido insoportable, sino  hubieran aprovechado del último resto de ella para escarmentar al enemigo y levantar más alto el pabellón nacional...” hasta ahí la carta del coronel Zavala, el mismo oficial que condujo al mayor Salvo a la presencia de Bolognesi el día de la conferencia.

En la mañana del día 6 de junio el jefe de la plaza de Arica, ante el eminente recrudecimiento y aumento de las acciones bélicas, dispone la evacuación de las pocas familias y civiles que aún permanecían en la ciudad, estos fueron conducidos a bordo de los buques neutrales surtos en la bahía, eran los buques alemanes “Bismark” y “Hanza”, el francés “Hussard”, el italiano “Garibaldi” y el inglés “Thetis”, quedando solamente algunos negros que prestaban servicio al ejército o cuidaban las casas de sus amos.

El general Baquedano por medio de señales pide la cooperación de la escuadra para iniciar el bombardeo del día 6 con el fin de hacer el último reconocimiento de artillería, a las 11:00 A.M. la artillería de campaña inicia los fuegos, como a las 1:30 P.M. abre los fuegos los buques de la escuadra, todos los fuertes incluido el “Manco Cápac” respondieron a los fuegos; el cañoneo duró como hasta las 4:15 P.M., por el lado chileno resulto averiada la “Covadonga” que fue atravesada de lado a lado por dos tiros de cañón, sobre la línea de flotación sin causar bajas en la tripulación, una bomba estalló en el “Cochrane” dejando 25 marineros gravemente heridos, por el lado de los peruanos no tuvieron grandes daños ni bajas que lamentar,  en tanto  simultáneamente  al duelo de artillería se ordenó hacer un reconocimiento táctico al regimiento “Lautaro” desde su campamento de Chacalluta hasta lo más próximo posible de los fuertes del norte de la ciudad,  este reconocimiento llegó aproximadamente hasta el varadero del “Wateree”, descubierto los infantes chilenos  por los defensores del fuerte “San José” y “Santa Rosa”, de inmediato comenzaron a hacer fuego de artillería sobre el regimiento chileno desplegado en guerrilla, verificado el reconocimiento y viendo el comandante Robles la inutilidad de hacer fuego de fusil dio la orden de  retorno al campamento.

Los objetivos tácticos de medir las fuerzas de artillería combinada, y la de fijar en los defensores de Arica la idea del ataque por el sector norte estaban cumplidos plenamente, sin embargo el deseo del general Baquedano, de producir un efecto de disuasión para lograr la rendición de Bolognesi y su gente salvando el honor en el reciente combate no surtió efecto, muy por el contrario, en el alto mando peruano se afianzo la idea de poder resistir largo tiempo a los embates de las fuerzas chilenas, ya que en el lance de esa mañana del 6 de junio, ellos no habían recibido grandes perjuicios y ninguna baja. Bolognesi  una vez terminadas las escaramuzas envía lo que sería su último telegrama al prefecto de Arequipa, el cual decía:

“Arica 6 de junio de 1880.- señor General Montero o Coronel Leiva.- Este es el octavo propio que  conduce, tal vez,  las últimas palabras de los que sostienen en Arica el honor nacional.

No he recibido, hasta hoy, comunicación alguna que me indique el lugar en que se encuentra, ni la determinación que haya tomado.

El objeto de esta es decir a US.  que tengo al frente a 4.000 enemigos poco mas o menos, a los cuales cerraré el paso a costa de la vida de todos los defensores de Arica. Aunque el número de los invasores se duplique.

Si US. con cualquier fuerza, ataca,  o siquiera jaquea la fuerza enemiga, el triunfo seguro. Grave, tremenda responsabilidad vendrá sobre US. si, por desgracia, no se aprovecha tan segura, tan propicia oportunidad.

En síntesis, actividad y pronto ataque o aproximación a Tacna, es lo necesario por parte de US., por la nuestra, cumpliremos nuestro deber hasta el sacrificio.

Es probable que la situación dure algunos días más y, aunque hayamos sucumbido, no será sin debilitar al enemigo hasta el punto en que no podrá resistir el empuje de una fuerza animosa, por pequeño que sea su número.

El Perú entero nos contempla. Animo, actividad, confianza y venceremos sin que quepa duda.

Medite US., en la situación del enemigo, cerrado como está el paso a sus naves.

Ferrocarril y telégrafo fueron inutilizados; pero hoy ya funcionan los trenes para el enemigo.

Todas las medidas de defensa están tomadas. Espero ataque pasado mañana. Resistiré.

Hágame propios cuantos sean posibles.

 

Dios Guarde a US...- Francisco Bolognesi.”

 

El coronel Bolognesi  y su Estado Mayor, convencidos  ya erróneamente que el grueso del ataque chileno provendría por el sector norte mantuvo a la 8ª División del coronel Alfonso Ugarte, la más numerosa, en esas posiciones defensivas. El batallón “Iquique” al mando del teniente coronel Roque Sáenz Peña[4] tenía a cargo la defensa del sector del “Chinchorro”,  fuerte “San José” y parapetos que iban hasta el Cementerio General, la noche del 6 de junio para el día 7, las avanzadas de este batallón advirtieron una patrulla de caballería chilena, que hacia amagos por ese sector con el fin de mantener la atención de los defensores del sector, se produjo algunos disparos de fusilería, acción que determinó al comandante Sáenz Peña a redoblar la vigilancia en las primeras líneas, las trincheras que iban desde el Cementerio al Lazareto estaban bajo la defensa del batallón “Tarapacá” del coronel Ramón Zavala. Aquella noche todos los jefes peruanos estaban en sus puestos junto a la tropa de su mando, la distribución de las fuerzas defensoras de Arica fue la siguiente:

 

·       Jefatura de la Plaza: Coronel Francisco Bolognesi Cervantes. / 5 ayudantes. Cuartel General  casa de Jirón Ayacucho.

·       Jefatura del Detalle de la Plaza (E.M.G.): Teniente Coronel Manuel Carmen La Torre Santos / 9 ayudantes. Edificio de la Aduana.

·       7ª División: General de la División, coronel José Joaquín Inclán / 4 ayudantes. Jefe estado Mayor, coronel don Ricardo O’Donovan Córdova. Campamento de la “Ciudadela”.

-        Batallón “Granaderos de Tacna”: Comandante, coronel Justo Arias Aragüez / 325 hombres. Fuerte “Ciudadela”.

-        Batallón “Artesanos de Tacna”: Comandante, coronel Marcelino Varela Barrios / 423 hombres. Línea de parapetos y reductos Fuerte del Este-Morro Gordo.

-        Batallón “Cazadores de Piérola”: Comandante, coronel Francisco Cornejo / 321 hombres. Línea parapetos y reductos Ciudadela-Lazareto.

 

·       8ª División: General de la División, coronel Alfonso Ugarte Vernal. / 4 ayudantes. Jefe Estado Mayor, coronel don  Mariano E. Bustamante. Fuerte “San José”.

-        Batallón “Tarapacá”: Comandante, coronel Ramón Zavala Suárez / 347 hombres. Línea parapetos y trincheras Cementerio-Lazareto.

-        Batallón “Iquique”: Comandante, teniente coronel Roque Sáenz Peña Lahitte / 339 hombres. Línea  de parapetos y trincheras Chinchorro- Cementerio.

 

·       Baterías del Morro: Comandante, capitán de navío Juan Guillermo Moore Ruiz / 187 hombres. Explanada de cima del Morro, Batería Alta, comandante de baterías y segundo comandante capitán de corbeta don Manuel Ignacio Espinosa, Batería Baja comandante de batería capitán de corbeta capitán don Daniel Nieto.

·       Baterías del Norte: Comandante, teniente coronel Juan P. Ayllón / 96 hombres.

                     Fuerte “San José”,     Comandante de baterías: capitán de fragata Cleto  Martínez.

                     Fuerte “Santa Rosa”, Comandante de baterías: sargento mayor José Soto.

                     Fuerte “2 de Mayo”,  Comandante de baterías: sargento mayor Gerardo Goitizolo.

·       Baterías del “Este”: Comandante, teniente coronel Medardo Cornejo / 117 hombres. Fuertes del “Este” comandante de baterías sargento mayor Meza y “Ciudadela” comandante de baterías sargento mayor Nacario.

·       Monitor “Manco Cápac”: Comandante, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino / 119 hombres. A bordo del buque.

 

Total de defensores peruanos de la Plaza Fuerte de Arica: 2.290 individuos incluidos Jefes y Oficiales.

 

Cuando los relojes marcaban las 4:30 P.M. el coronel Pedro Lagos haciendo uso de las facultades discrecionales otorgadas por el general Baquedano decidió  hacer un último intento por lograr la rendición de la plaza, por lo que envió en calidad de parlamentario al ingeniero peruano Teodoro Elmore, bajo palabra de honor de retornar al campamento chileno una vez concluida su misión antes de la media noche. Media hora mas tarde de la salida del parlamentario desde el campamento  chileno, aproximadamente a las 5:00 P.M., este se presentaba en el Cuartel General peruano, sus compatriotas lo reciben  con una extraña mezcla de satisfacción y desconfianza, el ingeniero debió cumplir lo que de seguro fue para él la no grata tarea de exponer a sus compatriotas una nueva conminación chilena a la rendición. El coronel Bolognesi, jefe de la plaza  se negó a recibir al señor Elmore y reconocerle la calidad de parlamentario, ordenando a su jefe de Estado Mayor coronel La Torre, que le comunicase que sólo estaba dispuesto a recibir parlamentarios en forma y con arreglo a las prescripciones militares del caso; en consecuencia Elmore fue solamente  atendido por los oficiales del Estado Mayor, reunión que el coronel Bolognesi se negó rotundamente a  estar presente, los jefes peruanos ratificaron la decisión comunicada el día anterior al general Baquedano por intermedio del mayor Juan de la Cruz Salvo.  Elmore entonces, en vista de la negativa de aceptar la rendición procedió a describir la ventajosa situación que él había percibido de las fuerzas chilenas, la superioridad absoluta en la preparación militar que exhibían las tropas, el grado de disciplina y organización del ejército, la calidad del armamento, fueron factores que no escaparon a la observación del prisionero transformado en parlamentario. Un hecho que destacó el emisario fue el ánimo en extremo hostil que percibía en los soldados chilenos en contra de sus enemigos por la utilización de minas en la defensa de la plaza, los soldados chilenos consideraban  de extrema cobardía y traición esa forma de hacer la guerra, estimaban que había que vengar duramente a cada compañero que cayera a causa de la explosión de ese tipo de ingenio destructivo. El ingeniero expresó que los chilenos desde jefes a oficiales y tropas consideraban lavado el honor peruano y que la guarnición había cumplido con creces con su deber, así había sido demostrado en los dos últimos días de resistencia, por lo que perfectamente podría  salvarse muchas vidas humanas. A pesar de los argumentos los jefes peruanos mantuvieron su posición, tenían la clara convicción de poder resistir un buen tiempo hasta dar oportunidad que las fuerzas de Arequipa o del Altiplano operaran sobre las supuestamente desgastadas fuerzas chilenas. Elmore fue despedido por sus compañeros quienes agradecieron sus buenos oficios. El ingeniero peruano cumpliendo su palabra llegó al campamento chileno poco antes de la media noche viendo con dramatismo que los regimientos ya habían emprendido su marcha para el asalto, Elmore traía una nota que le autorizaba decir: “que no obstante la respuesta dada al parlamentario oficial señor Salvo,  no estamos distantes de escuchar proposiciones dignas que puedan hacerse oficialmente, llenando las prescripciones de la guerra y del honor”, esta nota era apócrifa, los jefes  prisioneros después del asalto negaron su autenticidad, al parecer Elmore en un intento por posponer el asalto confeccionó tal documento con ayuda de algún conocido en su permanencia en el Cuartel General peruano.

Valle de Azapa, la flecha indica la ubicación de la Hacienda "Bella Vista"(lugar del campamento chileno)

Al caer las primeras sombras de la noche del día 6 de junio el coronel Lagos da la orden de iniciar los movimientos de los regimientos en pos de los objetivos que se les habían señalado tomar, de  acuerdo al plan de operaciones diseñado para el asalto y toma de Arica. El primer regimiento en ponerse en movimiento  fue el 3º de línea, a las 18:30 este regimiento formó por compañía, se pasó lista en voz baja, al volver de la cuenta los capitanes instruyen a la tropa que so pena de la vida, quedaba prohibido encender fósforos o cualquier artefacto que produjese chispas o luz, y se ordenaba marchar en el más absoluto silencio, la orden de marchar se da sólo a voz sin corneta como era lo habitual, los regimientos tenían instrucciones de detenerse a su paso en la hacienda Bellavista para abastecerse de agua dulce y de ahí continuar para esperar el momento de iniciar el asalto en el sitio que se le había señalado al comandante del regimiento en el último reconocimiento de esa tarde,  el lugar indicado para el 3º de Línea estaba a unos 1.000 metros del fuerte “Ciudadela”, detrás de unas lomas que los protegían de la vista de los vigías del reducto peruano, el lugar es conocido como “Pampa Nueva”, el 3º de Línea llegó al lugar señalado a las 11:00 P.M., se dio descanso a la tropa quedando una compañía de avanzada en calidad de centinela a la espera de las primeras horas de la madrugada para iniciar el ataque..

El 4º de Línea y el regimiento “Buín” aproximadamente media hora mas tarde, como a las 7:00 P.M. iniciaron la misma rutina silenciosa que había efectuado el 3º de Línea, estos dos regimientos deberían marchar unos 800 metros más al sur de la ruta trazada para el 3º de Línea, el 4º de Línea  debería ubicarse también a unos 1.500 mts. antes de los primeros parapetos fuerte del “Este”, llegan al  lugar designado aproximadamente a las 12:15 A.M..

El regimiento de Cazadores a Caballo, quedó en el campamento de Azapa encargado de mantener los fuegos con el objeto de hacer pensar a los peruanos que los regimientos aun se encontraban en ese lugar, estas fuerzas permanecieron como hasta las 12:00 A.M. en ese lugar, ordenándoseles partir  a esa hora al lugar de retaguardia ubicado en los cerros que dan a la costa de la playa “Miller” y playa de los “gringos”,  las instrucciones a este cuerpo era que una vez iniciado el asalto debería moverse al centro de los dos fuertes quedando dentro de lo posible lejos del alcance de tiro de cañón, lugar de ubicación del regimiento “Buín” y del Estado Mayor Divisionario que se había determinado para el momento de inicio de las acciones.

En tanto en el campamento de Chacalluta, el jefe de la 4ª División coronel Barbosa, ordena al regimiento iniciar su avance en pos de su objetivo, a las 3:00 A.M.,  se despertó a la tropa voz a voz, lo mismo se hizo con la lista y la voz de marcha, quedó bajo pena de la vida para quien prendiera fósforos u otro objeto que emitiese luz, se ordenó marchar en el más absoluto silencio, la caminata se hizo por el borde de la playa, a la altura de varado  “Wateree” se ordenó formar en  guerrilla, en dos bloques de cuatro compañías cada uno.

En el campamento de Chacalluta había quedado la banda del “Lautaro” y el 2º escuadrón de carabineros de “Yungay” manteniendo los fuegos del rancho.

De esta forma fueron  distribuidas las fuerzas expedicionarias sobre Arica:

 

v    Comandancia en Jefe División Expedicionaria, Comandante en Jefe, coronel Pedro Lagos Marchant / 27 hombres, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”.

v    Regimiento 4º de Línea,  Comandante, teniente coronel Juan José San Martín / 893 hombres, fuerte del “Este”, parapetos “Morro Gordo”,  explanada de la cima del Morro.

v    Regimiento 3º de Línea, Comandante, teniente coronel Ricardo Castro / 927 hombres, fuerte “Ciudadela”, parapetos “Morro Gordo”,  explanada de la cima del Morro.

v    Regimiento 1º de Línea “Buín”, Comandante, teniente coronel Luis J. Ortíz / 904 hombres, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”.

v    Regimiento “Lautaro”, Comandante, teniente coronel  Eulogio Robles / 837 hombres, campamento Chacalluta,  fuertes del norte, ciudad.

v    Batallón “Bulnes”, Comandante, teniente coronel José Echeverría / 434 hombres, lomas de “Condori”,  ciudad.

v    4 baterías de artillería, Comandante, sargento mayor José Manuel Novoa / 142 hombres, lomas de “Condori”, ciudad.

v    2 escuadrones de “Cazadores a Caballo”, Comandante, capitán Alberto Novoa G. / 434 hombres, retaguardia cerros costero Morro, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”.

v    1er  escuadrón “Carabineros de Yungay”, Comandante, sargento mayor José Francisco  Vargas Pinochet / 237 hombres, campamento “Chacalluta”, valle de Lluta.

Estado Mayor General, Jefe de Estado Mayor, coronel José Velásquez /  46 hombres, campamento “Chacalluta”, retaguardia centro fuertes “Ciudadela” y del “Este”, ciudad.

   

[1] Agustín Belaúnde  era un fanático pierolista arequipeño, a quien se le había otorgado  por su afinidad política con el dictador Piérola y por su  fortuna, rango militar de coronel, poniéndolo al mando del batallón “Cazadores de Piérola”, años más tarde cuando Belaúnde hacía campaña para congresista por Arequipa, fue reconocido por  las placeras de un mercado arequipeño, quienes le lanzaron frutas y verduras en respuesta al indigno actuar que tuvo en la gesta de 1880.

[2] Pacheco Céspedes, “El Cubano” había nacido en Cuba en 1853, desde su temprana juventud tomó parte en la lucha  por la independencia de su país  que libró en contra del dominio español, Pacheco Céspedes conoció en Cuba al peruano Leoncio Prado, hijo este último del presidente de Perú Mariano Ignacio Prado, siendo amigos y compañeros de armas en la revolución cubana. Al declararse la guerra entre Chile y Perú llegó a Lima junto a sus jóvenes amigos Leoncio Prado y José Payán, Pacheco es nombrado Jefe de Bagajes del Ejército de Tarapacá, después de la ocupación de Ilo- Moquegua por los chilenos formó el batallón de voluntarios que llamó “Columna de Sama-Pachia”.

[3] Parte de Guerra del jefe del Estado Mayor General del 1er Ejército del Sur, coronel Manuel C. La Torre, firmado  en Arica el 9 de junio de 1880 a bordo del buque “Limarí”

[4] Roque Sáenz Peña Lahitte, era de nacionalidad argentina, algunos años más tarde llegó a ser presidente de su país producto un golpe de Estado.